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Banco de España: 18 años de maratón de obstáculos

Desde 2003 se ha anunciado que albergaría oficinas, un centro turístico o el Museu de la Química.. Ahora, el ‘Banc de la Ciència’ debe esperar a tener financiación 

Octavi Saumell

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El edificio del 101 de la Rambla Nova tuvo actividad entre 1929 y 2003. FOTO: Alfredo González

El edificio del 101 de la Rambla Nova tuvo actividad entre 1929 y 2003. FOTO: Alfredo González

El número 101 de la Rambla Nova, el antiguo Banco de España, cumplirá el próximo 31 de diciembre la mayoría de edad como inmueble abandonado. La integración de la entidad en el sistema europeo de bancos centrales, a raíz de la puesta en marcha del euro, provocó que el organismo estatal cerrara sus puertas al final de 2003, tras siete décadas y media de actividad en el edificio neoclásico construido en 1928, obra de Joan de Zavala i Lafora.  

Están a punto de «celebrarse», pues, los 18 años de abandono del céntrico espacio, que cuenta con una superficie de 3.700 metros cuadrados, planta soterrada  y tres niveles de altura. Durante estas casi dos décadas, la «lucha» por encontrarle un uso se ha convertido en una constante carrera de obstáculos que parece no tener un final a corto plazo. 

Los primeros metros de la maratón los recorrió el exalcalde Joan Miquel Nadal (CiU), quien durante su último mandato intentó acordar un permuta con la Sociedad Estatal de Gestión Inmobiliaria de Patrimonia, SA (Segipsa) para situar allí un centro cultural que incluía una biblioteca-hemeroteca. En ese momento, el Gobierno Central liderado por José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) se cerró en banda: su voluntad era poner allí dependencias del Estado. 

Mezquita, Museu del Nàstic...
Pese a la negativa del ejecutivo central, en 2006 se inició el debate sobre el uso que podría tener el inmueble tras una moción aprobada en el Saló de Plens para instar a recuperar la titularidad municipal. Entonces aparecieron las ocurrencias, como la de la campaña de las Municipales de 2007, cuando Lluís Balart (ICV) propuso que fuera una mezquita. 

Con Josep Fèlix Ballesteros (PSC) se retomaron las negociaciones con el Estado, que derivaron en el acuerdo de permuta que se firmó en marzo de 2010, de forma que el Consistorio dio al Estado un solar de Joan XXIII a cambio de tener el Banco de España. En ese momento se colgó la pancarta del Ja és nostre, a la vez que se anunció –con Sergi de los Rios (ERC) como concejal de Turisme– que el recinto acogería un centro de interpretación turística, financiado en gran parte por los Fondos ZP. Pese a ello, la idea no tuvo apoyo estatal y, a raíz de la crisis económica, en octubre de 2011 –con Patricia Antón (PSC) como edil– se paralizó un proyecto que estuvo tres años guardado en un cajón. 
Fue en 2014 cuando el alcalde socialista puso sobre la mesa por primera vez la implicación del sector químico, presentando el Museu de la Química, una propuesta que no cuajó... Y en 2016 Ciutadans –liderado por el ahora socialista Rubén Viñuales– propuso en el pleno ubicar el Museu del Nàstic. Nadie le apoyó.     

El punto de inflexión se dio en 2018, momento en el que parecía que se llegaba a la recta final de la maratón de obstáculos cuando Ayuntamiento, URV, ICIQ, IPHES, ICAC y IISPV presentaron en sociedad el Rambla Science, un espacio de divulgación de la ciencia valorado en 4,9 millones. La meta ya se antojaba a escasos metros cuando, además, en junio de 2019 la Unión Europea otorgó dos millones mediante los Fondos Feder. La cuadratura del círculo parecía hecha... hasta el anuncio de esta semana del Consistorio de que el ahora Banc de la Ciència tendrá un sobrecoste del 50% –pasando de 4,9 a 7,2 millones– para «garantizar su seguridad». Esto provoca que todo haya vuelto a quedar paralizado sine die hasta cerrar su financiación. El enésimo obstáculo. ¿El último?    

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