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Al Amfiteatre de TGN desmonta las ‘pelis’ de Hollywood

Crónica. La lucha de gladiadores siempre despierta pasiones y ayer se convertía en un espacio de lujo para ver a los aviones

Núria Riu

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Los gladiadores a punto de salir a luchar en el Amfiteatre.  FOTO: alfredo gonzález

Los gladiadores a punto de salir a luchar en el Amfiteatre. FOTO: alfredo gonzález

Ni musculosos ni luchaban con largas espadas. La imagen de los gladiadores que nos ha llegado a través de las películas de Hollywood tiene muy poco que ver con las luchas que tuvieron lugar en anfiteatros como el de Tarraco. Así pudieron constatarlo los cientos de espectadores que ayer por la tarde acudían al espectáculo que ofrecía el grupo de recreación histórica Tarraco Lvdvs, que en esta ocasión compartían polvo en la arena con Liberi Minervae, venidos desde Zaragoza. 

El espectáculo no tan solo sirvió para vibrar, o no, con los golpes y embestidas, sino que constituía una oportunidad para conocer el mundo de la gladiatura y lo que había detrás de éste. Es el caso de la figura del lanista, el propietario o gerente de los gladiadores. «Es la persona que hacía el negocio, comprando esclavos, dándoles de comer, entrenándoles y proporcionándoles los médicos para después ganar algún dinero haciendo las apuestas», explicaba la conductora del acto. Para estas personas, cada gladiador era como una pequeña «inversión», así que lo que le interesaba era que sus luchadores pudieran salir por su propio pie del recinto, lo que significaba que no habían muerto y, por tanto, podían seguir generando dinero. Así se rompía un nuevo mito que nos ha llegado a través de las películas: No todos los combates eran a muerte, sino que atrás había el perdón y la honorabilidad hacia los se ganaban el favor de un público que apreciaba la sangre pero también el coraje. Pero éste no fue el caso del lanista de ayer, que se marchó del Amfiteatre de Tarragona pobre y arruinado por la falta de compasión de un público dispuesto a ver golpes y muerte.

Dos murmillos, con escudos y cascos en forma de pez, fueron los encargados de iniciar la lucha. Taurus y Firus se encargaron de despertar al público en los primeros minutos del espectáculo. El segundo ganaba el primer asalto y esto le daba la confianza para seguir liderando un combate en el que finalmente se impuso.

Llegaba la hora de la verdad.  ¿Vita o yúgula? Y aquí se rompía un nuevo mito. Hace más de dos mil años, en los anfiteatros no se levantaba el pulgar hacia arriba o abajo para sentenciar o perdonar la vida a un de estos guerrero. Cuando el público pedía su cabeza movía la mano hacia abajo, indicando como si fueran a clavarle el cuchillo. En el caso contrario, ponían el pulgar hacia adentro y cerraban el puño, para salvarle la vida. Taurus acabó sentenciado en el Amfiteatre.

Pero la lucha seguía. En Roma el espectáculo podía durar días. Ayer fue más corta, aunque no menos intensa. Y mientras los dos primeros gladiadores abandonaban la arena, con el cuerpo entumecido por los golpes, entraban dos nuevos contrincantes dispuestos a continuar. El público se entregó de nuevo con la salida de Celeris, la única luchadora que participó en el acontecimiento. Y es que las mujeres también tomaban parte en este tipo de eventos. En este caso, salió con tan solo una red y un tridente, dos armas que le bastaron para vencer a Quintanus. Sin embargo, cuando la pelea aún seguía su curso aparecían sobre el cielo del Amfiteatre los aviones de la exhibición aérea.

Petrus y Columbus combatieron con el ruido de los motores de fondo y un público que estaba más pendiente de sacar fotos desde este espacio privilegiado, que de lo que pasaba en la arena. Una coincidencia que ponía de manifiesto la apretada agenda de este fin de semana en la ciudad.

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