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«Aquí el ‘no se puede’ no existe, esto es la ONCE»

80 años. La Organización Nacional de Ciegos Españoles cumple ocho décadas. Un vendedor, un estudiante y dos directivas hablan de una filosofía que ha cambiado sus vidas

Norián Muñoz

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Manuel Castro, vendedor del cupón. Foto: Pere Ferré

Manuel Castro, vendedor del cupón. Foto: Pere Ferré

Igual que pasaba en otras partes de España, en los años treinta del siglo pasado en Tarragona y, en concreto en la Part Alta, ya existían algunas asociaciones de ciegos. En muchos casos las rifas eran el medio de sustento en un país deprimido social y económicamente. 
Aquellas rifas fueron el germen de la Organización Nacional de Ciegos Españoles ONCE, que nació el 13 de diciembre de 1938, fecha en que el Estado les otorgó la explotación del que llamarían el Cupón. 

Hay talleres de lectura, costura, pintura... Se busca la herramienta que haga falta

Justo esta semana se han cumplido 80 años de aquel hito y para conocer qué es hoy la organización hablamos con Manuel Castro, vendedor en la Avenida Catalunya. Su respuesta parece sacada de un anuncio: «La ONCE soy yo».

Segunda oportunidad
Manuel, que tiene 45 años, argumenta su respuesta. Su vida cambió cuando se fue a hacer el examen médico para renovar el carnet de conducir. No sólo salió sin el certificado, sino con la noticia de que no podría volver a conducir jamás, tenía un problema de visión grave que desconocía.

La noticia bomba, era peor, si cabe, en su caso, teniendo en cuenta que era dueño de una empresa de transporte. «Fue un palo, supuso un cambio de vida radical, vendí la empresa, me vine a Tarragona, tuve que comenzar de cero... Pero, dentro de todo lo malo, el cambio ha sido para mejor», relata.

1.400 personas tienen algún tipo de discapacidad visual en la provincia de Tarragona según cálculos de la entidad. Muchas son mayores.

«Para mí tener un trabajo supone una independencia económica, porque sino estaría metido en mi casa con una pensión. Pero también es mucho más, ahora tengo mis proyectos a corto y a largo plazo. Me estoy comprando mi casa, hago carreras de montaña...» explica.

Rafaela Pérez, vicepresidenta, y Sara Gimeno, presidenta de la ONCE en Tarragona; y Aleix Marcoval, estudiante de la URV. FOTOs: pere ferré

Y aquí no acaban sus inquietudes, ha comenzado a estudiar un Grado de Administración y Dirección de Empresas en la UNED. En esto la participación de la ONCE también ha sido determinante porque le han adaptado el ordenador y le ayudan en todo lo que hace falta para que el material de estudios sea accesible y para que tenga lo que le hace falta cuando tiene que hacer las pruebas presenciales. «Esta es mi segunda casa, son los que me han dado la segunda oportunidad en la vida», reconoce.

Con toda naturalidad
Aleix Marcoval es de La Sènia, tiene 20 años, estudia Educación Social en la Universitat Rovira i Virgili, vive con otros compañeros en un piso de estudiantes, toca la trompeta en la orquesta de la universidad y en la banda del pueblo, desde hace cuatro años también estudia el trombón... Y es ciego de nacimiento.

A lo largo de toda su vida estudiantil Aleix ha contado con el apoyo de la organización. Cuenta que a los tres años comenzó a aprender a leer y a escribir en braille. Sus compañeros (con algunos estaba desde la guardería) asumieron aquella forma suya de escribir como lo más natural del mundo. Durante la semana venía una profesora de la ONCE a la escuela para coordinarse con sus profesores, ver cómo evolucionaba y llevarse los libros y el material para que se lo adaptaran en braille. 

«Aquí la integración es al revés, el 95% de los trabajadores tenemos discapacidad,  y el 5% no»
Sara G.
Presidenta TGN

Ahora en la universidad el uso del ordenador ha facilitado las cosas aunque, advierte, no todas las web son accesibles. Su ordenador tiene un lector de pantalla y él toma los apuntes en Word.

