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Condenado a pagar 1.200 euros por poner cepos en un coto de El Catllar

El magistrado recalca que se trata de un arte ilegal que causa 'terribles padecimientos' a los animales

Àngel Juanpere

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Uno de los zorros atrapados en uno de los lazos incautados por los agentes. Foto: Cos d´Agents Rurals

Uno de los zorros atrapados en uno de los lazos incautados por los agentes. Foto: Cos d´Agents Rurals

Un hombre que se dedicaba a poner cepos para animales en el término municipal de El Catllar ha sido condenado a pagar una multa de 1.200 euros, según la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal 2 de Tarragona y con la que el acusado, Pedro E.V., estuvo de acuerdo. Estaba acusado de un delito contra la fauna. Además del pago de la multa, durante dos años no podrá ejercer profesión u oficio relacionado con la protección de animales ni tampoco cazar. Y, en concepto de responsabilidad civil tendrá que pagar los gastos derivados de los servicios veterinarios.

La sentencia es una de las pioneras en España por condenar esta práctica. El Código Penal castiga la captura no selectiva y aquellos métodos que causan graves daños, como el veneno o explosivos, pero los lazos no estaban incluidos. Pero gracias a una veterinaria que declaró como perito se demostró que la colocación de un lazo tiene el mismo efecto que un cebo.

El 30 de noviembre de 2013, los agentes rurales realizaron una inspección en el área privada de caza La Protectora, en el Mas de Tolosa, situada en el término municipal de El Catllar. Se detectó la presencia de 13 lazos de acero para cazar mamíferos. También se encontró un zorro en descomposición, que había muerto tras quedar atrapado en un lazo, y otro que aún lo estaba. También se hallaron dos conejos muertos colgados de sendos árboles.

Los lazos tenían diferentes tamaños. Algunos eran grandes para poder coger jabalíes; otros, medianos para los zorros, y finalmente otros más pequeños, donde podían caer animales pequeños, incluso domésticos.

La sentencia recalca que el uso de lazos es un arte ilegal de caza que causa terribles padecimientos a los animales, hasta el punto de que incluso llegan a devorar su propia extremidad atrapada para poder huir, si es el caso, y resultan peligrosos para el ser humano.

El 2 de diciembre, el acusado fue sorprendido por los agentes rurales mientras revisaba dos lazos junto a un cercado de conejos, que servían de cebo. Estaba destinado a coger zorros pero suponía también un peligro incluso para las rapaces.

No consta que el acusado actuara clandestinamente en relación con el área privada de caza, de la que aparentemente era socio, ya que contaba con llave para el acceso a la finca.

En el año 2012 los agentes rurales ya sospechaban de la presencia de un individuo que ponía trampas para animales, pero no pudieron coger a nadie in fraganti. A partir del 29 de noviembre del año siguiente, se realizó un seguimiento especial y se montó un operativo con diferentes unidades del Àrea Bàsica del Tarragonès de los agentes rurales.

Inicialmente se identificó a dos personas que podrían ser furtivos, a los que se les hizo un seguimiento especial, hasta que finalmente el 4 de diciembre se pudo interceptar al autor, quien reconoció los hechos.

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