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Adiós carpa, hola Mercat

Ayer fue el último día de la carpa del Mercat Central. Cientos de tarraconenses aprovecharon para decir adiós al recinto. Muchos le habían cogido cariño. Otros tenían este día marcado en rojo en el calendario

Carlos Domènech Goñi

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Los paradistas iniciaron ayer el traslado al nuevo edifcio. Otros cerraron definitivamente.  Foto: Lluís Milián

Los paradistas iniciaron ayer el traslado al nuevo edifcio. Otros cerraron definitivamente. Foto: Lluís Milián

Han tenido que pasar diez años para que paradistas y clientes se despidieran de la carpa del Mercat Central, ese recinto ‘provisional’ que ha durado más de lo que todos esperaban. El próximo jueves abrirá el nuevo edificio, por lo que ayer era un día de celebración. Aunque las despedidas suelen ser tristes y dolorosas, la de ayer fue feliz y alegre para casi todos. Algo comprensible teniendo en cuenta el calvario que han vivido los paradistas.

La última hora de la carpa, que cerraba a las dos del mediodía, se vivió con intensidad. Cientos de clientes apuraron al máximo para poder entrar por última vez al recinto. En el interior, muchos paradistas recogían las herramientas de trabajo. La mayoría las trasladarán entre hoy y el miércoles al nuevo Mercat, pero otros se despiden para siempre de la profesión que ha marcado gran parte de su vida.

Para los compradores también fue un día intenso. La adrenalina de los últimos minutos en la carpa se contagiaba entre los presentes. «Espero que quede moderno y bonito», comentaban sobre el nuevo edificio dos de aquellas clientas de toda la vida.

Jordi Arilla, un enamorado del Mercat, aseguraba que «vengo todos los sábados porque aquí paso momentos muy agradables». La hospitalidad y la amabilidad de la gente es algo que le atrae y que espera que se repita en el nuevo emplazamiento. Sin embargo, hecha de menos más oferta en la degustación, porque para él, el Mercat, «puede ser un gran lugar para tomar unos vinos, además de para comprar».

Si había alguien en la carpa con capacidad para valorar el nuevo y el antiguo Mercat era Isabel Amador. «Yo he visto cómo construían el primer edificio, luego cómo nos mudábamos a la carpa, y ahora podré ver el nuevo emplazamiento», aseguraba con una sonrisa de oreja a oreja.

Aunque Isabel expresaba que tiene muchas ganas de ver cómo quedará, confesaba que «ya me había acostumbrado a la carpa. Tanto en invierno como en verano se está muy bien». Como última petición, Isabel pedía entre risas que «los precios de los productos no suban en el nuevo Mercat».

Sentado en uno de los taburetes del bar, Antoni Torres ojeaba el periódico. Es el último que leerá en la carpa. «Diez años después volvemos a la normalidad», expresaba. A Antoni este tiempo no se ha hecho largo, pero está seguro de que a los paradistas sí. «Ellos han sufrido mucho. Ahora ESPIMSA tiene que trabajar para Tarragona», expresaba.

El jueves, diez años después, abrirá el nuevo edificio. Así que todos ya pueden decirle a la carpa: «¡hasta la vista!».

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