Cada tarraconense tira al WC 1,8 kilos de toallitas al año

Ematsa destinó 150.000 euros el año pasado a sacar los restos de estos productos del sistema de alcantarillado. El 80% de los atascos en comunidades se deben a su acumulación

Norian Muñoz

Whatsapp
Imagen de la madeja de toallitas que llegan a la depuradora. FOTO: Fabián Acidres

Imagen de la madeja de toallitas que llegan a la depuradora. FOTO: Fabián Acidres

Una comunidad de vecinos de siete plantas lleva dos días sin poder tirar de la cadena. Primero fue un atasco entre la segunda y la primera; luego, otro entre la primera y la planta baja. Después de romper paredes para poder dar con el problema y tras tener varias horas inundada la entrada del edificio, el veredicto de la empresa de desatascos contratada por el seguro es claro: las culpables fueron las toallitas húmedas.

A los pocos días aparece un cartel en la entrada pidiendo encarecidamente a los vecinos que no tiraran ‘ningún’ tipo de toallitas húmedas al váter. El operario de la empresa de desatascos, sin embargo, no es optimista: «Volverá a pasar», vaticina.
El caso de este edificio de la zona de Joan XXIII no es aislado. Fabián Huguet, Presidente del Col·legi d’Administradors de Finques de Tarragona, calcula que el 80% de los problemas de atascos que se producen en los edificios de viviendas se debe a que los vecinos desechan las toallitas húmedas por el váter. «Es un problema muy grave. Se advierte en las reuniones de comunidad, se ponen carteles, pero, lamentablemente, vuelva a pasar», reconoce.

Aumenta el trabajo

Las empresas de desatascos están de acuerdo. Desde que comenzaron a comercializarse para otros usos que no son exclusivamente la higiene de los bebés, las toallitas han incrementado sustancialmente su trabajo. «Aunque la gente siempre ha confundido la taza del baño es una papelera y también te encuentras compresas, tampones y bastoncillos», explica un operario.

El encargado de Lialpa, una de las empresas consultadas, explica que las toallitas forman una madeja que se va quedando en las arquetas hasta que no deja circular nada. «No son biodegradables, aunque lo diga la etiqueta», asegura.

Una madeja imposible

Pero más allá de lo que cuestan a las comunidades de vecinos y a las compañías de seguros, los siniestros que causa el que se ha dado en llamar ‘el monstruo de las toallitas’, hay otro coste compartido por los tarraconenses: lo que cuesta sacarlas del sistema de aguas residuales. El director de la depuradora de Ematsa, Ivan Fraga, explica que el problema, en lugar de mejorar, ha ido empeorando con los años. 

Una vez que superan las tuberías domésticas, las toallitas siguen su camino a lo largo de los 275 kilómetros de recorrido que tienen los colectores de la ciudad. El siguiente problema se suele ocasionar en las estaciones de bombeo, donde las toallitas llegan gracias a la gravedad.

Toallitas acumuladas a la orilla del río Francolí, en las inmediaciones de un aliviadero. FOTO: N.M.

A diferencia del papel higiénico, explica Fraga, las toallitas están formadas por fibras que no se disuelven, sino que, al contrario, son capaces de entretejerse unas con otras creando una enorme madeja que daña las estaciones.

En la playa y en el parque

Pero este no es el único problema. Como se encuentran en el sistema, cuando llueve crecen las posibilidades de que los colectores se desborden y por los rebozaderos salgan, por igual, el agua que las toallitas. 

Para ejemplo, de cómo llegan al medio ambiente basta con fijarse de la imagen más arriba, tomada junto a un rebozadero en el Parc del Francolí, a la orilla del río. Aunque cuesta distinguirlo, todo lo blanco en las imágenes son restos de toallitas más o menos degradadas.

La imagen se repite incluso en la playa. En los acantilados de la zona del antiguo preventorio de La Savinosa lo que de lejos parece espuma de mar en realidad son montones de toallitas enredadas en las rocas.

254.000 toneladas

Si no pasa nada en el camino desde el váter de casa hasta la depuradora, lo habitual es que las toallitas lleguen intactas hasta esta última. De hecho, el año pasado se retiraron 254.000 toneladas de toallitas del sistema, lo que equivale a que cada uno de los 140.800 habitantes de la ciudad desechara por el inodoro 1,8 kilogramos de este material.

El coste de retirar estos productos del sistema fue de unos 150.000 euros el año pasado, explica Fraga. Basta con ver los enormes contenedores donde van a parar los materiales sólidos que llegan a la depuradora, ubicada en el Port, para darse cuenta de que, fuera de elementos como hojas de árboles, bastoncillos de las orejas o algún tapón de plástico, la inmensa mayoría de lo que se saca es una gigantesca madeja de toallitas.

Con todo, Tarragona se está librando, de momento, de situaciones más graves, como la vivida en  Valencia, donde hubo un tapón de tres kilómetros en el colector norte. La Asociación Española de Abastecimientos de Aguas y Saneamiento (AEAS) calcula que el gasto por daños al alcantarillado en todo el Estado fue de 120 millones de euros el año pasado.

Temas

Comentarios

Lea También