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Ballesteros: «Haré una oposición leal y contundente a Ricomà»

Entrevista a Josep Fèlix Ballesteros, alcalde de Tarragona desde 2007 hasta hoy. «Consenso en los grandes temas». «No jugaré a desestabilizar al alcalde, espero que se dedique a construir. Cuatro años son muy largos y la gobernabilidad será difícil. Nuestra puerta estará abierta» 

Octavi Saumell

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Josep Fèlix Ballesteros, ayer al mediodía, en el que ha sido su despacho de Alcaldia durante los últimos doce años. FOTO: Pere Ferré

Josep Fèlix Ballesteros, ayer al mediodía, en el que ha sido su despacho de Alcaldia durante los últimos doce años. FOTO: Pere Ferré

Este sábado deja de ser alcalde. ¿Qué sensación tiene?

Ha sido un orgullo. Estoy a disposición de la ciudad. Por ejemplo, prometí al Nàstic Genuine que me haría voluntario. Y lo haré.    

¿Se hace a la idea del cambio?

Sí. Este es un trabajo con un contrato para cuatro años. En 2011 ya estuvo a punto de pasar. Estoy preparado, feliz y orgulloso. Seguiré haciendo lo mismo: bajaré el Aigua de Sant Magí, iré al mismo sitio de vacaciones...  

¿Con qué se queda?

Con el cariño de la gente. Ha sido brutal, inimaginable más allá del barroerisme de algunos.  

Es el primer alcalde de Tarragona desde 1979 que opta a la reelección que no repite. 
Me voy con la satisfacción de no haber perdido nunca las elecciones, pero así es la democracia.  

¿Tan mal lo ha hecho para que cuatro partidos pacten para investir al segundo?

Es difícil sustentar un gobierno solo por un pacto anti alguien. 

En Barcelona, el PSC apoya el pacto anti Ernest Maragall. 

A mí ni me han dado la posibilidad de dialogar. A él, sí. 

¿No ha hablado con nadie?

Con todo el mundo que he podido, excepto con Pau Ricomà. 

¿No se han llegado ni a reunir?

No. Dijimos que lo haríamos, pero no ha podido ser. La sensación es que todo estaba decidido con los Comuns. Solo hace falta ver una foto de Joan Tardà en la Plaça de la Font antes de la campaña.  

¿Qué consejo daría a Ricomà?

Le deseo lo mejor y que se dedique a construir, no solo a criticar y destruir. Tampoco sabemos qué es lo que deparará el próximo mandato. 

¿Descarta hablar dentro de un tiempo con Ricomà sobre gobernabilidad?

No. Nuestra puerta estará abierta. Cuatro años son muy largos. Yo no jugaré a desestabilizar a Ricomà, pero este gobierno será difícilmente estable.  

¿Qué le parece?

Si son moderados y de orden me parecerá muy bien. El movimiento se demuestra andando. Ya veremos la diferencia entre el discurso y la realidad. 

El nuevo alcalde no asegura ahora que ponga la pancarta de los presos en el balcón. 
Y espere. Tendremos sorpresas.

¿Por ejemplo?

No creo que frenen el plan parcial donde iba IKEA, que por cierto tiene la licencia comercial porque se la dio la Generalitat. No tendrán dinero para poder pagar tantas indemnizaciones. 

¿Frenarán la Budellera?

Si lo hacen provocarán un encarecimiento del precio de la vivienda y harán que la gente se vaya de la ciudad. Entonces sí que pediré responsabilidades. 

¿El caso Milà perjudicó el crecimiento por Llevant?

No existe tal caso. Solo hubo una votación que el secretario no avisó al concejal que no hiciera. Reiniciamos la tramitación.  

Begoña Floria está imputada por Inipro, el coaching... ¿Esto ha influido en la imagen del gobierno?

No. Nadie me ha hablado de estos temas en campaña.  

¿Ricomà es alcalde porque se ha votado en clave nacional?

Es evidente. Las Europeas hicieron que el independentismo tuviera un 6% más de apoyos por la participación, sobre todo en el centro y Llevant. Sin Europeas habríamos ganado seguro. Yo me he centrado en Tarragona, sin ser anti independentista.     

Pactó con el PP en el momento más intenso del Procés. 

Pero no fue un pacto anti independentista, sino de ciudad. A mí me han visto votar no menos de seis veces a favor de que los presos puedan salir de la prisión provisional.   

¿Ha ido a ver a alguno?

No. Ya están pasando una situación familiar demasiado complicada como para que yo los use políticamente.   

¿A quién iría a ver?

A Josep Rull. Tengo muy buena relación con él.  

¿Cambiaría algo del 1 de octubre?

Sí, explicar mejor lo que hice. 

