Cada tarraconense pierde 950 euros por la inflación

El alza de los precios golpea el poder adquisitivo de los trabajadores. El IPC sube un 5,8% en Tarragona y los salarios un 1,13%, cinco veces menos. Los sindicatos, muy preocupados

Raúl Cosano

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Aglomeraciones en el centro de Reus, durante estos días.  Foto: Fabián Acidres

Aglomeraciones en el centro de Reus, durante estos días. Foto: Fabián Acidres

Usted verá las terrazas llenas y las tiendas con aglomeraciones en estas fiestas. Tendrá la impresión de que la rueda económica gira. Y, en efecto, es así, pero solo en parte. «Se está dando un cambio de preferencias del consumidor. Estamos viendo un efecto rebote. La Navidad no tiene por qué ir mal, es una moderada recuperación. Pero, más allá de eso, hay gente que está renunciando a tomar decisiones de consumo muy gravosas y prefiere algo más inmediato», explica Juan Gallardo, economista del gabinete de estudios de la Cepta. 

Esas escenas, las ganas de consumir tras lo peor de la pandemia, son perfectamente compatibles con lo que subyace: una pérdida de poder adquisitivo que golpea a la capacidad de compra del consumidor por la elevada inflación. La subida de los precios, que ha alcanzado en Tarragona el 5,8% en octubre, récord en tres décadas, contrasta con el escaso incremento que reflejan los convenios colectivos de los salarios: apenas un 1,13% en la provincia. 

Desfase entre inflación y sueldos
Un desfase que supone que los asalariados tarraconenses acumulen ya una pérdida de alrededor 950 euros este año. Si partimos de un sueldo medio declarado en la provincia de 20.399 euros brutos anuales, según el último balance de la Agencia Tributaria, la subida del 1,13% apenas suponen 230 euros en el global del año. Es una pequeña proporción frente a los 1.183 euros que deberían incrementarse los salarios para igualar la inflación, que firma un ascenso galopante que aún no se ha detenido. 

Los sueldos bajo convenio subieron en las comarcas tarraconenses durante octubre un 1,13%, menos que en septiembre (1,15%), según datos extraídos de la estadística de negociación colectiva del Ministerio de Trabajo y Economía Social. 

Son dinámicas que, tarde o temprano, van a repercutir en su bolsillo, si no lo están haciendo ya. «La principal evidencia de que estamos en un proceso inflacionario es el incremento de los precios energéticos. Se ve en la electricidad y en el precio de los combustibles. Eso afecta directamente a las cadenas de producción y del transporte», añade Gallardo, que habla de una «situación sumamente complicada de la que ya veremos cómo salimos, porque lo vamos a notar muy directamente». 

Todo es más caro que hace un año: la luz ha subido más de un 51% en Tarragona y el transporte casi un 18%, señales de inestabilidad. «Hay un miedo creciente por la situación económica y por la propia evolución de la pandemia», indica Gallardo. 

La coyuntura llega precisamente cuando el ahorro de las familias vuelve a máximos históricos en Tarragona. Los últimos datos del Banco de España indican que los depósitos financieros de los tarraconenses alcanzan los 13.344 millones de euros, un 9,5% más que en marzo de 2020, antes de que estallara la pandemia (12.176 millones). «Hay un ahorro provocado por la percepción de que es necesario no consumir en exceso. Luego hay una parte del consumo que se está dispuesto a realizar y otro que, como no se realiza, no se destina a otra cosa, sino que se guarda», explica Gallardo. 

El dilema de gastar o ahorrar
He aquí un ejemplo: alguien que quiere desembolsar una cantidad de dinero en viajar pero no lo hace por miedo. Ahí se abren dos opciones: la posibilidad de sustituirlo por un acto de consumo (‘me compro un reloj caro, doy la entrada de un coche’) o estar dispuesto a esperarse, apostando por un ahorro temporal, en un aplazamiento de la decisión de consumo. «Hay gente que no acomete el acto de consumo y no quiere sustituirlo por otro. Está habiendo mucho de eso, y de ahí el ahorro, pero eso no significa que no se vea impactado por la pérdida de poder adquisitivo», tercia Gallardo, que pone otros ejemplos: «Hay joyerías en una cierta bonanza porque hay gente que ha practicado un consumo sustitutivo. Otro sector esplendoroso es el de la cirugía estética». 

Es por eso que la inflación y toda la recuperación en general navegan entre una mejora clara del empleo y el frenazo en algunos ámbitos. «Hay una renuncia generalizada a consumir bienes de carácter duradero y de elevado precio. Los coches, por ejemplo, se están vendiendo muy mal, y no solo por la escasez de los microchips. En cambio, vas a un restaurante y está a reventar. Hay sectores a los que les está yendo muy bien por cambios de ciclo y a otros relativamente mal, como el automóvil, los electrodomésticos, el menaje o los viajes. El sector de bienes duraderos no está yendo tan bien», añade Gallardo. 

Mercedes Teruel, directora de la Càtedra per al Foment de la Innovació Empresarial de la URV, avisa en ese misma línea a medio plazo: «Hay una recuperación en marcha pero esto va a provocar una disminución y un freno del gasto, se harán determinadas actuaciones para restringir el consumo». 

Inquietud en aumento
Los sindicatos muestran su inquietud por la situación. «Partimos del lastre de esa contratación tan precaria que existe desde hace muchos años, de forma que tenemos a pobres que están trabajando, pero lo más preocupante son los desvíos del IPC», asume Joan Llort, secretario general de UGT en Tarragona. «Muchos trabajadores que no tienen convenio del sector sufren una inflación todavía más alta. En los nuevos convenios, como mínimo, intentamos negociar unos aumentos a partir del 2 o el 3%, que se puedan igualar un poco al IPC para no perder tanto poder adquisitivo», añade Llort, que denuncia que en los últimos 15 años ha habido una pérdida de la capacidad económica de entre el 15 y el 20%, por todos esos desequilibrios: «Intentamos incluir cláusulas de revisiones salariales retroactivas para recuperar los diferenciales con el IPC». 

Mercè Puig, secretaria general de CCOO en Tarragona, tilda la situación de «preocupante» y añade: «Creemos que los salarios son básicos para que la clase trabajadora pueda tener una vida relativamente tranquila, sin sufrir por las subidas constantes de la luz». Puig dice que «lo máximo que podemos negociar es un 2%, que queda lejos de las subidas de más de un 5% de la inflación». «Vendrán más impuestos –sigue la líder sindical–, y son necesarios, pero no podemos tener los salarios recortados» y reclama herramientas: «Siempre vamos a parar a lo mismo, a la reforma laboral, que nos corta la potencia que podríamos tener en la negociación colectiva. Si las patronales no ven la necesidad que hay de subir los salarios, vamos hacia un empobrecimiento». 

Los salarios pactados en convenio subieron de media en España un 1,55% hasta octubre, por encima de lo registrado durante el mes anterior (+1,46%). Este incremento se sitúa por debajo de las directrices establecidas en el Acuerdo Interconfederal para el Empleo y Negociación Colectiva (AENC) 2018-2020. El pacto planteaba subidas del entorno del 2% más un punto porcentual ligado a conceptos como la productividad, los resultados y el absentismo laboral. Este AENC, vigente hasta el año pasado, se encuentra a la espera de que los sindicatos y la patronal decidan renovarlo.

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