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Batacazo histórico de la natalidad en Tarragona

Los nacimientos cayeron en Tarragona un 24% en enero, nueve meses después del encierro, en un batacazo sin precedentes que puede agravar la crisis demográfica

Raúl Cosano

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En enero, nueve meses después del estricto confinamiento domiciliario, los nacimientos se desplomaron en Tarragona un 24%. Europa Press

En enero, nueve meses después del estricto confinamiento domiciliario, los nacimientos se desplomaron en Tarragona un 24%. Europa Press

La zozobra y la preocupación durante el confinamiento vencieron al tiempo libre. Lejos queda la leyenda, a estas alturas casi paródica, de que a un apagón de la luz le seguirá a los nueve meses la llegada de un bebé. Ya ha pasado ese tiempo después de aquel encierro y no hay ni baby boom ni nada que se le parezca. Más bien es al contrario. «Pensar en que iba a haber más nacimientos no tiene ni pies ni cabeza. Es algo que se dijo pero sin ninguna base», explica Àngel Belzunegui, doctor y profesor de Sociología en la URV. Los primeros datos de natalidad muestran el gran impacto de la pandemia. En enero, nueve meses después del estricto confinamiento domiciliario, los nacimientos se desplomaron en Tarragona un 24%, un batacazo inédito e histórico. Ya el año pasado acabó con un descenso de la natalidad del 8% y la previsión es que la tendencia se prolongue prácticamente durante todo 2021.

Evolución mensual de los nacimientos en Tarragona (2019-2021)

Una reducción así de marcada no tiene precedentes recientes y no hace más que empeorar una demografía que venía acusando la bajada de natalidad. Los ERTE, el paro, las reducciones de jornada, la emergencia humanitaria y, en esencia, el hundimiento económico que todavía persiste forman un caldo de cultivo nada propicio para que las familias tengan descendencia. «Esta situación nos muestra sociológicamente que la población ha resultado muy impactada en todos los aspectos, con la economía como afectación importante, a la que siempre está muy ligada la natalidad», añade Belzunegui, sorprendido por la rapidez de los efectos que muestra esta estadística temprana. «Estamos ante algo puntual, que será pasajero, pero que está muy ligado a las expectativas personales marcadas por lo que estamos viviendo. Es muy interesante ver un efecto tan rápido. Normalmente los fenómenos demográficos son muy lentos y las consecuencias de una catástrofe importante se ven más a lo largo del tiempo. En índices como la mortalidad se percibe antes, y también en la natalidad, pero en este caso se ha notado más rápido todavía de lo que es habitual», reconoce el profesor de la URV.

«Desde hace décadas los nacimientos están planificados y relacionados con el contexto económico»
Pau Miret. Profesor de arte y humanidades en la UOC

Como tantos otros barómetros, también la recuperación de los nacimientos irá vinculada a la superación de la pandemia en general y, en concreto, a cuestiones clave como el avance en la vacunación. Ni los meses posteriores al confinamiento primaveral de 2020 ni los actuales, marcados por las sucesivas venidas de las olas del virus, desembocarán en más nacimientos, por lo que es probable que los alumbramientos sigan a la baja durante todo este año. «Volveremos a registros estándar una vez la gente tenga la certeza, más que la esperanza, de que la situación está controlada y la cuestión económica se estabiliza. Otra cosa es que ahora salga una nueva variante que haga empeorar la situación en lugar de controlarla, pero en un escenario más o menos probable, si se alcanza la inmunidad de rebaño hacia finales de año la recuperación de la natalidad no se produzca hasta 2022», dice Belzunegui.

Efecto péndulo

Así, el virus comportará un socavón desde el punto de vista poblacional que quizás no tenga, a largo plazo, un mayor recorrido. «La natalidad tenderá a recuperarse, pero en los niveles que teníamos antes, que ya eran bajos. El hecho de que haya bajado de forma tan espectacular será una pequeña recesión dentro de la evolución. Puede ser que haya un efecto péndulo y que en poco tiempo el equilibrio poblacional se recupere, pero dentro del mismo desequilibrio del que venimos», cuenta Belzunegui, aludiendo a esa dinámica en la que Tarragona está instalada de partos en retroceso, muertes en aumento y consolidación del crecimiento vegetativo negativo. Así, en Tarragona, los 430 nacimientos registrados en enero según la estadística experimental del INE, se quedan muy lejos de los 569 de 2019 o de los 565 de 2020, antes de que estallara la pandemia. Se trata de un descenso más brusco que el que registra el global de España (-20%) y también algo mayor que el de la media catalana (-23,6%). Similares bajadas se han producido en países del entorno.

