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Alegría por un duro en Tarragona

Unas 1.200 personas asistieron en la famosa fiesta ‘Cafè, copa i puro per un duro’, ayer por la tarde en la plaza del Rei. El evento se vivió con música y emociones

Rossi Vas

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Muchas caras alegres y reencuentros hubo durante esta fiesta tan deseada. FOTO: Pere Ferré

Muchas caras alegres y reencuentros hubo durante esta fiesta tan deseada. FOTO: Pere Ferré

Montones de personas, caras llenas de alegría y música para animar aún más. Esto fue solo un fragmento de lo que se vivió ayer por la tarde en la plaza del Rei. El motivo de esta impresionante felicidad festiva era la décima edición de ‘Cafè, copa i puro per un duro’, el evento que los amantes de la copa conocen y esperan eufóricos siempre en estas fechas.   

0rganizada por el Ayuntamiento tarraconense, esta actividad tan deseada se realizó en colaboración con los representantes locales de las empresas del licor Chartreuse y el Café Brasilia. De buen humor y volcados al máximo en este momento de vivacidad, ellos contaron acerca de la impaciencia de las gentes que llevaban esperando el inicio desde las 15 horas. «Siempre es así. Muchísima gente y colas para coger el ticket», dijo el responsable, Andrés Andreu. Añadió que los turistas encantados se quieren quedar para siempre cuando lo descubren. Dura alrededor de una hora y media, y vale la pena, según la opinión de los presentes, la mayoría de entre 30 y 50 años de edad. Unas 1.200 personas acudieron al lugar, para disfrutar, rememorar y conversar antes de seguir después con la fiesta de la ciudad.

«Das un duro antiguo y recibes una copa, un café y un purito», contaba la gente en voz alta intentando superar el volumen de la banda musical que complementaba el estado de placer. Algunos incluso se habían comido una paella enorme en las mesas preparadas. Colas diferentes se veían desde lejos, para entregar el duro y para conseguir la consumición anhelada. Los tarraconenses Dani y Yoli vienen cada año, desde la primera edición. Contentos, llevaban en la mano dieciséis tickets. «Es una tradición que se mantiene», relataron estos jóvenes. Otros –amigos de toda la vida– se juntaban siempre en esta fiesta.

“Nuestras mujeres vienen mucho antes, para charlar un rato bajo el sol en la plaza”, dijeron con una sonrisa Alfonso Cárdenas, Juan Villanueva y Antonio Pradas, de unos setenta años. Vienen por el ambiente, para hablar un rato acordándose de los viejos tiempos de la peseta. «Vale la pena mantener esta tradición», dijo una mujer treintañera que venía acompañada por su marido, amigos y familiares. «Si tienes muchos duros, haces muchas veces la cola», añadió contento otro señor mayor.

Antonio, un jubilado de El Vendrell, hace años propuso a sus compañeros de trabajo que le trajeran los duros que tenían guardados. En cambio, les entregaba helados. «Ahora tengo duros para participar muchos años», dijo que otra opción serían también la huchas en casa o los mercadillos.

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