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Comidas que calientan más que el estómago

Crónica. ‘Todo se basa en la amistad’ Voluntarios de la Comunidad de Sant Egidi organizan una comida semanal junto a personas con pocos recursos

NORIÁN MUÑOZ

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Un momento de la comida que organizan los volunarios cada jueves. FOTO: ALBA MARINÉ

Un momento de la comida que organizan los volunarios cada jueves. FOTO: ALBA MARINÉ

Aquí no hacen falta papeles para entrar, pero sí dar el nombre, porque todo el mundo se conoce y, si alguno de los ‘fijos’ falla, se corre la voz para ver cómo está. Además, así, llamándose por el nombre, los saludos, los abrazos y las sobremesas tienen otro cariz.

Es jueves por la tarde y, en el pequeño local sin nombre, ubicado en la Plaça Mossèn Salvador Ramon (en la Part Alta), el olor a comida despierta el apetito. Hoy hay, entre otros: pollo guisado, puré de patatas con champiñones, longaniza, coca... Y mientras se espera la llegada de los platos hay unas aceitunas y unas patatas para picar.

Es la comida que organiza desde hace unos tres años la Comunitat Sant Egidi pero, como dice Montserrat Llurba, una de las voluntarias de la iniciativa, «todo se basa en la amistad, esto no es un comedor social» sino una comida «con» personas que lo necesitan.

Cuando comienzan a entrar los comensales se entiende enseguida lo que dice, los voluntarios sirven, sí, pero también se sientan a conversar, preguntan cómo están yendo las cosas.

El valor de la compañía

Entre los que llegan, la mayoría son hombres de todas las edades, pero también hay alguna mujer. Hay personas que viven en la calle de manera permanente y otras que lo hacen de forma intermitente. Pero hay, además, quien pese a tener techo apenas tiene dinero (o energía) para cocinar.

Manuel, uno de los comensales, un señor mayor, cuenta que está muy agradecido, porque no siempre tiene ánimos para guisar solo para sí mismo. Aquí sabe que la comida está rica y caliente, hecha con cariño «y además siempre me paso un rato a gusto... Lo hacen todo con respeto y cariño».

Los voluntarios, una decena, son, en su mayoría, jubilados, que han ido corriendo la voz entre familiares y amigos a medida que la idea de la comida iba creciendo. Cuando comenzaron, la gente cabía en una mesa. Hoy sirven a una cincuentena.

Por estos días también cuentan con la ayuda de un grupo de alumnas de la escola Teresianes, que colaboran en el marco de la asignatura Aprenentatge Servei.

Rueda de solidaridad

La comida que sirven proviene de donaciones del Banc dels Aliments y de algún establecimiento que les echa una mano. Los voluntarios cocinan en función de lo que tienen y lo que hay se reparte. En el caso de las personas que tienen vivienda, les dan una bolsita con alimentos como leche y cosas para el desayuno si ese día tienen disponible.

Una de las voluntarias cuenta que da gusto cocinar para ellos: «Te dan las gracias, te dicen que está bueno y no se dejan nada en el plato... Venir aquí me llena muchísimo», reconoce.

La Comunitat de Sant Egidi nació en 1969 en Roma, siempre dedicada a atender a «los periféricos» y actualmente está presente en 70 países y llega a unas 100.000 personas. En cada sitio se organizan en función de las necesidades del lugar y lo que proponen los voluntarios. Aunque la entidad es de origen católico, quienes la llevan son laicos.

En Tarragona llevan años entregando ‘La sopa’ los viernes por la tarde en la Estación de Autobuses y en otras zonas de la ciudad, aunque la discreción siempre ha sido una de sus premisas.

Imposible no pensar que el local podría ser más grande, que el servicio podría darse más días, que tendría que haber más sitios así... Pero los voluntarios son realistas, aquí se llega donde se llega y todo lo que hacen el resto de entidades de la ciudad suma.

Su filosofía es simple y la resume uno de ellos: «los pobres no son solo responsabilidad de los políticos, ni tampoco de las entidades, son cosa de todos, de toda la sociedad... Si nos los miráramos con simpatía la ciudad sería mejor. Sería como encender una lucecita».

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