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Alta tensión soberanista en Tarragona en el debate final para el 26M

Saltan chispas. Pau Ricomà (ERC) acusa en Catalunya Ràdio a Dídac Nadal (JxTGN) de priorizar un modelo de expansión de Tarragona en base a los intereses «de un determinado promotor» de la ciudad

Octavi Saumell

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Laia Estrada, Elisa Vedrina, Rubén Viñuales, Josep Fèlix Ballesteros, Pau Ricomà, Dídac Nadal y Carla Aguilar Cunill, durante el debate de ayer. FOTO: Alfredo González

Laia Estrada, Elisa Vedrina, Rubén Viñuales, Josep Fèlix Ballesteros, Pau Ricomà, Dídac Nadal y Carla Aguilar Cunill, durante el debate de ayer. FOTO: Alfredo González

Se rompió la unidad independentista a solo cuatro días para las Municipales. En el último debate antes de los comicios locales del 26 de mayo, Pau Ricomà (ERC) y Dídac Nadal (JxTGN) se enzarzaron en Catalunya Ràdio –contra todo pronóstico– en una agria polémica que pone de relieve las diferencias de fondo –y la mala relación– que mantienen los dos principales candidatos soberanistas de cara a un posible pacto tras las elecciones de este próximo domingo. Los  sondeos, las cuentas pendientes y la caza por el gran número de indecisos que aún hay sin decidir su papeleta hizo subir ayer la tensión en el último gran acto antes de la cita con las urnas de este domingo, especialmente entre republicanos y neoconvergentes.    

Después de varios debates –y ya en el tramo final de una intensa campaña electoral– la chispa saltó en el segundo bloque temático, cuando los moderadores Òscar Fernández y Coia Ballesté pusieron sobre la mesa el modelo de crecimiento de Tarragona. Mientras que ERC rechaza la expansión por Llevant con el polémico proyecto de la Budellera –que inicialmente prevé un nuevo barrio para 20.000 personas que enlace la Vall de l’Arrabassada con Boscos y Cala Romana–, Junts per Tarragona sí que ve con buenos ojos una nueva urbanización por el litoral «que fue redactada, diseñada y aprobada en el POUM por parte de Esquerra Republicana», según recordó el candidato de Carles Puigdemont.    

Sobre ello, Ricomà se mostró favorable a «recoser la ciudad con pequeños planes de mejora» que, a su juicio, «permitirían construir 17.500 viviendas en solares de Torreforta, Campclar, Bonavista o la zona del Port», en unas acciones que considera que «darían una nueva vivienda a unas 50.000 personas», sin necesidad de tirar hacia adelante los crecimientos dibujados en el Plan General vigente por las zonas de Llevant y de Ponent. 

Esquerra fue el eje de   los golpes. Recibió de PSC, Ciutadans y Junts per Tarragona

En este punto fue donde se cruzaron los cables entre republicanos y exconvergentes. «¿Según sus números, en Tarragona tenemos suelo urbano para poder construir 600 edificios nuevos?» criticó Nadal a Ricomà mientras le daba una calculadora. «Haga bien los números. A treinta pisos por inmueble, las cuentas no salen de ninguna manera», le espetó para justificar su postura favorable al nuevo barrio de Llevant previsto en el Pla d’Ordenació Urbanística Municipal (POUM), que fue aprobado inicialmente con los votos de PSC, CiU, PP y ERC. 

Lejos de respetar las formas  que, hasta la fecha, había mantenido con su teórico socio de viaje, Ricomà subió en ese momento la tensión del debate y rebló al candidato de Junts per Tarragona: «Ya sé que le gusta la Budellera. Su modelo de crecimiento es ponerlo en manos de un determinado promotor», afirmó en una clara referencia al empresario José Luis García, quien es el presidente de la junta de compensación que intenta impulsar la ejecución del plan parcial y que, en el pasado, estuvo relacionado con el polémico caso de Terres Cavades. Este caso se archivó en junio de 2011, tras una tramitación que se llevó a cabo durante el mandato del anterior alcalde, Joan Miquel Nadal (CiU), quien precisamente es el padre del ahora candidato de Junts per Tarragona.  

A vueltas con la vivienda social

Precisamente, la vivienda tomó ayer un especial protagonismo en el último gran debate antes de los comicios. Tras enfrentarse con Nadal, Ricomà también se las tuvo con el candidato socialista a la reelección, Josep Fèlix Ballesteros. «¿Cuántas viviendas sociales han hecho a lo largo de los últimos años? Ya le digo yo, cero», le recriminó el candidato republicano al del PSC, quien se indignó. «¿No sabe sumar? En Joan XXIII, junto a los Mossos. Todo ese edificio es de pisos sociales del Ayuntamiento», le reprochó.  

