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Campclar: "Mamá, voy de camino a casa... No cuelgues porfa"

Marcha exploratoria. Un grupo de mujeres recorre este barrio de Tarragona para descubrir los ‘puntos negros’ que les generan sensación de inseguridad cuando salen de noche

Norian Muñoz

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Parte del grupo de mujeres que participaron el viernes en la marcha exploratoria por Campclar. FOTO: FABIAN ACIDRES

Parte del grupo de mujeres que participaron el viernes en la marcha exploratoria por Campclar. FOTO: FABIAN ACIDRES

«Cuando mi hija sale por la noche no pego ojo hasta que me llama; entonces sé que viene de camino. Me dice: ‘Mama, no cuelgues porfa’. De fondo, muchas veces, escucho las barbaridades que le van diciendo y ya sé las calles por donde va pasando. Yo le digo que no haga caso, que se concentre en lo que está hablando conmigo... Hasta que no llega, no respiro».

Lo contaba la madre de una adolescente mientras participaba en la ‘marcha exploratoria’ que recorrió el viernes por la noche algunas zonas de Ponent. La marcha es una iniciativa para poner en evidencia la influencia que tiene el urbanismo en la percepción de seguridad que tienen los ciudadanos, en particular las mujeres. Es la segunda que se realiza en la ciudad; la anterior tuvo lugar en verano del año pasado entre la Part Alta y la Part Baixa.

Las marchas exploratorias surgieron en Canadá a principios de los años 90. Por aquellos años, en respuesta al incremento de agresiones sexuales contra mujeres en la ciudad de Montreal, grupos feministas se organizaron para presionar al gobierno de la ciudad para que tomara medidas. Una de las acciones que tomaron fue hacer auditorías de seguridad, por barrios, a cargo de grupos de mujeres.

En el caso de Tarragona las marchas, junto con un proceso participativo que se iniciará la semana que viene, servirán para elaborar el ‘Protocolo de actuación contra las agresiones sexuales en espacios de ocio nocturno’ que está impulsando el Ayuntamiento de Tarragona.

La encargada de dirigir la marcha fue, como en la oportunidad anterior. Marta Fonseca, arquitecta y miembro del Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas expertas en incorporar la perspectiva de género en la planificación de las ciudades.

El barrio, para bien y para mal

Las encargadas de hacer esta especie de auditoría, a pie, de algunos espacios del barrio, fueron media docena de mujeres de Campclar y de otras zonas de la ciudad.

Lo primero que queda claro es que un buen número de jóvenes pasan sus horas de ocio dentro del barrio, no solo por decisión propia, sino porque las comunicaciones con otras zonas no son fáciles. Un ejemplo es la zona de ocio, aparentemente cercana, de Les Gavarres, separada del barrio por la autovía T 11. Una de las asistentes pregunta, ingenuamente: «Pero hay una pasarela ¿no?»

La respuesta es sí, hay una pasarela que transcurre sobre la autovía y sí, muchos jóvenes la usan para ir al cine. De hecho, desde el Institut Campclar, por ejemplo, son sólo siete minutos andando.

Pero, como siempre, la preocupación es el regreso, porque hay que atravesar las calles del polígono y el párking del Carrefour, desiertos por la noche. Además, del otro lado, la situación empeora porque para llegar de la pasarela al barrio hay que atravesar un gran descampado. «Al final a mi hija la termino buscando en coche», resume otra madre.

En resumen, salir del barrio de noche no es sencillo, «especialmente si eres chica». Otra opción es el autobús nocturno, pero hay que esperar a la una de la madrugada y entonces el miedo es por el trayecto de la parada a casa. Hay que aclarar, eso sí, que las participantes no eran conscientes de que los conductores de la EMT en las líneas nocturnas tienen instrucción de detenerse entre paradas si se lo piden.

La luz, clave para la seguridad

Amén de los descampados, que abundan en los barrios de Ponent y que suscitaban un miedo unánime entre las participantes, los puntos negros que aparecían en esta marcha eran muy similares a los de la marcha por las partes alta y baja de Taragona.

Una preocupación universal es la iluminación. La Rambla de Ponent, amplia e iluminada, es un mundo aparte si se compara con las calles aledañas. No obstante, las participantes reconocían que a esas horas (de las 19 a 21h) el barrio en general estaba bastante bien iluminado, «pero de madrugada apagan muchas farolas y la cosa cambia», aseguraba una de las mujeres del barrio.

Además, en muchos casos el problema no era la falta de farolas, sino el hecho de que estaban entre árboles, lo que hace que iluminen mucho menos.

Pequeños desiertos

Otro de los aspectos que da seguridad a la hora de atravesar las calles son los comercios de proximidad y otros establecimientos, como bares de barrio, que cierran más tarde. Son sitios donde la propia comunidad ejerce una especie de ‘vigilancia’ informal y donde se puede pedir ayuda si alguien se siente en peligro. El caso de Campclar no es muy diferente del centro de Tarragona, porque muchos pequeños comercios han ido cerrando. En definitiva, las zonas donde los bajos de los edificios están deshabitados, en cualquier ciudad, explica Marta Fonseca, son sitios que las mujeres evitan cruzar.

Las estrategias de las mujeres, especialmente las jóvenes, son iguales aquí que en el centro y pasan, como no, por ir en grupo o ir hablando con alguien (o hacer como que se habla) por el móvil.

Durante la marcha también surgieron otros aspectos que no ayudan a que las mujeres se sientan seguras durante el ocio nocturnos. «Un ejemplo son los seguratas de las discotecas, rara vez hacen caso si dices que te están molestando o se ponen a cuestionarte porque te has vestido de esta o aquella manera o si has bebido... A esta gente, dentro de su formación, debería exigírsele que estudien sobre este tema», apuntaba una de las participantes.

La misma mujer hacía una reflexión en voz alta. ¿Por qué tenemos que ser nosotras (las mujeres) las que tenemos que cuidarnos, las que vamos con miedo, las que hacemos marchas como ésta? Esto no se va a arreglar si no educamos a los chicos?»

Acabada la marcha, independientemente de si se conocían o no, todas se las mujeres que participaron se las arreglaron para no volver solas a casa.

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