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Buscando rastros de tortuga boba

Medioambiente. Una noche de transecto por las playas del Miracle y la Arrabassada con voluntarios del nido de ‘caretta caretta’

CRISTINA ARTACHO

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Un grupo de voluntarios prepara un transecto en el nido de tortuga boba del Miracle.  FOTO: FERRAN AGUILAR

Un grupo de voluntarios prepara un transecto en el nido de tortuga boba del Miracle. FOTO: FERRAN AGUILAR

Son las 22 horas de la noche y en el nido de tortuga caretta caretta de la Platja del Miracle empieza una formación para voluntarios. El instructor, Txiqui, pide a los participantes «algo raro». «Sacad el móvil», dice. Inmediatamente después, explica que es necesario informar al Centre de Recuperació d’Animals Marins de Catalunya (CRAM) cada vez que se hace un transecto. Pero, ¿qué es un transecto?, pensará más de uno, y pensé yo, para qué engañarnos. En este caso, es un trayecto por la playa con el objetivo de detectar rastros de tortuga boba.

Antes de emprender la ruta, desde la Platja del Miracle hasta la Arrabassada, Txiqui hace una pequeña explicación. «Los transectos son de lo más importante que tienen que hacer los voluntarios ahora, porque ya ha pasado la máxima alerta de puesta de huevos de tortuga, que se da entre junio y julio». Sigue explicando que en el momento en que estamos es posible que «encontremos tortugas pequeñas, nidos de los que no se sabía su existencia o alguna tortuga que se haya retrasado en la puesta de huevos». En todo caso, si se ve algo, el primer paso es llamar al 112. Txiqui detalla la explicación, y concreta en qué punto de la playa situarse cuando se hace un transecto. Si es por la noche, como ahora, hay que ponerse a unos 10 metros de donde rompen las olas. ¿Por qué? Las tortugas salen a poner huevos a esta hora, y si caminamos a ras de mar, las veríamos demasiado tarde, y probablemente las asustaríamos.

Empieza el trayecto, y de un momento a otro, todos empiezan a cubrir los hoyos de arena de la playa. Sí, los que cavan los niños. La razón recae en facilitar el camino al mar a las pequeñas tortugas, que si se encontraran con un socavón, caerían y morirían. Es imprescindible hacer su camino lo más fácil posible, puesto que ya de por só solo una de cada 100 tortugas sobrevive al primer año de vida.

Otro de los datos que llama la atención de los voluntarios es que «las tortugas se sienten atraídas por los puntos de luz», explica Txiqui. En el caso del Miracle, con el paseo lleno de farolas, preocupa que al salir del nido se vayan en dirección contraria. «Es muy peligroso que vayan para atrás, porque ya sabéis qué hay en las rocas de esta playa», dice Txiqui, refiriéndose a las ratas.

Cuando llegamos al final de la playa Arrabassada, es hora de volver. Llevamos un rato caminando, hace muchísimo calor y las piernas lo empiezan a notar. Escucho a Txiqui hablar con una de las voluntarias sobre las olimpiadas, y me es imposible no añadirme a la conversación. Me sorprendo cuando la voluntaria explica que participó en los juegos de Atenas 2004, compitiendo en 20km marcha.

Con el toque de queda acechando, el transecto llega a su fin, no sin una última explicación de Txiqui recalcando cuán importante es lo que hemos hecho. Me voy a casa feliz. No sé si algún día me ofreceré para ser voluntaria, pero tengo claro que a partir de ahora valoraré el trabajo que hacen, su importancia, y, sobre todo, el positivismo contagioso con el que lo llevan a cabo. Fue imposible no empatizar con su pasión y sus ganas de aportar algo a la sociedad y al medioambiente.

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