Con sus nuevos compañeros de universidad cuenta que «está muy contento «son gente muy predispuesta». Respecto a los profesores también ha encontrado buena disposición, aunque a algunos les ha costado adaptarse a sus circunstancias «se trata más bien de falta de formación», señala.

Eso sí, como todo joven que se independiza, le toca hacérselo todo en casa. Cuenta que sus padres nunca se han preocupado mucho más allá de lo que se preocupa cualquiera cuyo hijo se va a estudiar fuera de casa. «Me han dado siempre mucha libertad, y se lo agradezco», dice.

Así se ‘cocina’ de la integración
La pregunta es entonces cómo se ayuda a ‘cocinar’, desde la organización, todo ese proceso que termina con Aleix haciendo su vida en Tarragona como un estudiante más.

Sara Gimeno, directora de la organización en Tarragona lo resume: «Aquí, menos conducir, el ‘no se puede’ no existe, esto es la ONCE». 
Cuenta que a las familias de las personas con discapacidad visual les cuesta no sobreprotegerlas, así que la lucha es por darles autonomía.

Relata Rafaela Pérez, vice presidenta del consejo de Tarragona y miembro del grupo de teatro de la entidad, que ella perdió la visión con 40 años. «En ese momento te das cuenta de que mucha de la información la recibes por la vista». Sin embargo reconoce que ha vuelto a hacer muchas cosas que pensó que no recuperaría, como el poder leer. «Yo tengo un lector por voz, pero como me gusta leer por mí misma aprendí el braille».

«Trabajar aquí no sólo me da independencia, me permite tener proyectos. Corro, estudio...»
Manuel C. 
Vendedor

Sara narra como muchas personas que llegan nuevas se sorprenden cuando les cuentan que hacen talleres de lectura, de pintura o de costura. «Hacemos todo lo que está en nuestra mano para que sea posible, con las herramientas que haga falta, desde magnificadores de pantalla, gafas lupa... Mucha gente cuando vuelve a leer, por ejemplo, nos dice que les hemos devuelto la ilusión de vivir».
Calentarse el primer café

Pero antes de cualquier paso, explican, lo primero es conseguir que la persona sea autónoma en su domicilio. Los técnicos evalúan las necesidades de cada uno, su estilo de vida, su entorno familiar. El reto es lidiar con el «no hagas que no puedes», porque, dicen, la sobreprotección de la familia anula.

Cuenta Rafaela que es un privilegio ver cómo evolucionan las personas que llegan nuevas. «Los primeros pasos son muy significativos, cuando sales solo a la calle por primera vez, cuando puedes calentarte tú solo el café... Fíjate si es una tontería lo del café, pues resulta que algo así te puede dar un subidón de autoestima que no veas».

La inclusión al revés
Pasados los primeros momentos, explican, el apoyo para seguir creciendo continúa. Sara lo explica con un ejemplo práctico: hablamos con ella el jueves en plenos preparativos de la fiesta de Santa Lucía y los encargados del catering que despide un olor tentador son una pareja de miembros de la organización, ambos con discapacidad visual y dueños de una cafetería. La ONCE les apoyó para que pudieran montar la empresa y les asesoró para que las instalaciones fueran accesibles. 

“La ONCE me comenzó a adaptar el material cuando tenía tres años, ahora estudio en la URV».
Aleix M. 
Estudiante

Es de las cosas que aquí ya no le llaman la atención de nadie. Gimeno, quien también tiene discapacidad visual, cuenta sonriente que la organización «es una empresa integradora pero al revés. Los que tenemos discapacidad somos el 95% y los que no la tienen son el 5% restante». Un ejemplo, asegura, para el resto de empresas. «La ONCE paga cada mes en España 73 mil nóminas», recuerda Rafaela. 

Puertas afuera, en la ciudad, no obstante, las cosas siguen sin ser fáciles «toca picar mucha piedra», dice Sara. Para muestra un botón: recientemente se han instalado unas pantallas informativas en algunas paradas para ver cuándo pasa el autobús y no se pensó en las personas ciegas. Ahora se está buscando la solución para adaptarlas, pero ellas no se explican cómo nadie pensó en ello antes.

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