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Boccia, la superación hecha deporte en La Pobla de Mafumet

El campeonato catalán de este deporte adaptado parecido a la petanca deja escenas y emociones impagables

Norián Muñoz

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Un momento del campeonato de Catalunya que tuvo lugar ayer en el pabellón municipal de La Pobla de Mafumet. FOTO: Pere Ferré

Un momento del campeonato de Catalunya que tuvo lugar ayer en el pabellón municipal de La Pobla de Mafumet. FOTO: Pere Ferré

Piense en Rafael Nadal tirándose a la tierra batida después de ganar un partido muy disputado. Pues esa misma emoción, sino más, era la que transmitía esta tarde de sábado la sonrisa pletórica de Ruben Coch, un joven con parálisis cerebral de Tarragona.

Acababa de ganar el partido de Boccia que le daba derecho a permanecer en la División de Honor, la máxima categoría individual de este deporte paralímpico.

Ocurrió ayer en La Pobla de Mafumet, que por la mañana se convirtió en el escenario del Campeonato de Catalunya de Boccia.

Era la primera vez que un evento de esta categoría se celebra en la demarcación de Tarragona, como recordaba David Borràs, responsable deportivo del equipo CEPACET-DOW (La Muntanyeta), quien agradecía la colaboración del Ayuntamiento de La Pobla de Mafumet y de Dow para poder acoger el evento. «Siempre nos tocaba a nosotros levantarnos a las seis de la mañana ir a Barcelona... Nos entusiasmaba por fin jugar aquí, que se de a conocer el deporte», apuntaba Borràs.

Primo hermano de la petanca

Gloria Tarrida,  secretaria técnica de la Federació Esportiva Catalana de Paralítics Cerebrals, se prestaba a hacernos un cursillo acelerado de Boccia.

Lo primero a entender sobre las normas del juego es que es una especie de adaptación del popular juego de la petanca y que, con sus variaciones, ya se jugaba en la antigua Roma.

Para jugar hay una bola blanca que es el objetivo o diana. Luego cada jugador debe tirar, en un tiempo determinado, sus seis bolas (rojas o azules) en un total de cuatro rondas. Se puede jugar por parejas o equipos, aunque ayer los 21 competidores de siete clubs de diferentes puntos de Catalunya que acudieron al evento competían de manera individual.

Se utilizan cuatro clasificaciones (BC1, BC2, BC3 y BC4) en función del grado de autonomía de los jugadores. Así pues, al no entendido le llama la atención ver competir entre sí mujeres y hombres y personas de diferentes edades. 

FOTO: Pere Ferré

En el caso de Rubén juega en la categoría BC3. Su padre, Enric Coch, que hace las veces de auxiliar, se convierte en sus manos. A él le dice exactamente dónde colocar la canaleta por donde tirará la bola. Enric, como todos los auxiliares, se mantiene de espaldas al juego, por lo que desconoce la trayectoria que debería seguir la bola.

Un flexo y una pala de cocina

En el caso de Ruben empuja la bola con un artilugio casero que ha fabricado su padre con un casco de patinaje, el flexo de una lámpara y una pala de cocina «de los chinos».

El otro compañero de equipo CEPACET-DOW que ayer competía, Adrià Abadia, tiene un artilugio que acaba en un palo selfie. En el caso de Adrià, aunque luchó hasta el último momento,  no le fue posible permanecer en la división de honor, donde competía por primer año, pero su entrenador sabe que le quedan muchos años por delante para seguir mejorando.

La atención en el pabellón de La Pobla era máxima, aunque en algún momento hubo que pedir más silencio al público, algo inaudito, explica David Borràs porque, en general casi nunca se ve tanta animación en las gradas como ayer.

También contaron con la colaboración de entidades de La Pobla, de los voluntarios de los Juegos Mediterráneos Tarragona 2018 y del Club Petanca.

Y así, en ese silencio, transcurrió el partido de Ruben, que tiene 30 años y juega a esto desde que tenía quince. En la contienda, disputadísima, consiguió ganar con la última bola, con la que sí se escuchó un rumor de alivio y alegría que recorrió la grada.

Su padre cuenta que para Ruben es un gran aliciente este deporte «es muy competitivo y se enfada, bueno, nos enfadamos los dos, cuando las cosas no salen bien», reconocía.

Y es que, viendo las partidas de ayer, palabras como esfuerzo, honor, superación, cobraban cuerpo. Eso sí, siempre con una deportividad a prueba de nervios.

Jaume Sariol director del complejo Dow en Tarragona, reconocía que justamente esos valores del deporte eran los que habían impulsado a la empresa a apoyar a este equipo con el que colabora desde hace cinco años. De hecho ayer los voluntarios de Dow eran los encargados de asistir a los jueces con los marcadores de las pruebas.

Finalmente, el comentario de un joven espectador en la grada demostraban que el objetivo de traer el campeonato a La Pobla se había cumplido: «Qué emocionante es esto, nunca me lo habría imaginado», reconocía.

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