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Cerrado por ‘vejaciones’ el Museo Arqueológico de Tarragona

El traslado del Museo Arqueológico supone asestar una puñalada a la cultura de esta ciudad en el momento que más daño hace

Enric Casanovas

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Imagen del edificio que acoge el Museo Arqueológico, en la Part Alta. Foto: Cedida

Imagen del edificio que acoge el Museo Arqueológico, en la Part Alta. Foto: Cedida

A veces las palabras no deben ser destiladas ni por la prudencia ni por la suavidad de las formas. Ni tan siquiera por el filtro de la templanza. Empiezo a odiar la educación, aquellas formas que permiten que «todo» tenga un tono políticamente correcto, socialmente aceptable y sin la reprobación grupal.

Opino que los atropellos, las ofensas y las injusticias deben ser verbalizadas con un lenguaje fundado, duro y consecuentemente proporcional al daño causado. Una sociedad no puede adoptar formas «domesticadamente amaestradas» cuando está en juego el talento de una ciudad.

Lo que sucede es que la máscara de las formas nos llega a convertir en educados verdugos, o en pacíficas y resignadas víctimas. 
Hace pocos días asistía estupefacto a la noticia del cierre por 4 años de obras de nuestro Museo Arqueológico de Tarragona. Una obra de más de 4 millones de euros.

 Solo el titular era necesario para no seguir leyendo ninguno de los porqués del motivo. Me repugnaba el simple acto dañino de decidir asestar una puñalada a la cultura de esta ciudad y más si cabe en el momento preciso y justo en que más daño hace. Si bien es un museo pequeño que necesita una gran ampliación y espacio, no es menos cierto que es una pieza fundamental de la cultura de Tarragona.

Y hay, había, créanme, otras muchas estrategias que no la constante provisionalidad con que se mueve esta ciudad.

Ni el 155, ni el 1-O, ni un Barça-Madrid, ni una disputa de concejales, ni nada de nada puede ser el escudo de la magnitud catastrófica de esta dejadez institucional en que se ha sumido a esta ciudad desde los órganos de gobierno de Catalunya. Ni hay excusa, ni vale la argumentación de planificaciones de obras ni de presupuestos, ni de subvenciones que pudieran perderse si no empezaban ya estas obras.

Empiezan ahora, a 2 meses de los Juegos del Mediterráneo, y no creo en las casualidades. ¡Vaya casualidad!

Sin necesidad de ser un defensor acérrimo de estos juegos, sin ser defensor de ciertas actuaciones, más bien incluso habiendo criticado en el pasado ciertas cuestiones organizativas en su modo y forma, lo cierto es que son una realidad materializada que la ciudad debe saber aprovechar.

Y son una realidad inmediata en que la suma institucional debiera ser el síntoma de una verdadera política para los ciudadanos y no la política de sillas y pasillos, de comisiones inútiles en que se reparten cargos, territorios y funciones, despojando al ciudadano de sus derechos y arrebatándole parte del futuro que esta ciudad posee como tesoro propio.

La decisión de cierre del MNAT es la estocada de muerte cultural de la ciudad orquestada desde fuera de esta ciudad. No me cabe duda de que si un alto cargo político hubiera citado la frase «hay que apoyar totalmente estos juegos para Tarragona y Catalunya» este cierre no  sucede a dos meses de unos juegos que pueden ser un referente internacional.

Lo cierto es que se palpa la ausencia de esta frase política. Y además, se palpa en el ambiente que la política centralista que está aplicando desde las altas instituciones catalanas para esta ciudad es, cuanto menos, altamente destructiva.

Imperdonable que un gobierno que pretende liderar ciudades y ciudadanos se olvide de esta ciudad y de su futuro, de sus proyectos e ilusiones y se dedique a cerrar o permitir el cierre de puertas, un tras de otra. 

La Ciutat del Repos (La Residencial) saqueada y cerrada era un exponente posible de la culturalidad post-juegos y el auspicio de un turismo de calidad y sostenibilidad. Era la antesala del futuro turístico de esta ciudad para los próximos 20 años. Por tanto, cómo no, cerrada y no en parlem més.

Y el MNAT, que es un exponente de alto nivel y de incalculable valor de la historia de esta ciudad, cerrado. Curiosa confluencia astral de causalidades y de casualidades.

La política centralista de las altas instituciones catalanas para esta ciudad es destructiva

No se me ocurre pensar que los atletas vayan a la zona de tinglados a ver algo del MNAT. Les costará menos la pachanga de luces de neón y de cubatillas que haberles preparado una auténtica apuesta cultural donde tocaba.  

Lo que ocurre es que el MNAT está en la Part Alta y era una oportunidad de oro para la ciudad, para su centro histórico y para difundir, como no puede ser de otra manera, boca a boca, los verdaderos valores que una ciudad necesita vender a visitantes. 

Quien diga que no hace turismo porque le han hablado bien de una ciudad miente. Quien diga que el turismo asociado a eventos deportivos no es un turismo de calidad también miente. Y el poso cultural y milenario de esta ciudad solo se puede vender a golpe de taquillas y entradas a museos y no a bares y chiringuitos. 

Ni entiendo el traslado a los tinglados del puerto ni entiendo qué intereses hay detrás. Pero al fin y al cabo estamos en un país en que todo se vende, todo se compra y toda acción parece tener un precio en forma de palmadas de espalda, cargos y sillas para largo tiempo.

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