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Aumenta la detección de casos de alzhéimer precoz

Las familias han pasado más tiempo juntas y eso ha ayudado a detectar los primeros síntomas de estos enfermos precoces, como por ejemplo sus cambios de conducta

Joan Morales

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Un usuario del Institut Lerín Neurocognitive, ante un ordenador. FOTO: fabián acidres

Un usuario del Institut Lerín Neurocognitive, ante un ordenador. FOTO: fabián acidres

«La Covid-19 ha acelerado los procesos demenciales y, en el caso del alzhéimer precoz, ha contribuido a que afloren más casos. Por una sencilla razón: las familias han pasado más tiempo juntas y ha sido más fácil detectar los primeros síntomas en el enfermo, como sus cambios de conducta». Así de claro resume María Jesús Lerín, directora del Institut Lerín Neurocognitive, de qué manera ha incidido la pandemia en la enfermedad del alzhéimer, hasta el punto de que en los últimos meses se han detectado más casos que afectan a personas menores de 65 años.

No es el caso de Jordi, un reusense de 60 años que tiene alzhéimer, porque a él se lo detectaron ya hace tres años. Pero su testimonio –concretamente el de su hermana Montserrat– sirve para ilustrar y conocer de primera mano lo que supone que esta enfermedad neurodegenerativa se cruce en tu camino cuando aún eres joven.

Jordi supo hace tres años, cuando tan sólo contaba con 57, que tiene una atrofia en la parte derecha del cerebro que, con el tiempo, desembocará en un alzhéimer. «Los primeros signos de alerta los notamos cuando de repente miraba el reloj de la cocina y se hacía un lío con la hora. No era normal», explica su hermana Montserrat, quien reconoce que «cuando nos enteramos de la enfermedad yo me quedé hecha polvo. Él, como tiene un carácter muy positivo, al salir de la consulta me dijo: ‘saldremos adelante’».

Han pasado tres años y Jordi ha empeorado. Cuando le diagnosticaron la enfermedad se fue a vivir con su hermana y su madre, también enferma de alzhéimer, que falleció a los 87 años. Montserrat comenta que «desde el primer día se medica para retrasar el avance de la enfermedad, pero está peor. Se nota, por ejemplo, a la hora de hablar y de construir frases. Él es consciente de la situación en un 85% y, aunque sigue manteniendo el carácter positivo, a veces éste le abandona. Por eso intentamos vivir el presente».

Esta mujer, que sabe lo que es convivir con familiares enfermos de alzhéimer de diferentes edades (su madre lo sufrió entre los 80 y los 87 años, y su hermano tiene ahora 60), remarca las grandes diferencias que hay entre padecer la enfermedad a una edad mayor o más joven. «A una persona joven con alzhéimer su vida se le va al traste», asegura Montserrat, quien añade que «mi madre había tenido tiempo de vivir su vida y de hacer muchas cosas, pero a mi hermano se le acabó todo. La vida laboral, por supuesto, pero también la vida social. En un principio, los amigos estaban ahí, pero con el tiempo se han ido apartando porque no saben cómo tratarlo o gestionar la situación».

Proyecto de vida truncado

El alzhéimer precoz tiene un punto de crueldad que lo diferencia del que se detecta en personas muy mayores. Al aparecer tan joven en la persona, «tanto el proyecto de vida que tienes como tus aptitudes se van al traste, por lo que el enfermo tiene que renunciar a todo», explica Montserrat, quien pone un ejemplo: «Algo tan simple como cambiar la pila de un mando a distancia se ha convertido en complicado para mi hermano. O el hecho de tener que dejar de conducir, que también fue muy duro porque le encantaba».

Montserrat no se encuentra sola en su lucha diaria por ayudar a su hermano Jordi. «He tenido la suerte de cruzarme con la Associació d’Alzheimer de Reus i Baix Camp, donde me he sentido muy apoyada. Creo que fue la hija de Pasqual Maragall la que dijo un día que el alzhéimer es un duelo en vida y está muy bien definido. Por eso el apoyo de la asociación ha sido muy importante para mí. Independientemente del trabajo que hacen con los pacientes, el apoyo que dan a las familias es vital».

Tratamiento más personalizado

El tratamiento que se aplica a los enfermos de alzhéimer precoz difiere del que se ofrece a las personas más mayores. Blanca de la Cruz, neuropsicóloga del Institut Lerín Neurocognitive, detalla que «en el caso de un alzhéimer precoz se adapta el tratamiento a la edad del enfermo y a su forma de vida. Es un tratamiento más personalizado a la edad de la persona, por ejemplo usando las nuevas tecnologías». Además, Blanca de la Cruz destaca que «la gente cada vez tiene más iniciativa y viene antes a visitarnos si ve algún síntoma raro. La población está más sensibilizada. Esta gente joven que tiene alzhéimer es muy práctica y quiere empezar a trabajar lo más rápido posible para intentar frenar la enfermedad y poner soluciones, en muchos casos junto a su pareja».

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