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Brecha entre el centro de TGN y Ponent en el final de la vacunación masiva

La campaña de inmunización al por mayor acaba con diferencias de hasta 11 puntos entre zonas de Tarragona como Torreforta y Llevant

Raúl Cosano

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Enfermeras preparan dosis de Pfizer en el Palau d’Esports de la Anella de Campclar.  Foto: Pere Ferré

Enfermeras preparan dosis de Pfizer en el Palau d’Esports de la Anella de Campclar. Foto: Pere Ferré

La etapa de vacunación masiva contra la Covid-19 ha finalizado sin que se hayan podido corregir algunas brechas en porcentajes de cobertura en ciertas zonas, que se han ido arrastrando en los últimos meses. Ahora, una campaña más selectiva y focalizada intentará seguir cubriendo esos déficits en algunas franjas y lugares, mientras los grandes puntos de vacunación, con el Palau d’Esports de Campclar como referencia, reducen su capacidad ante el bajón de dosis puestas desde agosto.

Las diferencias de cobertura no son alarmantes, aunque sí se notan ciertos desequilibrios en función de los distritos en Tarragona. En la capital, se percibe un menor balance vacunal entre los barrios periféricos de Ponent y el centro o las urbanizaciones de Llevant. En Tarragona, la zona que más avanzada está en los pinchazos es el área básica llamada Casc Antic, un gran distrito que incluye ámbitos como la Vall de l’Arrabassada, Via Augusta o el Barri dels Músics, urbanizaciones como Boscos, Entrepins o Ferran, o una población como El Catllar. Ahí hay un 77,4% de primeras dosis y un 70,5% de segundas. En el otro extremo está el punto más rezagado, el área de La Granja-Torreforta, que engloba a barrios de Ponent como Campclar y La Floresta: un 68,2% de primeras dosis –nueve puntos menos de diferencia– y un 59,7% de segundas –casi 11 puntos menos–.

Pero esas descompensaciones no se acaban ahí. Todos los distritos céntricos tienen coberturas más amplias que la periferia. El espacio que abarca desde la Imperial Tarraco hasta el Parc Francolí, englobando vías como la Rambla Lluís Companys o la Plaça de les Corts Catalanes, supera el 77%, y en similar porcentaje están los barrios que dependen del CAP Muralles –ahí se etiquetan Rambla Nova, Rambla Vella, Part Alta o Avinguda Catalunya–. También Sant Pere i Sant Pau o Jaume I van por delante de otras zonas del extrarradio municipal como Sant Salvador o Bonavista-La Canonja.

No es fácil saber los motivos que están detrás de estas ratios algo inferiores. Sí se sabe que no se trata de un rechazo que tenga un componente ideológico de antivacunas. Ese tipo de motivación es marginal. Salut está emprendiendo ahora una campaña más a pie de calle para salvar estas diferencias. El objetivo es identificar esas áreas básicas donde hay unos niveles algo inferiores de primeras dosis y empezar a desplegar todo un trabajo de campo y comunitario. «Queremos ver cuál es la motivación de la gente que no se está vacunando en esos sitios, ver si hay una dificultad que tiene que ver con la brecha digital o es más un problema cultural. Queremos acercarnos a esas franjas de edad», explica Conrad Casas, subdirector de Salut Pública en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre. «A veces en una cuestión de desconocimiento o también del daño que puedan hacer las ‘fake news’, introduciendo según qué miedos. También hay una percepción del riesgo que varía y que es menor en ciertos colectivos jóvenes, que creen que si se contagian la enfermedad tendrá un efecto banal o no tienen ganas de encontrarse mal un día o dos si se ponen la vacuna», añade Casas.

El recelo en la inmigración

La menor protección en según qué zonas puede estar relacionada con la inmigración. Salut ha detectado algunos recelos en colectivos inmigrantes, no por un credo negacionista, sino por un temor a aproximarse a la administración, sobre todo entre aquellos perfiles que puedan estar en una situación irregular. «A través de llamadas o de interlocución directa, se hacen trabajos comunitarios con líderes vecinales para localizar a la gente más reticente. Es algo que se ha trabajado bastante en las Terres de l’Ebre. Hemos ido a mezquitas y hemos intentado romper los falsos mitos. Se trata de hablar con los líderes de la comunidad para acabar con esos recelos. Es un trabajo de hormiguita, porque requiere tiempo y mucho contacto, reuniones», aclara Casas.

Hay que tener en cuenta que el balance de las dosis administradas es muy positivo, aunque insuficiente para alcanzar una inmunidad de rebaño que la variante Delta ha elevado al 85 o al 90%, porcentajes elevadísimos.

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