Asimismo, Ballesteros reivindicó que «gracias al POUM, ahora tramitamos unas 700 licencias para construir nuevos pisos. Con esto, solo tenemos vivienda para tres ó cuatro años. Debemos generar nuevo suelo porque, de lo contrario, los jóvenes se irán a poblaciones cercanas como Els Pallaresos o Vila-seca», indicó. 

Otro de los grandes favoritos para ser el más votado este domingo, Rubén Viñuales (Cs), se refirió especialmente al nuevo barrio previsto en Ponent –donde teóricamente debía instalarse IKEA–, del que mostró su OK para que sea una realidad. «No podemos decir a la gente que renunciamos a centenares de pisos protegidos», y envió otro recadito a Pau Ricomà, quien ayer fue el eje de los golpes de PSC, Junts per Tarragona y Ciutadans. «¿Me puede explicar cómo construiría la vivienda social sin generar nuevo suelo?», le preguntó Viñuales. 

Ballesteros reconoce  por primera vez que la inauguración de los Juegos «no fue exitosa» 

Ciutadans apuesta, de hecho, por desarrollar el entorno de la Horta Gran para conectar Ponent con el centro «sin que el Francolí sea un obstáculo», a la vez que reivindica «un plan integral del barrio del Port», como el que se hizo hace una década en la Part Alta. «Debe mejorarse la conexión de los barrios con aparcamientos disuasorios a cuatro euros al día, carriles bici y la transformación en vía urbana de la T-11 y la N-340», aseguró Viñuales. 

En ese momento,  Laia Estrada (CUP), recordó que «en la ciudad tenemos 15.000 viviendas vacías», por lo que exige «usar las herramientas legales que tenemos a nuestro alcance para garantizar el derecho a la vivienda». En este sentido, lamentó que «tenemos una ciudad fragmentada porque al gobierno municipal no le ha interesado coser la periferia». 

En el PP destacó la ausencia por motivos «de última hora» del candidato José Luis Martín, quien fue sustituido por la número ‘2’ de la candidatura, Elisa Vedrina. «Queremos una ciudad abierta al mar y más cohesionada», afirmó la edil de la formación conservadora, quien detalló los planes para invertir 20 millones de euros en los próximos años para «conectar el centro con La Móra; con Ponent, por la T-11; y con el norte hasta Sant Salvador, por la N-240», así como la mejora de la unión «entre la Plaça de la Font y la Plaça dels Carros». 
Por su parte, Carla Aguilar Cunill (En Comú Podem) lamentó que Tarragona «es como un gruyère», en el sentido de que «se quieren construir nuevos barrios mientras tenemos muchos solares vacíos en el centro». Asimismo, recordó que «tenemos barrios donde aún no llega ni el alcantarillado, y otros con problemas de iluminación y falta de mobiliario urbano», por lo que se mostró partidaria de «apostar por estas pequeñas actuaciones», y no por grandes inversiones.  

Más en patrimonio y comercio

La polémica por los Juegos del Mediterráneo tuvo un especial protagonismo. «Organizaron un evento de espaldas a la ciudad, sin contar con el Seguici, las entidades locales ni las colles castelleres. Les faltó sensibilidad», criticó Dídac Nadal (JxTGN), a lo que Ballesteros aseguró que «sí que se les invitó, pero rechazaron participar, por lo que apostamos por una ceremonia mediterránea que no fue exitosa», reconoció el alcalde por primera vez, casi un año después de su finalización. «Contaron con la orquesta Mondragón y la Patrulla de Paracaidistas del Ejército», le recordó Ricomà (ERC), mientras que Estrada exigió al gobierno municipal que «haga públicas las cifras reales», que el alcalde sitúa en un superávit de 140.000 euros. 
Los Juegos derivaron en la apuesta turística. «Hemos pasado de 900.000 a 2,4 millones de visitantes», argumentó el alcalde, a lo que Ricomà (ERC) puntualizó que «tenemos un sector hotelero frágil, que se debe ampliar». Viñuales (Cs) vio aquí su oportunidad para reclamar «una mayor inversión en nuestro patrimonio» para «mejorar sus condiciones, poder ingresar más y ser municipio turístico para poder abrir el comercio los 365 días del año».   

Sobre esta liberalización, Ricomà criticó que «supondría más presión hacia el pequeño comercio», a lo que Viñuales le soltó: ¿No será obligatorio abrir. Además, ya que no sabe nada, le diré que hay las vacaciones y las horas extras», en lo que fue la última polémica entre los dos candidatos con más opciones para dar el sorpasso a Josep Fèlix Ballesteros, quien ayer salió vivo del último gran examen antes del día D. 

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