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Cómo dejar morir un cacho de hormigón

Dejadez. El Ayuntamiento de Tarragona tapió los accesos de la plataforma del Miracle por ser el escondite de ladrones y la casa de los sintecho

CARLA POMEROL

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Las casetas están llenas de grafitis y las pérgolas de arriba, de palomas. FOTO: ALBA MARINÉ

Las casetas están llenas de grafitis y las pérgolas de arriba, de palomas. FOTO: ALBA MARINÉ

Soledad. Esta es la palabra que siento al acercarme a la plataforma del Miracle. En invierno hay un silencio roto por el sonido de las olas del mar y por la respiración de algún runner cansado. La estructura cuenta con 6.882 metros cuadrados de hormigón. Obsoletos, sin función, tristes. Encima de ella, pérgolas de madera que ejercen de vivienda para las palomas tarraconenses. A pesar de que todos los accesos están cerrados, algunas de las vallas metálicas han sido víctimas de actos vandálicos. Los hierbajos muestran el paso de los años. A casi nadie le preocupa la plataforma, porque pocos pasan por ella.

Pongámonos en antecedentes. La estructura de cemento se inauguró en el 2001 durante el mandato de Joan Miquel Nadal (CiU). El gobierno central se gastó cerca de 7,7 millones de euros y el Ayuntamiento puso los 2,8 restantes. El entonces alcalde se felicitó por su construcción, ya que tenía que ser un punto de referencia para el ocio nocturno de los tarraconenses. Nada más lejos de la realidad.

Ricomà no hará nada este año en la plataforma del Miracle

La plataforma del Miracle, cerrada desde julio de 2013, no es una prioridad a corto plazo para el actual gobierno municipal, liderado por el republicano Pau Ricomà. Muestra de ello es que los presupuestos presentados hace unas semanas no prevén ni un euro para solucionar la problemática.

Desde que un informe obligó a cerrar el equipamiento, han pasado muchos cosas en él. Durante un tiempo, las casetas que complementan la plataforma sirvieron como cobijo para algunos sintecho de la ciudad. Estos espacios se convirtieron en auténticas habitaciones, con su cama y sus sillas.

Además, la Guàrdia Urbana detectó un incremento de actitudes incívicas y, en algunos casos, también delincuentes que consumían todo tipo de sustancias. La gota que colmó el vaso fue que los ladrones utilizaban estas terrazas para vigilar a sus víctimas, asaltarlas, robarles sus pertenencias y, luego, esconderse en el mismo sitio. Finalmente, el Consistorio optó por tapiar los cuatro accesos a la plataforma desde la playa y por cubrir las casetas con una malla metálica. Ahora, el interior de estos recintos está lleno de suciedad, cartones, plásticos y envoltorios de comida.

Por no hablar de las fachadas, llenas de grafitis hechos con muy mal gusto y de carteles despegados. La sensación al pasar por allí es de total dejadez, de abandono. Es difícil de entender cómo una ciudad puede dejar morir un espacio que, a pesar de no ser acertado –bajo mi opinión, por su impacto visual–, podría ofrecer mil oportunidades. La plataforma del Miracle forma parte de la larga lista de los grandes despropósitos de la ciudad. Y como siempre, nadie se hace responsable. Habrá que buscar soluciones para recuperar de nuevo la autoestima de ciudad. Junto al mar podría ser un buen comienzo.

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