Bonifacio cumple un año

Este vecino de La Pobla de Montornès deja atrás las secuelas tras seis meses ingresado, dos en la UCI. Ya ha recuperado la autonomía

Raúl Cosano

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Bonifacio Rubio (71 años), en La Pobla de Montornès.   FOTO: DT

Bonifacio Rubio (71 años), en La Pobla de Montornès. FOTO: DT

Bonifacio Rubio ya ha vuelto a hacer una vida casi normal. Es autónomo, sale a caminar, pasea por el pueblo y hace las tareas del hogar. «Me quedan secuelas pero me he recuperado mucho. De cómo estaba a cómo estoy ahora… es un milagro. Yo contaba con reponerme un poco solamente», dice este vecino de 71 años de La Pobla de Montornès.

Estos días se cumple un año de su contagio, en plena segunda ola, en el otoño de 2020. «Siento que acabo de cumplir un año. Estuve a punto de morir, así que estoy contento porque he avanzado mucho», cuenta. A Bonifacio el virus le impactó de gravedad, en buena parte porque había tenido en el pasado afecciones respiratorias. Hace más de 30 años tuvo que ser operado de un pulmón.

El 1 de noviembre ingresó en la UCI y al día siguiente fue intubado. Allí pasó casi dos meses, en estado muy grave, debatiéndose entre la vida y la muerte, hasta el 28 de diciembre. Despertó, tuvo un breve paso por planta hasta que quedó hospitalizado en el Sociosanitari Llevant, y ahí comenzó una larga estancia, marcada por la rehabilitación hasta que en abril, por fin, regresó a casa. En total, seis meses ingresado por las heridas del SARS-CoV-2, dos de ellos en intensivos.

«Puedo caminar solo»

«He recobrado parte de la movilidad. Puedo andar solo pero lo hago siempre con muleta, por seguridad y confianza. Me levanto, me hago el desayuno, voy al bar de mi hijo, e incluso alguna vez le puedo ayudar un poco, por la tarde doy paseos por el pueblo, hago cosas de casa… Me quedan secuelas que quizás estén para siempre. La mano izquierda la utilizo muy poco y no puedo volver a conducir, pero no tengo interés, porque hago mi vida en el pueblo», relata. Él, muy conocido en este municipio del Tarragonès, donde regentó un bar más de 30 años, recibe el cariño de sus vecinos, que le felicitan por sus avances.

Los servicios de rehabilitación han sido fundamentales. Bonifacio llegó a casa con extrema fragilidad, con mucha atrofia muscular por tanto tiempo en cama. Durante meses, trabajó con fisioterapeutas o masajistas a domicilio para ir mejorando. «Bonifacio ya no hace tratamientos, simplemente sigue con los controles. El progreso ha sido muy importante y estamos satisfechos. Baja las escaleras sin ayuda, se ha solucionado en buena parte la parálisis que tenía, se lo hace todo él, incluso le ayuda a su hijo alguna vez a poner cafés», narra Núria Serra, coordinadora de fisioterapia en la Xarxa Santa Tecla, y una de las personas que le atendía a domicilio. Ahora el trabajo ha ido bajando, a raíz de la menor afectación en enfermos vulnerables: «Estamos más tranquilos. El perfil del paciente ha cambiado. Ya no es aquel abuelo frágil, con varias patologías, que caía enfermo muy grave y luego necesitaba mucho tiempo de recuperación. Sí tenemos algún paciente joven de postUCI, de unos 40 años. En estos casos el proceso de volver a una vida normal es más rápido».

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