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Caen en picado las capturas de pescado azul en TGN

El motivo, a parte de la parada por la Covid-19, es la poca cantidad que se encuentra en el mar. El sector sospecha que la causa es el gran número de atunes que hay en la actualidad

CARLA POMEROL

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La planta envasadora de pescado azul. FOTO: ALBA MARINÉ

La planta envasadora de pescado azul. FOTO: ALBA MARINÉ

Primero, fue el temporal Glòria, después la veda de dos meses y, finalmente, la parada obligada por la llegada de la pandemia. Si a todo ello, le sumas la poca cantidad de pescado que hay en el litoral tarraconense, el resultado es nefasto. El sector del Peix Blau en Tarragona está en las últimas. Los pescadores piden medidas y ayudas urgentes para paliar una situación que, cada vez, ven más complicada. «Las capturas han caído un 70% en cuestión de un año. Estamos muy mal», asegura Agustí Rillo, presidente de la Associació del Peix Blau de Tarragona.

El problema viene de lejos. Hace años que los pescadores piden un estudio que determine qué ocurre en la costa tarraconense. El boquerón y la sardina que se captura es de un tamaño demasiado pequeño para poder comercializarlo, lo que ha provocado grandes perdidas para los empresarios pesqueros. Fueron muchos los que optaron por tirar la toalla y desguazar la embarcación. Habían quedado arruinados.

En los dos últimos años –2018 y 2019–, la situación había mejorado considerablemente. «Parecía que veíamos un poco la luz y las capturas eran mejores», recuerda Rillo. El sector del cerco paró a finales de diciembre y volvió a la mar a mediados de febrero. Una veda que servía para que las especies marinas se reprodujeran. Cuando apenas llevaban un mes trabajando, llegó la Covid-19, lo que obligó a parte de la flota a amarrar las embarcaciones por no cumplir con las medidas de seguridad necesarias.

La normalidad en la Confraria de Pescadors llegó a finales de mayo y, contra todo pronóstico, las capturas empezaban a caer en picado. «Pensar que, en comparación con el año pasado, hemos perdido cerca de 1.200.000 euros. Esperamos que el segundo semestre sea un poco mejor», explica Rillo, quien añade que «la situación es muy grave. Necesitamos ayudas de financiación que permitan aguantar nuestras empresas. Los números no salen».

Cabe recordar que los marineros cobraron el ERTE durante el tiempo que estuvieron parados. No ocurrió lo mismo con los patrones, es decir, los propietarios de las embarcaciones, quienes han visto como sus ahorros se han ido acabando. «Los que pueden pagar, pagan. Y los que no, no pagan. Acabaremos muriéndonos de hambre», explica Rillo, quien añade que la situación se repite en toda Catalunya, no solamente en Tarragona. «Ahora mismo no veo una salida que acabe rápidamente con el problema», apunta el presidente de la Associació del Peix Blau.

Los atunes, los culpables

Está claro que la pandemia ha perjudicado al sector y lo ha hundido todavía más. Pero lo que realmente sorprendió a los pescadores fue la poca cantidad de pescado azul que hay, teniendo en cuenta la tendencia a la alza de las últimas dos campañas. Cabe recordar que el presidente de la Confraria, Esteve Ortiz, aseguraba en una entrevista al Diari que el 2018 «había sido uno de los mejores años para el Peix Blau».

Los pescadores de Tarragona sospechan que la principal causa del poco género que hay es el aumento del número de atunes. «Es una especie devoradora, que necesita mucha cantidad para alimentarse. Antes había pocas, pero ahora nos encontramos muchas», explica Rillo. Y es que solo unas cuantas embarcaciones de toda la provincia tienen licencia para capturar atunes. El resto no pueden pescarlas. «Y si alguna se enreda por la red, es un problema. Primero, porque te la rompe y, segundo, porque tenemos que devolverla al mar», apunta Rillo.

Para el presidente de la Associació de Peix Blau de Tarragona, la única solución al problema sería ampliar el número de licencias para pescar atunes. «De esta manera podremos proteger al boquerón y a la sardina», apunta Rillo.

Solo quedan once

La situación es grave y el sector teme que acabe desapareciendo este tipo de pesca. «Ya son muchos años que llevamos así. Es un sinvivir constante», asegura Rillo. Son muchas las embarcaciones que se han perdido durante el camino y han sido desguazadas por la Comunidad Europea. Hoy en día solo quedan once embarcaciones, entre las de Tarragona, las de Cambrils y las de L’Ametlla de Mar.

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