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Caminos escolares contra el caos en la entrada de los colegios de Tarragona

El próximo curso se comenzará a trabajar en los itinerarios seguros que ya debían estar en marcha. Animarán a ir andando a la escuela y ayudarán a aminorar el caos de coches que rodea a muchos centros

Norián Muñoz

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Un momento de la salida del colegio Lestonnac-l’Ensenyança en la Part Alta.

Un momento de la salida del colegio Lestonnac-l’Ensenyança en la Part Alta.

«Somos muy cómodos; cuando yo era pequeña iba caminando al cole, apenas había coches, y ahora lo usamos para todo... Bastaría con levantarse más temprano, porque los niños se amoldan a nosotros». Lo confiesa Marta, madre de un niño de la escuela Cèsar August que acaba de aparcar el coche en el paso de peatones para dejarle casi en la puerta. 

Reconoce que de su casa al centro tendría un paseo de 20 minutos, pero al niño «se le pegan las sábanas por la mañana». Iris, madre de una niña que va a la misma clase y a la ue también ha traído en coche, reconoce que «lo mío tiene más delito». Vive en Torres Roma, a 5 minutos andando, «pero es que de aquí me voy al trabajo».

Y eso que esta no es, ni mucho menos, la escuela de la ciudad en la que hay más conflicto a la hora de la entrada y salida de la escuela (aunque los vecinos reconocen que tienen que tomárselo con mucha calma para circular a esas horas). En este caso la diferencia es que aquí hay un párking al lado del colegio, el del Parc Francolí, que incluso ha sacado una tarjeta de aparcamiento de 180 horas para los padres que vienen en coche.

Sin espacio para una ambulancia

A la hora de la salida elegimos otra escuela para evaluar la situación: Lestonnac-l’Ensenyança, en la Part Alta. Aquí apenas hay oportunidad de preguntar, el caos es más que evidente. Los coches ocupan cualquier hueco, desde la plaza frente a la URV hasta la Plaça de la Pagesia, más abajo.

Por momentos, el tráfico se interrumpe por completo y es inevitable pensar que hay calles como la de l’Arc de Sant Llorenç, delante de la escuela, o la aledaña del Portal del Carro, por donde sería prácticamente imposible que pasara una ambulancia en caso de necesidad en medio de la aglomeración de coches y personas. Y eso que algunos padres reconocen que vienen en coche pero aparcan fuera de las murallas.

En las Carmelites se pueden ver hasta tres filas de coche a la hora de la salida. FOTO: pere ferré

La situación se repite a la hora de salida a mediodía en Estanislau Figueres, frente a las Carmelites. Los conductores que deben circular por allí ya cuentan con que a las horas de escuela los coches ocupan un carril entero en aquella manzana. Además, en el cruce con Pin i Soler, llegamos a ver hasta tres coches aparcados en paralelo.

A la misma hora, en la Rambla Nova, más de lo mismo: en la entrada de Teresianes la parada de autobús desaparece por completo entre los coches, mientras que la plazoleta del Monument als herois queda íntegramente rodeada de vehículos.

La intensidad del conflicto circulatorio varía según la escuela, pero el recorrido demuestra una constante: abundan los niños que van a la escuela en coche; unos viven más lejos, incluso en otros municipios, y otros a distancias asumibles caminando. 

El hecho no deja de ser llamativo si se tiene en cuenta que, a la hora de elegir centro escolar, la cercanía al domicilio es el supuesto que da más puntos. 

Llegan con retraso

Pero así como los coches son una constante, lo que apenas se ve en las entradas y salidas de las escuelas es a niños de primaria llegando solos o acompañados de otros compañeros

Justamente con la idea de conseguir que aumente la cantidad de niños que llega andando y, por supuesto, que disminuya el número de coches, el Ayuntamiento de Tarragona comenzará a trabajar el curso que viene en la implementación de los Caminos Escolares Seguros, itinerarios bien señalizados que favorezcan la llegada de los alumnos caminando, en transporte público o bicicleta.

Así lo explican Francesc Roca, concejal de Educación, y Montserrat Fortuny, directora del IMET, quienes señalan que justo ahora se está en pleno proceso de renovación del Consell Escolar municipal, por lo que han decidido esperar hasta el curso que viene. La idea, explican, es que además de la opinión de las escuelas y familias, los niños también puedan dar su opinión. En el curso 2018-2019 ya se verían las primeras experiencias piloto.

Roca adelanta que se tomarían en consideración ejemplos como el de Pontevedra, donde, además de contar con un camino seguro en lo que se refiere a movilidad, los comerciantes que están en el trayecto también prestan su ayuda colocando pegatinas identificativas. De esta manera, los niños que tienen cualquier duda o inconveniente pueden preguntar a los comerciantes.

No obstante, estos itinerarios llegan con retraso, tal como recordaba la CUP en una moción durante el último pleno del Ayuntamiento que fue aprobada por mayoría. Tal como argumentaban, ya el Pla de Mobilitat Urbana Sostenible calculaba que habría que implementar «6 kilómetros de caminos escolares en Tarragona. Unos 4 km en el núcleo urbano (todo el centro hasta Sant Pere i Sant Pau) y 2 kilómetros a los barrios de Ponent. En total podrían salir aproximadamente entre 4 y 6 rutas para enlazar los centros actuales».

La planificación hablaba de que los caminos estuvieran en marcha en 2014 y en 2017 debía haber de 4 a 6 caminos. Habrá que esperar al año que viene para ver el primero.

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