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Afiladores centenarios

Josep Álvarez ha reabierto en la calle Colom una cuchillería-paragüería. Él es la cuarta generación de un oficio que inició su familia en la Part Alta en 1914. Ahora quieren aprovechar el auge de la cocina.
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La familia Álvarez (Josep es el segundo por la izquierda) ha reabierto la tienda en la calle Colom. Foto: J.C.

La familia Álvarez (Josep es el segundo por la izquierda) ha reabierto la tienda en la calle Colom. Foto: J.C.

José Álvarez emigró de su Galicia natal a Tarragona hace más de un siglo. Al llegar a la ciudad, abrió una cuchillería–paragüería en el número 9 de la Baixada de la Peixateria. «El hermano de mi bisabuelo vino de Orense, tierra de chispas, que como su nombre indica existe una gran tradición en afilar y reparar objetos cortantes», explica Josep Álvarez.

El negocio de venta y reparación de cuchillos y paraguas, abierto en 1914, pasó a Juan Manuel Álvarez, su sobrino, y éste estuvo al frente del negocio hasta los años 80 del siglo pasado, cuando su hija Francisca Álvarez y su esposo Antonio Guillemat recogieron el testigo.

La cuchillería y paragüería estaba arraigada al comercio de la Part Alta. Pero la transformación urbanística de la Baixada de la Peixateria (y la recuperación del patrimonio romano) obligó a la familia Álvarez a buscarse un nuevo local para seguir desarrollando un oficio que cada vez tenía mayor competencia con la entrada de las ventas al por mayor y las grandes superficies.

A pesar de ello, el negocio encontró en la calle Colom un local en alquiler para seguir afilando los cuchillos y vendiendo paraguas. «El negocio estuvo unos años con las dos tiendas abiertas hasta que cerramos definitivamente la de la Part Alta», explica la familia Álvarez.

La nueva etapa, con la tercera generación de la cuchillería en marcha en el Eixample, tuvo un final inesperado en 2003, cuando por motivos familiares la tienda cerró. Sin embargo, Josep Álvarez, sobrino de Francisca y Antonio, había crecido junto a la piedra de afilar e incluso había sido un buen aprendiz.

Este gusanillo le ha permitido ahora, junto a su pareja Sali Fernández, recuperar un negocio centenario. En el mismo local que su tía abrió puertas en 1980, la cuarta generación de los Álvarez pretenden abrirse camino en un mundo comercial más competitivo.

«Es cierto que la venta de cuchillos y objetos cortantes es amplia y competitiva, pero lo que buscamos aquí es la profesionalidad, la calidad y poder aconsejar en función de las necesidades de los clientes», explica Josep.

De hecho, una de las apuestas para abrir este negocio ha sido el auge de la cocina, tanto en el sector de la restauración como en las casas particulares. «Y una buena cocina requiere de instrumentos fiables para lograr sus propósitos», explica el joven Álvarez.

Detrás del mostrador sigue habiendo la piedra de afilar que su tío Antonio Guillemat le enseñó a utilizar hace ya algunos años. Con ella pretende mantener vivo el negocio y perpetuar la dinastía de los Álvarez en el sector. De momento, la campaña de Navidad es un buen momento para el resurgimiento de este negocio.

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