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‘Ayudar a los refugiados es una experiencia muy enriquecedora’

Laura Cárdaba ha pasado nueve días en un campamento de Grecia colaborando con familias que huyen de la guerra

Esther Garrido

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La tarraconense Laura Cárdaba ante un grupo de voluntarios y refugiados. Foto: Cedida

La tarraconense Laura Cárdaba ante un grupo de voluntarios y refugiados. Foto: Cedida

Laura Cárdaba tiene 20 años, estudia para ser profesora, canta junto a su padre en la orquesta  Jamaika Band y es voluntaria en InterEuropean Human Aid Association (IHA). Estuvo en Grecia trabajando con refugiados 9 días. Fue allí casi obligada, porque desde su interior «era algo importante, como si lo necesitara», declara emocionada. Algunas amigas suyas ya habían estado en el campo de refugiados, y gracias a un chico que vive allí Cárdaba se unió a la organización. Uno de los lugares donde trabajaba era una nave industrial gigantesca donde estaba toda la ropa que la gente había donado. Allí tenían que empaquetarla y organizarla por familias. Otra de sus tareas en el campo de Sinatex era trabajar junto al ‘Team Banana’, el cual se encargaba de ir a recoger plátanos y repartirlos entre las familias refugiadas. Laura también compartió muchos momentos con niños, junto a los que cantaba y bailaba. 

Los voluntarios también estuvieron en pisos de familias reubicadas, donde se facilita la organización y se les proporciona comida. Algunos de los refugiados con los que Laura tuvo trato ya han tenido entrevistas y los permisos necesarios para marchar a otros países europeos, como Alemania, pero la voluntaria recuerda que han de tener paciencia porque «no se sabe si tardarán en irse dos meses o medio año». Todo depende de la burocracia de cada caso y destino.

‘Era terrible oír sus relatos, saber cómo habían perdido a sus mejores amigos por las bombas’

Un recuerdo muy bonito de Laura  es de los refugiados que ya viven en pisos, trabajando de voluntarios como ella, facilitando muchas veces la comunicación. Según Laura Cárdaba , la experiencia en Grecia fue «brutal» y ha vivido cosas «muy buenas». Ha comprobado cómo personas viviendo en una habitación de madera dentro de una nave industrial conservaban la sonrisa, pero sobre todo se encuentra conmocionada por las historias que le contaban: cómo de pronto moría un mejor amigo, cómo aparecía una familia entera en otra casa corriendo y buscando refugio o cómo caían las bombas junto a los hogares. Laura describe su experiencia como muy «enriquecedora», cosa que la hace sentir bien consigo misma.  

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