Curiosamente, ese 24% de descenso es el mismo porcentaje que el exceso de mortalidad notificado por el INE en enero en Tarragona, según otra de sus estadísticas experimentales puestas en marcha durante esta pandemia. Igualmente contundente es la comparación absoluta: 430 nacimientos frente a 1.035 fallecimientos en ese primer mes del año o, lo que es lo mismo, por cada persona nacida han muerto dos, una proporción aciaga que hay que tomar, eso sí, como puntual, pues se circunscribe al golpeo más directo de la pandemia, además en un mes de enero que tradicionalmente suele acumular más defunciones.

Crecimiento vegetativo negativo

Más balances de un 2020 totalmente atípico, vapuleado por el embate impetuoso de la Covid-19: los 6.056 nacimientos en las comarcas tarraconenses se quedan muy por debajo de los 8.217 decesos, una diferencia de 2.161. En 2019, el INE registró 6.586 alumbramientos y 7.022 muertes, un desfase de 436, un dato cinco veces menor, pese a que el crecimiento vegetativo negativo –es decir, muere más gente de la que nace– ya abría su brecha desde hacía algunos años.

«Es interesante ver un efecto tan rápido, lo que nos muestra que la población resultó muy impactada»
Àngel Belzunegui. Doctor y profesor de Sociología en la URV

Pau Miret, profesor colaborador de los estudios de arte y humanidades de la UOC e investigador del Centre d’Estudis Demogràfics, desmiente la creencia de ese eventual baby boom que podría haber provocado el confinamiento: «Hace mucho tiempo que la natalidad se planifica y se programa. Es un mito que la reproducción y el sexo vayan de la mano, porque tener hijos es ahora algo planificado». Miret cree que la bajada de los partos «era esperada», porque «la mayoría de los nacimientos previstos para comienzos de 2021 se desplanificaron».

Impacto más acotado

Miret, como Àngel Bezunegui en la URV, señala la misma clave: «Desde hace décadas los nacimientos están relacionados con el contexto económico» y pone un ejemplo reciente: «De 1997 a 2008 se dio un aumento continuado, porque las condiciones económicas iban mejorando». Ahora, después del impacto del coronavirus, aventura un bajón «más acotado en el tiempo» y una posterior resurrección, pero siempre ligera y dentro de los baremos reducidos que existen actualmente en una natalidad bajo mínimos.

En cualquier caso, la mejora de la tendencia siempre quedará supeditada «a una vacunación masiva que permita una cierta recuperación a partir de 2022». «Será algo muy puntual. Se recuperarán aquellos nacimientos que no se han producido, igual que pasó con la Guerra Civil, pero no irá más allá», añade Pau Miret. El investigador considera que esta coyuntura tan delicada terminará de agravar la crisis demográfica actual, que no es más que una continuación del punto de inflexión que supuso el año 2008 y el inicio de la recesión financiera con el estallido de la burbuja inmobiliaria. La pandemia ha explotado justo cuando la economía parecía estabilizarse, pero solo en algunos ámbitos. «Los datos del paro habían mejorado en los últimos años pero el mercado laboral seguía lastrado por la temporalidad y la precariedad, y en esas condiciones tener hijos es mucho más díficil. La recuperación no había llegado a la población joven, lo veíamos en la emancipación, por ejemplo, y sin que eso suceda no se puede plantear un aumento de la natalidad. La estabilidad es fundamental para ello», cuenta el profesor de la UOC. Otros dos condicionantes estrictamente laborales subyacerán bajo una cierta reactivación futura de los partos. «Va a ser clave lo que suceda con el turismo y también una cuestión como qué pasará con los ERTE. Si se convierten en definitivos y empiezan a engrosar el paro, todo se complicará aún más», zanja Miret.

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