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"Con el Asperger me descubrí a mí"

Unas 140 personas de la demarcación sufren este trastorno. Un niño con esta problemática, con ayuda y apoyo adecuado, se convertirá en un adulto productivo y adaptado a la sociedad

Esther Garrido

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Ramon Cererols durante la conferencia de ayer en el CaixaForum de Tarragona. Foto: Alba Mariné

Ramon Cererols durante la conferencia de ayer en el CaixaForum de Tarragona. Foto: Alba Mariné

El síndrome de Asperger afecta a más de 140 familias en la provincia de Tarragona, las cuales son acogidas por la asociación Asperger-TEA del Camp de Tarragona. ¿Pero qué es el Asperger? Es un trastorno que está englobado dentro del conocido como TEA (Trastorno del Espectro Autista), pero que tiene características propias. Suele detectarse en la niñez, cuando aún se han recibido pocas influencias externas que modifiquen la actitud del niño ante el mundo. Pero no es un síndrome que desaparezca nunca. Por ello, tanto niños como adultos han de aprender a convivir con él. Uno de esos adultos es Ramon Cererols, experto en la temática y conferenciante ayer en Tarragona. Cererols entiende como nadie el mundo del Asperger, ya que no sólo lo ha estudiado y ha escrito un libro sobre ello, sino que lo padece en propia piel. Para Cererols, el síndrome es «una manera de ver el mundo». Según él, es «como tener un sistema operativo diferente», que no quiere decir que funcione mal, sino que simplemente avanza de un modo distinto al de la sociedad en general.

¿Cómo percibe una persona con este síndrome el mundo que le rodea? El Asperger se caracteriza por una gran concentración y habilidad en un entorno concreto, siempre que corresponda a objetos sujetos por leyes físicas fijas. El problema aparece cuando deben enfrentarse con la empatía emocional, con el «meterse en la piel y sentir lo que siente el otro». Una persona con Asperger es alguien con dificultad para sentir sus emociones, ya que o no tiene empatía emocional o la tiene disminuida. En cambio, domina a la perfección la empatía racional.

Hay la falsa creencia de que el síndrome de Asperger limita a la persona a ser bondadosa o ayudar a la sociedad. Pero no es cierto, ya que ofrece su ayuda desde el raciocinio. Por ejemplo, cuando Cererols era sólo un niño y veía a otro llorando, no le socorría porque sintiera su dolor, sino porque encontraba que era lo lógico. Por lo tanto, una persona con TEA está más capacitada para trabajar con objetos y cosas físicas.

Los medios de comunicación

Hasta hace unos años el síndrome era poco conocido, pero gracias a medios de comunicación, se ha popularizado. Ello también ha contribuido a falsas expectativas, como que los afectados por el síndrome de Asperger son todos «genios». Lo que sí es cierto es que su capacidad de concentración es superior a la habitual, lo que puede convertirlos en expertos en ciertas temáticas, pero su capacidad intelectual no tiene por qué ser superior a la media. Es al contrario de lo que ocurre con un autista en general, que puede ver mermada esta capacidad, hasta el punto de sufrir retraso mental.

Los afectados por el síndrome de Asperger nunca miran a los ojos. Al parecer porque «no encuentran información en ellos» y necesitan estar pendientes de alguna cosa concreta. Tampoco captan intuitivamente los sentimientos y los diferentes sentidos de las palabras. Para ellos, una frase siempre es literal, sin matices. El principal punto de detección del síndrome es la incapacidad de comunicación social, el aislamiento. Autismo se genera de la palabra (auto), como un trastorno de encerrarse en uno mismo.

Pero no por ello una persona con este síndrome vivirá toda la vida apartada de la sociedad. Con la ayuda y el apoyo adecuado, un niño con Asperger se convertirá en un adulto productivo y adaptado, independientemente de sus características personales. La principal dificultad es verlo como una problemática o una discapacidad. El mismo Cererols, de pequeño, trataba de ocultar sus peculiaridades «para que no se dieran cuenta que era diferente». Pero de adulto, después de estudiar más de 2000 artículos sobre el tema y escribir un libro, le sirvió como autoterapia para «mostrarse a los demás tal y como era». Para él, las personas con Asperger y las neurotípicas pueden (y deben) convivir y trabajar conjuntamente para aportar riqueza al mundo.

Aceptar la diversidad

Cererols lamenta que hoy en día todavía cueste de aceptar la diversidad de sistemas cognitivos, cuando «hay muchas maneras de ser» y «no por ello está mal ser diferente». No obstante, gracias a asociaciones como la Asperger-TEA del Camp de Tarragona y charlas sobre la temática (el propio Cererols ha dado ya unas 30 conferencias), la sociedad va aceptando poco a poco a las personas con diferencias cognitivas. La detección de este síndrome es relativamente reciente, ya que se lleva estudiando desde los años 40 por Hans Asperger, el cual dejó su nombre en el síndrome que acababa de descubrir. Hasta ese momento, a los autistas se les recluía y encerraba en instituciones, con el errado diagnóstico de una esquizofrenia. Pero hoy, la diferencia es virtud.

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