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Concurs de Focs: Triplete de juego de luces

La combinación entre la luz de los móviles, la magia de los fuegos artificiales y la desafortunada llama de una de las palmeras situada en la Punta del Miracle marcó la primera jornada del concurso
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El dorado, el rojo y el azul fueron los colores que predominaron ayer en el cielo tarraconense. Foto: Pere Ferré

El dorado, el rojo y el azul fueron los colores que predominaron ayer en el cielo tarraconense. Foto: Pere Ferré

El color rojo transformó, en alguna ocasión, la Platja del Miracle en una especie de infierno. Foto: Pere Ferré

El color rojo transformó, en alguna ocasión, la Platja del Miracle en una especie de infierno. Foto: Pere Ferré

Familias y grupos de amigos aprovecharon la ocasión para reunirse y cenar en la playa.

Familias y grupos de amigos aprovecharon la ocasión para reunirse y cenar en la playa.

La pirotecnia zaragozana fue la encargada de inaugurar el concurso. Foto: Pere Ferré

La pirotecnia zaragozana fue la encargada de inaugurar el concurso. Foto: Pere Ferré

La pirotecnia zaragozana fue la encargada de inaugurar el concurso. Foto: Pere Ferré

La pirotecnia zaragozana fue la encargada de inaugurar el concurso. Foto: Pere Ferré

La cómplice combinación entre la luz de los móviles –que afloró cinco minutos antes de empezar el concurso, justo cuando se apagaron las farolas–, la magia de los fuegos artificiales y la desafortunada llama de una de las palmeras situada en la Punta del Miracle, protagonizaron el triplete de luces de la primera jornada del Concurs Internacional de Focs Artificials Ciutat de Tarragona. La pirotecnia Zaragozana, –ganadora del concurso tarraconense en el año 2011–, utilizó 482 kg de masa pirotécnica para dejar boquiabiertos a los espectadores. Y lo consiguió.

Minutos antes de empezar el espectáculo, el primer tramo de la Rambla Nova se convirtió prácticamente de un único sentido. Los multitud llevaba un destino marcado: el Balcó del Mediterrani. Otros prefirieron disfrutar de una cena previa a los fuegos sentados en los sofás y sillas de plástico del Passeig de les Palmeres.

Por otro lado, la Platja del Miracle estaba llena. Un grupo de tarraconenses, muy bien organizados, cenaron antes de empezar los fuegos. Un farolillo presidía la mesa situada en la arena. Explicaban que llevan 25 años sin perderse un solo día de concurso. Ellos serían dignos merecedores para ser el jurado. Una vez sonó el último trueno, el cava reinó. «Nos gusta la olor a pólvora y la emoción que desprenden los fuegos», explicaba Rosó Claravalls, miembro del grupo.

No hubo cielo negro

La pirotecnia rozó el límite de tiempo. Cerca de 15 minutos y medio duró el espectáculo, en el que predominó el dorado, el rojo y el azul. El cielo no quedó vacío de color en ningún momento. El ritmo fue excelente, e incluso la pirotecnia Zaragozana deleitó al público con formas de caracol y de corazón. Rojas, para no variar. Pocos minutos después de empezar el público se dio cuenta de la llama que vestía una de las palmeras de la Punta del Miracle, lo que les despistó durante unos minutos.

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