¿Qué pasó ese día?

Me salió del alma hacer lo que me tocaba hacer, que fue intentar minimizar los riesgos desde el despacho. No tuve ni la habilidad ni la intuición de otros alcaldes que salieron a la calle. Fue un error.   

¿Le ha perjudicado para poder negociar con ERC y Comuns?

Es posible que en algunos sectores, sí. 

¿Volvería a pactar con el PP?

Repetiría cualquier pacto que estabilice la ciudad. Aquí hemos aprobado cada año presupuestos bajando el endeudamiento. 

¿De qué es de lo que se siente más orgulloso de estos años?

Que tengamos una ciudad mejor vertebrada, con la Rambla de Ponent o las escaleras mecánicas. Hemos resuelto temas como la comisaría de la Urbana, la EOI, el POUM, la Plaza de Cuba de Sant Pere i Sant Pau... Esto sí, nos quedan los que dependen de ERC.    
¿Por ejemplo?

La Ciutat de la Justícia, la Ciutat de Repòs, la antigua prisión, la Casablanca, el Palau d’Esports... 

¿ERC gestionará sometida a la Generalitat?

No tienen ninguna influencia, como se muestra con sus temas pendientes.

¿Qué tipo de oposición hará?

Respetaré siempre la figura del alcalde Ricomà. No tendrá ni una crítica personal por mi parte. Seré leal y colaborador. Queremos ayudar a tirar hacia adelante los grandes proyectos de ciudad, siempre desde la contundencia y la fiscalización.  

¿Están en peligro los grandes proyectos de ciudad?

Sí. El Banco de España, el POUM, la Tabacalera...  

¿Estará los cuatro años?

Sí, seguro. Si hubiera perdido por un voto me hubiera ido el día siguiente, pero es que he sido el más votado. Xavier Trias o Albiol han sido alcaldes y después han estado en la oposición.  

Y Albiol ahora puede volver a ser alcalde. En las próximas elecciones usted tendrá 63 años. Maragall tiene 76, Carmena, 75... ¿Podría presentarse?

¡No! Cuando acabe, me vuelvo a la ONCE. Lo tengo clarísimo.  

¿Fue un error presentarse?

No. Me lo pidió mucha gente.

¿Qué han hecho mal?

No dedicarnos más a la micropolítica en el último mandato. Priorizamos el Mercat y los Juegos. 

¿Cuál es su legado?

El Mercat. Escribiré un libro. Me encontré solo una carpa sin proyecto. ¡Sufrimos muchísimo por las obras y por la financiación!  

¿Se centraron demasiado en IKEA y olvidaron el pequeño comercio?

No. Dedicamos la mayor inversión pública al Mercat: 47 millones. Ahora es la locomotora para la transformación del centro. Éste y la Tabacalera eran nuestros grandes proyectos para ahora.  

¿Se han dicho muchas mentiras sobre el Mercat?

Sí, muchas barbaridades. Decían que sería mi tumba, mi Jaume I, que arruinaríamos al comercio del entorno... La realidad ha puesto a todos en evidencia, a los que han dicho tonterías.

El Jaume I no se ha podido resolver en doce años. 

Está en manos de la justicia. 

¿El Ayuntamiento ha obstaculizado la investigación?

Otra mentira. Hicimos una auditoría contable municipal con expertos independientes que se envió al fiscal. Lo pasaron al juzgado y nos dijeron que no tocáramos nada. Echamos al gerente, no nos gastamos ni un euro más... Es un desastre que todo vaya tan lento.  

¿Inipro ha sido determinante?

No, para nada. 

¿Dimitirá si llega a juicio oral?

Cuando me desimputen haré una rueda de prensa que será recordada. 

¿Qué diría?

Lo que pienso sobre todos los que dicen tonterías y lo han usado de manera carronyaire, como la CUP. 

¿Con los Juegos también ha habido política carronyaire?

Sí, especialmente por la presencia del Rey por parte de un sector independentista. 
Esquerra le acusó de querer privatizar la gestión del Anillo Mediterráneo de Campclar. 
Ricomà hizo política de fake news con lo de Santa Gadea. Solo presentaron una oferta que estudiamos y descartamos. Nada más. 

¿La ciudad que deja este mediodía es mejor que la que se encontró en 2007?

Sí, mucho mejor. Tenemos 350 millones de euros invertidos y hemos recuperado la mirada al mar. 

¿Qué asignatura pendiente le ha quedado de estos doce años?

La modernización administrativa. Falta agilidad, todo es muy lento y complicado. Hemos puesto las bases, pero no hemos podido hacer la reforma necesaria. Hay mucha burocracia, sindicatos... 

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como un buen alcalde, muy tarragoní y honesto. 

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