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«Aquí estaremos hasta que un juez lo diga»

El ‘Diari’ habla con los tres jóvenes que la madrugada del pasado lunes ocuparon el chalet de Boscos. Los vecinos quieren que se vayan porque se sienten «inseguros»

CARLA POMEROL

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Los tres jóvenes ocupas, ayer, en el comedor del chalet de la calle Oreneta, en Boscos. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Los tres jóvenes ocupas, ayer, en el comedor del chalet de la calle Oreneta, en Boscos. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Tres chicos. De 20, 21 y 23 años. Vecinos de Tarragona, Salou y Cambrils. Se conocieron en la calle, «donde siempre hemos estado», dicen. Prefieren no dar a conocer sus nombres. Ellos son las tres personas que la madrugada del pasado lunes ocuparon el chalet de la calle Oreneta de Boscos. Desde entonces, la urbanización ya no es la misma. Los vecinos no les quieren cerca y están dispuestos a llegar hasta el final. Se sienten inseguros y tienen miedo. Aseguran que los tres ocupas cuentan con antecedentes de robos y de venta de droga.

«Es mentira. Como mucho nos han pillado fumando porros. No somos mala gente, solo pedimos una oportunidad», dice uno de los ocupas. Ayer, el Diari accedió dentro del inmueble ocupado. Los tres jóvenes conviven con un perro. Dos de ellos duermen en colchones, en el suelo del comedor, acompañados de una chimenea que se pone en marcha solo por la noche. El tercero lo hace en una habitación del piso de arriba.

Llegaron al chalet hace unos días, después de que «una gente» les comunicara que la casa estaba vacía. Los jóvenes pagaron una cantidad de dinero por la información. «Las cosas nunca son gratis», asumen los chicos. Los tres protagonistas han vivido una infancia complicada, y llevan detrás dramas familiares importantes. Alguno de ellos, incluso, pasó por centros de menores. Actualmente, ninguno tiene relación con su familia. «Estamos solos», dicen.

Hasta hace unos días vivían en la calle o en casa de «colegas». «Nos gustaría vivir tranquilos, encontrar trabajo, que alguien nos dé una oportunidad», dice uno de ellos. Se sienten mal cuando ven que los vecinos se manifiestan delante de la puerta de la casa que han ocupado, cosa que ha ocurrido en los últimos cuatro días. «Nos ponemos música e intentamos no pensar», explican estos jóvenes, quienes añaden que «nos han cortado la luz y el agua varias veces, y eso sí que es delito». Uno de los chicos relata estos hechos: «Ayer, entramos en el supermercado y la gente nos miraba mal. Cuchicheaban e incluso algunos nos increparon», y añade «es muy triste que, sin haber hecho nada, nos traten así. Nosotros intentamos no contestarles. No queremos que nos tengan miedo, no les vamos a robar, no venimos a hacer daño. Pero también queremos dejarles claro que no nos iremos de aquí hasta que un juez nos lo ordene».

El Ayuntamiento aseguraba hace dos días que los jóvenes habían rechazado la alternativa habitacional que se les había ofrecido. «Que lo expliquen todo. Nos ofrecieron dormir cuatro noches en una pensión de yonkis. ¿Y luego qué? ¿Otra vez en la calle?», se pregunta uno de ellos. Los ocupas se comprometen a irse dl lugar «si nos dan una solución real». Quieren mandar un mensaje a los vecinos: «Si alguno de ellos tiene trabajo para nosotros, que nos ayude porfavor».

La voz de los vecinos

Mientras tanto, los vecinos siguen concentrándose tarde tras tarde a las puertas de la vivienda ocupada. No quieren que la urbanización se convierta en punto de venta de droga. «Hay mucha gente mayor que no se siente segura. Algunas personas ya no salen a correr por la noche», explica un vecino. La principal preocupación del colectivo es que esta ocupación genere una especie de efecto llamada y que cada vez sean más las viviendas ocupadas. Los vecinos están dispuestos a todo para que estos jóvenes acaben yéndose del lugar. Esta mañana, acudirán al pleno municipal para pedir una solución real al Ayuntamiento. «Seguiremos concentrándonos y no descartamos más acciones en los próximos días», dicen. La polémica en la tranquila urbanización de Boscos está servida.

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