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Ángel Belzunegui: «La política debe contribuir a conseguir la calma social»

Entrevista a Ángel Belzunegui, sociólogo

Xavier Fernández

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Belzunegui está especia-lizado en sociología del cambio social. FOTO: A. GONZÁLEZ

Belzunegui está especia-lizado en sociología del cambio social. FOTO: A. GONZÁLEZ

Ángel Belzunegui es director de la Cátedra de Inclusión Social y profesor titular de sociología de la URV. Es cofundador del Centro de Estudios de los Conflictos Sociales (CECOS) de la URV.

¿Se podrán reconstruir los puentes rotos?¿Hay solución?

Habría que separar lo que es el deseo de lo que yo creo que puede pasar a corto y medio plazo. A largo plazo es muy difícil hacer futurología. Mi deseo es que se reconstruyan los puentes, que haya diálogo por medio y que la sociedad catalana pueda llegar a un equilibrio de entendimientos.

¿Qué cree que pasará?

A corto y a medio plazo mi deseo no se va a cumplir porque se ha llegado a tensionar de tal manera la situación política, social y económica que será muy difícil buscar espacios de encuentro, lugares comunes, porque ahora lo que prima es la política de bloques.

¿Cómo podrían buscarse esos espacios de encuentro?

El camino, ese andar juntos a futuro, deberían liderarlo las instituciones. Pero hoy en día están absolutamente secuestradas por el procesismo.

¿Todas?

Desde hace ya muchísimos años, la mayoría de las instituciones catalanas, no solamente las instituciones del Govern de la Generalitat, sino, por ejemplo, instituciones como la Cambra de Comerç de Barcelona, o como el propio Barça, que no deja de ser una institución, han sido tomadas por el procesismo. Eso es lo que hace que sea absolutamente excluyente y que se profundice y se ahonde más en la fractura social.

¿Las instituciones que usted cita se pueden mantener ajenas a lo que está pasando para mantener su neutralidad? ¿El hecho de callarse ante la realidad social no es otra manera de pronunciarse?

Teniendo en cuenta que la sociedad catalana es plural, que no hay solamente una posición ideológica sobre un hecho social determinado, ¿por qué el Barça o cualquier otra institución como las collas castelleras, por ejemplo, toman partido por una ideología determinada o por una manera de ver las cosas determinada?

¿Es falta de neutralidad defender que unas personas no estén en la cárcel?

Por supuesto. Falta de neutralidad es defender que unas personas no estén en la cárcel como sería defender que lo estén. Imagínate que una institución que representa a una sociedad plural dice que tenían que haber sido juzgados por rebelión y que no, doce años no, que les hubieran metido treinta y cinco años a cada uno. Me parecería fatal también, porque estarían hablando en nombre de una pluralidad que no representan. A eso es a lo que me refiero.

¿Las instituciones deberían ser más responsables, mediar en el conflicto?

Si te quedas sin instituciones que puedan representar a todos, te quedas sin los mediadores porque la gente no se va a poner a consensuar en la calle, porque así no se hace política. Cuando el president de la Generalitat, que es el que tiene que representar a todos los catalanes, a todos, se pone a cortar una autopista ¿de qué estamos hablando?

Hay familias divididas porque igual uno es independentista, el otro es constitucionalista… En estos casos ¿si hay una ruptura por un tema político es que hay un problema de fondo? La familia tiene que estar por encima de la división política.

La fractura social no significa que nos estemos dando de guantazos en la calle sino en dejar de colaborar con este porque es constitucionalista, o porque es independentista, y ya no tratarle de la misma manera o dejar de hablar con mi cuñado o mi cuñada. Toda la vida se ha hablado de política en todos los sitios. El problema aquí no es ese.

¿Cuál es?

Que se ha potenciado una política de banderas. Eso es muy complicado tirarlo después hacia atrás porque las tensiones van a más y lo que hacen las tensiones es reafirmar, equivocadamente o no, lo que uno piensa y, sobre todo, lo que uno piensa del otro. Esto se traslada a la familia, las amistades y el trabajo.

Le insisto. ¿Una relación de pareja, familiar o de amistad no debería ser lo suficientemente fuerte como para seguir estando vinculado a una persona de la que consideras que está equivocada políticamente?

El individuo necesita identificarse a toda costa por la globalización, la incertidumbre, la heterogeneidad, la diversidad… Lo que se está viendo hoy es que por encima de la amistad, por encima de los lazos familiares, están los lazos identitarios. Lo que está pasando en Catalunya es fundamental para entender como muchísima gente ha tomado como bandera la identidad de pertenencia, por encima de otros lazos que eran más tradicionales.

¿Pero esto es problema de la ideología en cuestión, en este caso del constitucionalismo más intransigente o del independentismo radical, o de la persona en cuestión?

La gente está coja de otras cosas y necesita esa identificación. Son dos elementos fundamentales. Primero: una fuerte identificación con el grupo bajo el pretexto de la religión, de la nación, del género, del deporte o de lo que sea. Segundo: dar respuestas absolutamente simples y descontextualizadas a problemas complejos. Eso es el populismo. Y el procesismo catalán no deja de ser populismo.

¿Cómo pueden marcar el futuro de la sociedad los episodios de violencia que vivimos?

No creo que la violencia se sistematice como respuesta en la sociedad catalana. Me preocupan los heridos, por supuesto, pero también cómo volvemos a coser las costuras que se han abierto en la sociedad catalana. E insisto, para mí lo central es volver a una responsabilidad institucional que abandere los consensos que entre todos seamos capaces de tejer.

Usted conoce bien la situación por la que pasó Euskadi. Hay quien las compara.

No se pueden comparar. En Catalunya no hay una violencia física, selectiva. También hay diferencias importantísimas en los procesos nacionalistas. Lo que sí que hay que mirar, tanto en Euskadi como en otras sociedades, es cómo llegaron a tejer esas complicidades para poder superar una situación de conflicto. Hay que buscar los elementos que puedan servir para Catalunya, y hacer un poco de benchmarking social.

La clave es que la política contribuya a la calma social.

Sin ninguna duda. Yo soy de los que piensan que el tipo de políticos y políticas que tenemos modela el tipo de instituciones que tenemos, es decir, las personas que están al frente de instituciones y las propias instituciones son altamente importantes para hacer pedagogía social y pedagogía política. Son importantísimos. Que un político diga algo nos puede parecer baladí, pero puede tener una transcendencia enorme. Acuérdate del famoso tuit de las monedas de plata.

Tampoco contribuyen a la calma social llamamientos a aplicar mano dura, el 155, la Ley de Seguridad Nacional...

Efectivamente. Y por cuestiones estrictamente electoralistas. C’s y PP están llamando a poner en marcha mecanismos que son extremos en situaciones que probablemente todavía no lo requieren. Ahí hay una especie de retroalimentación por las dos partes, porque hay mucha gente que cree que cuanto peor, mejor.

Una lástima.

La mayor responsabilidad recae sobre las instituciones. Todas las instituciones. Las instituciones tienen que ser las que lideren ese consenso social. Y eso hoy en día en Catalunya no se está viendo.

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