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Arreglar el país

Hay políticos en el mercadillo de la Rambla Nova. Peris y Salvador, de ERC, apechugan. Reme lamenta que las ventas bajen por ‘la que están liando’. Arreglarán el país, dicen ellos. No especifican cuál
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Òscar Peris, cabeza de lista de ERC por Tarragona, y el diputado Jordi Salvador, repartiendo folletos por la Rambla Nova.   Foto: Pere Ferré

Òscar Peris, cabeza de lista de ERC por Tarragona, y el diputado Jordi Salvador, repartiendo folletos por la Rambla Nova. Foto: Pere Ferré

Reme, entre la oferta de tres bragas por cinco euros y la bufanda a uno, dice que a ver si arreglan el país. No concreta cuál, pero Òscar Peris y Jordi Salvador prometen que lo van a intentar. Arreglar el país, el que sea, es un deporte topicazo del pueblo y la política, tanto o más como caminar por el mercado buscando el voto. Ojo, ciudadano: el candidato que persigue su apoyo le puede sorprender comprando un pijama en el mercadillo ambulante de la Rambla Nova o el lenguado en el Mercat Central (prometen ir allí un día de estos los de ERC, como si el pueblo, esa entelequia, sólo residiera entre esos pasillos del kilómetro cero).

A Òscar y Jordi, esforzados repartidores de folletos entre los marchantes, les cuesta romper el hielo. Normal, por otra parte, si hay hostilidad, ingratitud ciudadana enquistada. «Va muy mal la cosa. Han bajado mucho las ventas, no se vende nada, por la que están liando los políticos», vuelve Reme. Òscar y Jordi bien podrían ser esos liantes que la señora Reme critica y que han dejado el país hecho unos zorros, bien dispuesto para que sea arreglado, a no ser que la señora Reme, entre la oferta de tres calzoncillos a cinco euros y el chándal a ocho, esté lanzando dardos contra el 155.

Sea un caso u otro, siempre pilla un cargo electo. «Todos los políticos son iguales, tendrían que estar ahorcados», dice uno. Òscar y Jordi ponen cara de circunstancias, pero la calle, así, de sopetón, no es bonita porque no filtra a palmeros ni aduladores y los asesores están lejos. La voz del pueblo golpea, incomoda. Pronto se habla del político que roba, otro tópico, tanto como el político que besa a niños en campaña –otra especie a vigilar estos días–.

Peris rechaza, de momento, comprar el cupón de la Once y Lotería de Navidad, aunque promete hacerlo, no se trata de un boicot. La conversación se anima en el puesto de Reme, donde se le pone cara y voz a ese tanto por ciento de desafección del CIS que ya nos es tan familiar. «¿Este es el alcalde?», pregunta alguien sobre Peris. Pronto los dos republicanos buscan la zona de confort: dos votantes que pasean. «Si no vamos a votar el día 21 nos machacan», dice Salvador sobre Rajoy y el bloque del 155. Se habla de la cortina de la Gürtel, de las astracanadas de Albiol. Por fin están al calorcito del pensamiento afín. Siguen repartiendo trípticos y a veces, en algo de paripé, la respuesta es educada, distante, fría.

Más refugio en un puesto de semillas y plantas. «A Junqueras le han dejado en la cárcel porque saben que arrastra a mucha gente», dice uno, y enciende la charla. Más desapego en otro establecimiento, que se va desmantelando de camisetas y calcetines. «Es normal que vengan al mercado a buscar votos. A mí me da igual. Yo no voto nunca a nadie», dice una comerciante cansada, ajena a todo, harta de tanto ruido mediático. «No se vende nada. La gente está pensando más en gambas que en otra cosa», añade. 

Salvador, que un día antes estuvo a las puertas de Alcalá Meco para recibir a las exconselleras Bassa y Borràs, pasea a Peris por el centro de Tarragona como un candidato todavía en libertad, en plan espécimen raro. Así se lo hace saber a la gente. «Él todavía no está en la cárcel». «Tiempo al tiempo», responde un tendero, rompiendo todos los esquemas.

Luego Peris y Salvador, entre risas, le dan vueltas a la frase, no saben si ofensiva o sólo crítica. La evangelización a pie de calle es más estética que otra cosa. Rara vez se debate, se discute, se convence a alguien de algo. Esta vez ni siquiera ha servido para arreglar de boquilla el país –sea cual sea–, ese deporte nacional, signifique lo que signifique ‘nacional’.

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