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Cierra el restaurante chino de la Plaça de la Font

Ayer, algunas ‘colles castelleres’ de la ciudad levantaron pilares de homenaje delante del Wan de Fu

Carla Pomerol

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Estos días, la familia aprovecha para sacar muebles y cuberterías del local. Foto: Pere Ferré

Estos días, la familia aprovecha para sacar muebles y cuberterías del local. Foto: Pere Ferré

Hace catorce años, una familia de origen chino decidió trasladarse hasta el corazón de Tarragona, en la Plaça de la Font, para abrir un restaurante. El domingo pasado, el sueño acabó. El Wan de Fu cierra puertas, para siempre. Chao’E Zhou y su familia han decidido poner punto final a esta etapa, «y ahora queremos descansar y empezar de nuevo», aseguraba Chao’E Zhou, propietaria del restaurante. Se trata de un rincón muy conocido y mediático para los tarraconenses, sobretodo para los más jóvenes.  Y es que su ubicación, hasta ahora, llamaba la atención de cualquiera. 

La propietaria aseguraba ayer, mientras ella y su familia recogían muebles, vasos y cuberterías, que lo mejor de estos catorce años ha sido «el gran número de personas que he conocido». Chao’E Zhou reconocía, emocionada, que cada vez que habla del tema se pone triste. «Me da pena irme de aquí, he estado como en mi casa», aseguraba. 

La familia está recogiendo el local.

Los tarraconenses también sienten el cierre del mítico Wan de Fu. Así lo hicieron notar algunas de las colles castelleres de la ciudad, como los Xiquets del Serrallo o la Colla Jove, cuando el domingo, después de los pilars caminant, levantaron un pilar de homenaje. Incluso la misma propietaria se puso faja y la camisa e hizo un pilar.

La familia no tiene intención de irse de la ciudad, ya que aseguran que aquí se han sentido como en casa y «hemos conocido a la perfección cómo se vive la cultura catalana, entre castells, diables y otros. Nos gusta la ciudad», explicaba Chao’E Zhou, quien se encargó de crear complicidades con los tarraconenses. Y es que la Chao, –tal como la conocen los clientes,– nunca ha tenido un no. Que alguien quería entrar al lavabo, la Chao le daba permiso. Que no llevabas dinero para pagar la cerveza, la Chao te fiaba o incluso no te cobraba. Ha sido una pieza clave para la ciudad.

Seguro es que Tarragona y la Plaça de la Font echarán de menos el arroz tres delicias al estilo Wan de Fu, y sobretodo, a la Chao, tal como la conocen los clientes.

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