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Ciutadans conquista la costa pero el interior es soberanista

El mapa de la provincia permite ver cómo el voto unionista se concentra en los municipios de costa y desaparece del ámbito más rural, feudo incontestable del independentismo

Álex Saldaña

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Un análisis del voto en la provincia de Tarragona permite apreciar de un primer vistazo la diferencia territorial de los sufragios, lo que indica también el muy diferente mapa poblacional. Así, las grandes ciudades y los municipios de la costa, más abiertos a la presencia de gentes de diversa procedencia por la existencia de una gran industria y de un potente sector terciario muy vinculado con el turismo, aglutinan el voto unionista, personalizado en este caso en el color naranja de Ciudadanos.

Resulta impresionante ver cómo el partido de Albert Rivera y de Inés Arrimadas ha ocupado todo el espectro unionista, barriendo a las demás fuerzas hasta convertirlas prácticamente en partidos residuales.  

En este sentido, destaca en la provincia un fenómeno que se repite en todo el cinturón otrora rojo de Barcelona: el del voto útil. Eso explica el éxito de una formación que no gobierna en ningún municipio. Y es que Ciudadanos se impone ampliamente en localidades como Tarragona, donde gobiernan PSC y PP, o Reus, en cuyo pleno existe una contundente mayoría independentista. Incluso arrasa en Vila-seca, feudo incontestable –al menos, hasta ahora– del convergente Josep Poblet. O en La Canonja, donde el socialista Roc Muñoz acostumbra a arrasar. 

Sería por tanto un error tratar de extrapolar los resultados del 21 de diciembre a unas lecciones municipales, donde ya no se vota tanto en clave independentismo-unionismo y donde, en cambio, la figura del candidato –los diputados de Ciudadanos son unos perfectos desconocidos para la mayor parte de la demarcación– adquiere una notable importancia.

También es de destacar la supremacía de Ciudadanos en el Baix Penedès, un área más cercana física y culturalmente a Barcelona, mientras desaparece en las Terres de l’Ebre.

Por otra parte, una visión al mapa de la demarcación asoma que la antigua Convergència, hoy PDeCAT y en las elecciones Junts per Catalunya, conserva intacto su feudo en los pueblos del interior del Camp de Tarragona, con pequeñas islas, concesiones a Esquerra. 

Representa este fenómeno el peso de la tradición, de un voto nacionalista conservador que domina el ámbito rural y que en los últimos años, de la mano también de Convergència y sus diferentes marcas, se ha girado hacia el independentismo.

Resulta curioso comprobar que las Terres de l’Ebre representan un mapa muy coincidente con el del Camp de Tarragona –es prácticamente un espejo–, si no fuera por la diferencia de que en el sur la fuerza más potente es Esquerra, cediendo pequeñas islas a la formación encabezada en estos comicios por el expresident Carles Puigdemont.

Pero, a diferencia de lo que sucede en el Camp de Tarragona, en las Terres de l’Ebre no se aprecia una gran diferencia entre el interior y la costa; allí el independentismo apenas deja sitio al unionismo y resulta imposible hallar un municipio al sur de Vandellós i l’Hospitalet de l’Infant donde se imponga Ciudadanos.   

Tenemos, pues, una provincia claramente fragmentada; la costa se presenta como más unionista mientras que el interior es claramente independentista. 

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