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"Bailar es nuestra vida, nos están ahogando"

Alumnos y profesores de escuelas de danza han tomado la Avinguda Roma para clamar contra el cierre de sus centros

Norian Muñoz

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Un niño sostiene una pancarta que defiende que: «El baile es importante», otra adolescente enarbola una que dice: «Bailar es vida, mi vida» y una mujer de mediana edad lleva una que reza: «Necesito bailar».

Ha pasado esta la mañana en la Avinguda de Roma, donde se han reunido profesores y alumnos (con sus familias) de escuelas privadas de danza de diferentes puntos de la demarcación. El motivo: protestar contra las medidas del Prociat que, indican que, a partir del lunes, deberán seguir cerradas.

El tramo de la avenida que da a la Plaça Imperial Tarraco se ha convertido, por un momento, en una gran clase de danza al aire libre en la que han participado, vestidos de negro, unos trescientos alumnos de escuelas de Tarragona, Reus, l’Espluga de Francolí, Montblanc, Salou y Alcover entre otros. La protesta, además, se replicaba a la misma hora en Barcelona, Girona y Lleida.

En la manifestación participaron alumnos de distintas edades.

Esta coreografía-protesta, quería denunciar la situación en que se encuentran muchas escuelas de danza privadas que, desde finales de octubre, no pueden hacer clases presenciales. 

Jessica Estadella, directora de la escuela de danza EDC, de l’Espluga de Francolí, y portavoz del Col·lectiu de Professors i Centres Privats de Dansa de Catalunya (CPCPDC) en la provincia de Tarragona explica que las últimas medidas del Procicat no han tratado a todas las escuelas por igual, ya que solo las que están certificadas por el Departament d’Educació podrán abrir, a partir del lunes, de manera semipresencial, es decir, con hasta seis alumnos por clase.

Pero Estadella reclama que esto  deja fuera a la gran mayoría de centros, ya que si en Catalunya hay 700 escuelas privadas, las autorizadas son apenas 64. En el caso de su academia, por ejemplo, aunque ella tiene los títulos académicos que pide Educació para la acreditación, no cumple con los requisitos arquitectónicos y poder cambiarlos resultaría en una inversión inasumible.

Estos últimos meses, explica, han sido la estacada para muchas escuelas que ya no volverán a abrir. Durante la lectura del manifiesto recordaban que, pese a estar cerradas, «seguimos pagando impuestos, cuotas, alquileres, trabajadores y proveedores».

Entre las reivindicaciones de los manifestantes estaba poder abrir inmediatamente, contar con «ayudas dignas y directas para el sector», la revisión y regulación de los estudios de danza y también la dimisión del conseller de educación, Josep Bargalló por su desempeño en la situación.

Carreras en juego

Reclaman, además, que con este cierre se deja desatendidos a muchos alumnos que quieren hacer un camino profesional en la danza y que en estas escuelas tienen su primer escalón. Miriam Valero, bailarina profesional que acompañaba a un grupo de jóvenes que aspiran a hacer la carrera de danza ponía un ejemplo: «Es como si a un niño dejaras de llevarlo dos años a la escuela pero luego le dijeras que tiene que pasar de curso igual».

Los jóvenes, por su parte, explicaban que «hacer clases a través de una internet no es igual; en casa no tienes el espacio y, sobre todo, no tienes a los compañeros. Psicológicamente es duro, cuesta mantener la motivación... Sin contar con el riesgo de lesiones».

Estadella defiende, además, que la danza es una forma de educar en valores y un recurso muy valioso para cuidar la salud tanto física como mental.

Una joven deposita flores en un ataúd que simboliza la muerte de la danza.
Una joven deposita flores ante un ataúd que simboliza la muerte de la danza.

La protesta ha acabado con una coreografía conjunta y con los participantes colocando flores y mensajes  frente a una urna que representaba a las escuelas de danza. Una de las jóvenes ha depositado un papelito que rezaba: «La danza me hace brillar».

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