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Comida sobrante a bajo precio para evitar su desperdicio

En la ciudad una cincuentena de establecimientos venden sus excedentes del día a través de una aplicación móvil. La mayoría de los ‘packs’ que ofrecen se agotan cada día

Norián Muñoz

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En la frutería Arrels de el Mercat preparan al menos una caja al día. FOTO: pere ferré

En la frutería Arrels de el Mercat preparan al menos una caja al día. FOTO: pere ferré

«Cuando eres consciente de la gran cantidad de recursos y de tiempo que se necesitan para producir una simple barra de pan, desde el payés hasta el trabajo que inviertes para elaborarla, te duele mucho ver cómo se va a la basura. Imagina además cuando se trata de algo sobre lo que has estado investigando mucho tiempo; solo tener que tirar dos piezas ya te sabe muy mal», explica Marc García, de la pastelería Velvet.

El suyo fue uno de los primeros establecimientos de la ciudad en apuntarse a la aplicación Too Good To Go. A través de la App establecimientos de alimentación de todo tipo venden su excedente diario de comida a un precio reducido para evitar su desperdicio.

La aplicación, de origen danés, comenzó a operar en la ciudad en 2019 y desde entonces, explica Carlos García, responsable de prensa de la empresa, se han adherido 47 establecimientos y se han ‘salvado’ (palabra que emplea la compañía en su estrategia de comunicación) 35.000 packs de comida. «La acogida en la ciudad ha sido muy buena desde el principio. Cada día se agotan prácticamente todos los packs que salen», asegura.

En España ya funcionan otras aplicaciones con una operativa similar y con el mismo objetivo de evitar el desperdicio alimentario, como Phenix o Food&Save, pero las hemos probado y, de momento,  todavía no hemos encontrado establecimientos en Tarragona ciudad.

De sushi a una floristería

La lista de establecimientos que ponen sus excedentes a la venta en la ciudad es de lo más variada. Lo más abundante son las panaderías y pastelerías, pero también hay fruterías, pequeños supermercados, restaurantes de comida mediterránea, sushi o tipo buffet, así como una floristería que, aunque no vende comida, da salida de esta forma a un producto que es perecedero.

Pero si algo llama la atención es la cantidad de paradas del mercado que ofrecen sus paquetes. Aunque la lista varía en función del día, durante la semana es fácil encontrar packs de ocho o nueve paradas distintas.

Aunque lo de ‘encontrar’ es relativo, porque hay algunos establecimientos, como las carnicerías, donde se agotan nada más ponerlos en la App, tal como confirman en la carnicería Virgili o en La Selecta.

También hay varias fruterías como Arrels. Jordi Alcaraz es de los que está en la App desde el principio. Cuenta, como muchos de los establecimientos con los que hablamos, que antes se llevaban lo que sabrían que no venderían al día siguiente para su casa, pero allí también acababa por perderse. Él pone a la venta una caja cada día cuyo contenido, como en todos los negocios que participan, varía en función de los productos que se podrían perder. «Coloco un poco de todo, para mí no es un negocio, trato de ser más bien generoso. La verdad es que a mí me compensa ver que la comida se aprovecha».

También en el Mercat Ivan, de la frutería Filla de la Patro, explica que ellos ya hacen muchos elaborados para dar salida a las frutas y verduras que presentan alguna magulladura u otro detalle pero que se encuentran en perfecto estado. Hacen desde espaguetis de calabacín hasta zumos.

Pero, con todo, es imposible calcular exactamente para que no quede un excedente, y por ello se apuntaron a la App. Como en la otra frutería, reconocen que con su producto hay una especie de dictadura de la imagen de la que es difícil desprenderse.

«Así ajustamos el presupuesto»

El perfil de las personas que acuden a comprar el pack, por lo que explican los establecimientos, es variado, pero todos tienen personas que repiten. La edad es variada y se encuentran muchas personas que lo hacen por conciencia medioambiental, pero también clientes con problemas socioeconómicos.
Carlos García explica que en los estudios que han hecho en España el perfil que más destaca es el de una mujer de entre 25 y 40 años. Además, de lo que se compra por esta vía el 90% se aprovecha.

Eric, un joven tarraconense, es usuario de la aplicación y explica que él y su pareja la usaron mucho durante el confinamiento. La tiene casi desde que comenzó en la ciudad, cuando todavía estaban pocos establecimientos, y dice que la usa convencido de la importancia de evitar del desperdicio alimentario. Cuenta que vive en el centro de la ciudad y muchas veces le da pena ver contenedores llenos de comida que todavía podría ser aprovechada.

La otra razón es económica: «Es una buena manera de ajustar el presupuesto», señala. Cree que a muchas personas, como a sus padres, les cuesta entender el concepto. «Pero se trata siempre de comida que está en buen estado, que muchas veces basta con consumirla ese día o al día siguiente; o congelarla... Sueles coger los packs en establecimientos que ya conoces, donde alguna vez has comprado y sabes que son cosas buenas». Sus amigos también la usan y por momentos hay cierta puja por ver quién se hace con los mejores packs.
Hay que tener en cuenta que el precio de los alimentos comprados de esa forma puede ser tres veces inferior al que tendrían en circunstancias normales. Los packs que vemos en la ciudad van desde los 2,99 hasta los 4,99€.

En Tarragona lo que más se ‘salva’ son packs de fruterías y panaderías, seguidos de los de carnicerías y restaurantes. 

Entender que es sorpresa

Eso sí, recuerda Eric que hay que tener claro que no se trata solo de comprar productos a bajo precio, sino de evitar que comida que está bien acabe en la basura, por lo que lo que va en los packs va cambiando.

Marc García, de Velvet, también insiste en la idea, los packs son ‘sorpresa’ porque dependen de lo que no se ha vendido ese día en concreto. «A veces incluso das más cuando ves que es una persona que lo necesita o que son muchos en casa y sabes que lo van a aprovechar», explica.

En la mayoría de los casos se pide a los clientes que lleven sus propios envases para evitar así generar residuos, algo que los habituales tienen muy asumido.

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