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Cal Blay deja el restaurante del Hotel Imperial ante la falta de reformas

La empresa de restauración 'ya no veía futuro' en el hotel por su situación financiera y por el grave deterioro de las instalaciones
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El restaurante sólo ofrece estos días servicios a los huéspedes del hotel y a grupos con reserva, aunque en breve volverá la normalidad. Foto: Pere Ferré

El restaurante sólo ofrece estos días servicios a los huéspedes del hotel y a grupos con reserva, aunque en breve volverá la normalidad. Foto: Pere Ferré

El deterioro de las instalaciones del Hotel Imperial Tarraco y la precaria situación financiera del grupo al que pertenece (Hostelería Unida, principal sociedad del grupo Husa, que se encuentra en concurso de acreedores desde hace justo un año) continúan dificultando que la emblemática instalación tarraconense inicie su remontada.

El último episodio ha sido la decisión del Grup Cal Blay de dejar de gestionar el restaurante del hotel. Bajo el nombre de Ona, la explotación de la restauración ha estado externalizada al grupo de Sant Sadurní d’Anoia los últimos cinco años, hasta que el pasado 31 de diciembre el contrato expiró. Sin embargo, Cal Blay asegura que desde el hotel se les ofreció continuar y que fueron ellos quienes tomaron la decisión de rechazar la oferta y marcharse.

¿Las razones? La de sobras conocida situación del hotel: «No le veíamos futuro a nivel empresarial a la decisión de permanecer allí. No veíamos clara la viabilidad y como terminaba el contrato decidimos no prolongarlo», explica Santi Carda, el gerente del Grup Cal Blay.

 

‘Numerosas circunstancias’

«Debido a numerosas circunstancias, tomamos esta decisión estratégica», admite Carda, y añade:«Nunca es fácil trabajar en un recinto cuando la propiedad está en concurso de acreedores. Y las instalaciones tampoco están en condiciones y no hay posibilidad de inversión, al menos a corto plazo». Desde Cal Blay reconocen que, por su emplazamiento y prestigio labrado a lo largo de décadas, «el Imperial Tarraco es sin duda el hotel de Tarragona, pero ahora mismo ha perdido el tren y necesitaría ponerse al día».

Aunque desde la empresa del Alt Penedès prefieren no concretar de qué «circunstancias» específicas hablan, no es ningún secreto que en los últimos años distintos episodios fruto del deterioro de las instalaciones han puesto en compromisos al restaurante: goteras, disfunciones en los sistemas de climatización e incluso el desprendimiento, en pleno banquete, del panel que revestía una de las columnas del comedor principal.

En la actualidad, una vez se ha marchado Cal Blay, el propio hotel sigue manteniendo por su cuenta parte de la oferta de restauración: la de cafetería y la que concierne a los huéspedes del hotel (desayunos, medias pensiones...). De igual modo, también se siguen ofreciendo comidas para grupos reservadas previamente.

 

Por ahora, sin menú del día

Sin embargo, a día de hoy no existe propiamente la oferta de restaurante para quien decida en un momento dado acudir allí sin reserva. «Oferta del tipo menú del día como la que había, en estos momentos no hay. Si alguien viene mañana no podrá comer, pero la semana que viene, posiblemente sí. Es cuestión de días que se solucione», indicaron ayer fuentes del hotel.

Las mismas fuentes achacaron la marcha de Cal Blay únicamente al hecho de que «se acabó el contrato», y no confirman ni desmienten que existiera una oferta de continuidad: «Nosotros sólo sabemos que se terminaban los cinco años de contrato y que, por lo tanto, una vez expiraron la relación se extingue».

Respecto a las críticas que esgrime Cal Blay como motivos de su marcha, desde el Imperial responden:«Es su negocio y si ellos tienen esa visión, la respetamos».

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