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Carnaval de Tarragona: Fantasía, Juegos y hasta Amparito

Variedad de temáticas y estilos en una Rua de nuevo multitudinaria. La organización valora el nuevo recorrido como un éxito

Francisco Montoya

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La Rua volvió a partir de Ramón y Cajal, pero esta vez acabó en el Campus Catalunya. Foto: Lluís Milián

La Rua volvió a partir de Ramón y Cajal, pero esta vez acabó en el Campus Catalunya. Foto: Lluís Milián

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Puede que la Rua de l’Artesania sea el acto más multitudinario de cuantos conforman el calendario de ritos tarraconenses. Por la cantidad de gente que toma parte en el desfile (2.500 personas en el de ayer) y sobre todo, por las decenas de miles de ciudadanos que se echan a la calle a admirarlo. Quizás no. Quizás haya algún otro acto capaz de arrastrar a más paisanos. Difícil de precisar. Pero no más de uno o dos. El arraigo de la Rua es comparable a muy pocas cosas. Y tiene su porqué.

La batucada Tympanvm y las 24 comparsas que formaron el espectáculo de ayer lo demostraron de nuevo. Es el de Tarragona un Carnaval diverso, capaz de aunar en una misma Rua tintes de la sátira más tradicional (como esa parodia de la mascota de los Juegos Mediterráneos que presentó La Murga Matutina y a la que dieron en bautizar Murgus) con ejemplos más cercanos al Carnaval brasileño (si es que existe tal tipología, disculpe el lector la ignorancia): ejercicios encomiables de orfebrería detallista en cada uno de los cientos de disfraces, y precisión casi profesional en las coreografías. Especialmente exultantes, por numerosas además de por su valor artístico, resultaron comparsas como Som i Serem o como Sinhus Sport. Minutos y minutos de gente desfilando son la mejor prueba de buena salud de una entidad carnavalera y, por ende, de la fiesta en global. Y estremece pensar en los meses de trabajo que hay detrás de cada uno de los participantes:desde que se exprime uno el cerebro en busca de la idea de disfraz, hasta que se plasma todo en la exhibición de ayer, hay horas y horas de esfuerzo e ilusión. El resultado son esas prendas que a menudo rozan la categoría de obras de arte –todo son gustos, desde luego, pero el valor de la mayoría de propuestas es difícilmente discutible– y sincronización casi militar en los bailes.

Las temáticas, lo dicho, son de lo más diverso, desde la fantasía, encarnada por ejemplo en quienes echan mano de clásicos de la literatura o del cine (como la Cenicienta de Cromatic Fusion, que ya le dio la victoria el jueves en la Disfressa d’Or y que trasladada al asfalto resultó igualmente espectacular;la alegoría de Alicia en el país de las maravillas que presentó el Estudi de Dansa Montserrat;o el disfraz de Batman de Colours Fantasy) hasta la citada parodia de Tarracvs de La Murga. Los Juegos, por cierto, también fueron protagonistas de Aerodance, en su caso sin punto irónico, sino en positivo, como recreación de su carácter de cita multideportiva.

Un desfile tan variopinto que en él tuvo cabida hasta el Amparito Roca, tan propio de otras fechas y de otros acontecimientos festivos, pero hasta ahora ajeno al Carnaval. La comparsa Fotem-li Canya, que ya sorprendió en la Disfressa d’Or presentando su atuendo de Àliga de Tarragona, repitió éxito ayer paseando el disfraz por las calles de Tarragona con una banda sonora en la que, entre temas puramente carnavalescos y hits de moda, se hizo un hueco también a ratos el pasodoble por excelencia de esta ciudad.

Una Rua que, por cierto, estrenaba recorrido, enlazando Ramón y Cajal con Rovira i Virgili, atravesando la Rambla sin llegar a discurrir por ella, y con final en el Campus Catalunya. Al término del acto, la organización hacía un balance positivo de la novedad, que consiguió –con lógicas variaciones– repartir al público a lo largo de todo el trazado. El acto discurrió además sin incidencias, más allá de que a una de las carrozas de Disc 45 (la que abría el séquito de la Concubina) le falló el grupo electrónico y no pudo seguir reproduciendo música.

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