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Andrés, el nuevo pescadero del Mercat de Torreforta

El próximo lunes abrirá puertas la nueva parada en el equipamiento, que ofrecerá género de primera calidad y de proximidad

CARLA POMEROL

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Andrés Fernández, ayer, ultimando detalles en su nueva parada, ubicada justo delante del bar. FOTO: PERE FERRÉ

Andrés Fernández, ayer, ultimando detalles en su nueva parada, ubicada justo delante del bar. FOTO: PERE FERRÉ

Andrés ultima los detalles en su puesto del Mercat de Torreforta. Andrés se da a conocer entre el resto de paradistas. Y Andrés es la salvación para un mercado que, hace unos meses, se quedaba sin pescadería por la jubilación anticipada de Clàustre Bonachi. El pasado 13 de marzo, el Diari hacía un llamamiento entre la ciudadanía con el objetivo de encontrar un pescadero o pescadera valiente y con ganas de tirar adelante un negocio en el interior del mercado municipal. El deseo ha sido cumplido y Torreforta volverá a tener pescado a partir del próximo lunes.

El protagonista de la historia de hoy es Andrés Fernández, de 47 años y vecino de Reus. Se enteró por el Diari que el Mercat de Torreforta se había quedado sin pescadería y decidió emprender una nueva aventura. De profesión es pescador y actualmente ejerce en Vilanova i La Geltrú. Hace unos años, ya tuvo una experiencia similar detrás del mostrador, y ahora retoma su faceta más comercial con la idea de ofrecer pescado de proximidad, de kilometro cero. «Venderé genero de primera calidad, de los puertos más cercanos», decía ayer Andrés, quien tiene la intención de hacer un poco de pedagogía con los restaurantes de los barrios de Ponent y también del centro de la ciudad. «También tengo pensado hacer entregas a domicilios, para todas aquellas personas con la movilidad reducida, para así facilitarles las cosas», comenta Andrés.

Está previsto que la nueva pescadería del Mercat de Torreforta abra sus puertas el próximo lunes 4 de mayo. Andrés se encargará más de temas de compra y distribución del género, mientras que una dependienta atenderá detrás del mostrador. La nueva pescadería está ubicada justo delante del bar de la Marisol.

Cabe recordar que hace poco más de un mes, la veterana Clàustre Bonachi decidía poner punto y final a su labor de pescadera en el Mercat de Torreforta. Se jubilaba tras 60 años despachando pescado.

Contratos más relajados

Espimsa –la empresa municipal encargada de la gestión de los mercados– decidió hace unos meses flexibilizar y relajar las condiciones para el uso de las paradas del Mercat de Torreforta. El objetivo no era otro que incentivar a los empresarios a abrir un negocio en el equipamiento municipal. Las nuevas medidas han surgido efecto.

En el caso de la pescadería, la duración del contrato es de cinco años prorrogables, con una cesión de uso de un año. En épocas pasadas, el modelo que se utilizaba en estos casos era el de las largas concesiones. Espimsa se dio cuenta de que esta manera de proceder no conseguía llamar la atención de los emprendedores, quienes se veían obligados a comprometerse durante muchos años y a desembolsar una cantidad importante de dinero.

En la búsqueda de nuevos pescaderos, se presentaron un total de dos propuestas. Los interesados entregaron una memoria técnica y una oferta económica. En esta última parte, ambos candidatos quedaron empatados y la balanza se decantó por el lado de Andrés por una mayor puntuación en la valoración técnica del proyecto.

Objetivo a punto de cumplir

«Es absolutamente imprescindible que el Mercat de Torreforta ofrezca todo tipo de productos, desde verdura y fruta hasta carne, pasando por pescado y una fleca. Ahora damos un servicio íntegro, y de una calidad extraordinaria», explica Dídac Nadal, presidente de Espimsa. La empresa y sus responsables se pusieron entre ceja y ceja revitalizar el equipamiento, después de años de decadencia. Lo están consiguiendo. Según Nadal, ya hay dos personas más interesadas en abrir su negocio en el lugar. No ha sido fácil. Algunas de las actuaciones han sido dotar de accesibilidad los lavabos, poner en marcha la biblioteca Pepita Ferrer y abrir las puertas del mercado al barrio. Por fin se empieza a ver la luz al final del túnel.

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