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Ante todo una sonrisa

Esta joven de 26 años es un ejemplo de superación. Lejos de ‘rendirse’ por padecer una enfermedad rara, afronta la vida con una contagiosa alegría

Xavier Fernández José

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Esta joven de 26 años es un ejemplo de superación. Lejos de ‘rendirse’ por padecer una enfermedad rara, afronta la vida con una contagiosa alegría

Esta joven de 26 años es un ejemplo de superación. Lejos de ‘rendirse’ por padecer una enfermedad rara, afronta la vida con una contagiosa alegría

Conversar con Ana Megía inyecta a su interlocutor un subidón de optimismo y positividad. No para de sonreír y suelta una carcajada tras otra. Habla de su enfermedad rara, el síndrome de Williams, con total normalidad, como si se tratase de un compañero de viaje un tanto molesto pero que al tiempo le impulsa a superar un reto tras otro. 

Ana es un torrente de palabras. Ante todo de agradecimiento. Ha quedado cuarta en el ránking de la Bona Gent. Incluso estuvo tercera, tras los ‘héroes de Sant Pere i Sant Pau’ y la serrallense Rosa Sans, durante la mitad del periodo de votación. Finalmente ha obtenido 1.843 votos.
«Estoy muy contenta. ¡Jope! No me esperaba todo esto. Fue muy fuerte que el ‘Diari’ me escogiera entre los 30 de la Bona Gent», afirma. Ana  lo comentó a su familia y amigos y lo colgó en su Facebook y su Instagram. La respuesta fue inmediata. 

Su éxito en las redes servirá para visibilizar el síndrome de Williams, sostiene Ana.  «Cuanto más se hable mejor. La gente no es consciente de que existe este trastorno. Lo padece una persona de cada 20.000», dice. A los tres años, Ana, que ahora tiene 26, sufrió un soplo en el corazón. Las personas con Síndrome de Williams padecen problemas digestivos y cardiacos y dificultades en el aprendizaje y no controlan la psicomotricidad fina.

Ana asistió al colegio de las Teresianas. Recuerda aquellos años de una manera agridulce. Abandona por unos momentos su expresión risueña para componer un gesto adusto. Era la«rarita» de clase. «Había momentos malos y otros buenos. Se metían mucho conmigo.A veces llegaba llorando a casa. Son cosas que pasan», relata. Sin embargo, apunta que «me sentía querida por los profesores, que me ayudaron mucho, y por algunos compañeros».

Luego asistió al Institut Vidal i Barraquer. Allí «tampoco me trataron bien. Querían que me fuera de clase porque era un ‘peso pesado’ para ellos, según me dijeron», narra. Dejó el Vidal i Barraquer por el Jaume I, de Salou, donde completó los estudios de Atención a las Personas con Dependencia. Cuando solicitó empleo, más de una empresa se negó a contratarla porque padece un síndrome.

Megía superó todas las dificultades. Rendirse o deprimirse no eran opción. Ahora trabaja en PortAventura. La incompresión de aquellos primeros años «me afectaba mucho, pero no quería venirme abajo. Pensaba que el tiempo pondría a cada uno en su lugar», dice. Cierto. A ella le ha puesto como un ejemplo. Una productora ha rodado un documental, La vida con Williams, sobre su vida. Personas de todo el mundo le escriben para que les explique cómo afronta sus problemas. La Diputació y laFundació Reddis han colaborado económicamente en el documental.

Ana ejerce también de voluntaria con niños con cardiopatía, cada verano acude  a los cursos deEnglish Summer  y sueña ahora con viajar a Londres, para practicar el inglés, y a la India, para visitar a su hermano, Julián, que está trabajando allí.  A la espera de cumplir su ilusión, lanza, a instancias del ‘Diari’, un pequeño consejo  a las personas que tienen problemas: «Que sean valientes y fuertes, que luchen. La vida es una batalla continua».

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