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Crece la vocación sacerdotal en las diócesis de Tarragona y Tortosa

En este curso han ingresado cinco nuevos seminaristas. La Iglesia prefiere ser prudente: ´Todavía no se puede hablar de aumento. Necesitamos ver si se mantiene la tendencia´
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Los seminaristas. Entre ellos, justo enfrente de la columna de la izquierda, el que fuera concejal socialista de Tarragona Antonio Rodríguez. Proceden de las diócesis catalanas de Vic, Girona, Urgell, Lleida, Solsona, Tortosa y Tarragona. F

Los seminaristas. Entre ellos, justo enfrente de la columna de la izquierda, el que fuera concejal socialista de Tarragona Antonio Rodríguez. Proceden de las diócesis catalanas de Vic, Girona, Urgell, Lleida, Solsona, Tortosa y Tarragona. F

El número de seminaristas en España ha crecido un 2,7% durante el curso 2014-2015, en el que han ingresado 36 aspirantes al sacerdocio más que hace un año, la mayor cifra en los últimos cuatros años, en los que la tendencia de vocaciones va en aumento, según datos de la Conferencia Episcopal Española.

Este curso han entrado en los seminarios españoles 335 nuevos seminaristas distribuidos entre las 70 diócesis españolas, con una mayor afluencia en las de Barcelona (11 nuevos ingresos), Cartagena (9), Córdoba (11), Cuenca (13), Madrid (22), Orense (15), Sevilla (12), Toledo (11), Valencia (18) y Zaragoza (16).

Entre las nuevas incorporaciones, hay tres jóvenes en la diócesis de Tarragona y uno en la de Tortosa. El rector del Seminario Mayor Interdiocesano, mossèn Norbert Miracle, prefiere ser prudente y no echar las campanas al vuelo ante este auge vocacional: «El aumento es muy pequeño. Después de muchos años de descenso constante, parece ser que se da un repunte y esto es positivo, pero creo que todavía no se puede hablar de aumento porque necesitamos ver si durante los próximos años se mantiene la tendencia a aumentar».

Mossèn Miracle confía en que el incremento «será permanente, pero no tengo los datos para hacer predicciones. El aumento de las vocaciones no funciona de la misma manera que los sociólogos tienen para decir que van a aumentar los puestos de trabajo o los economistas, el PIB».

¿Pero a qué se debe esa mayor vocación sacerdotal? ¿Puede ser incluso una salida ‘laboral’ a la crisis? Miracle responde que «claramente, no. Si alguien pensase esto, pronto se daría cuenta de que se ha equivocado. En cambio, algunos de nuestros seminaristas tenían un buen trabajo con un sueldo importante al que han renunciado para empezar una vida de consagración al Señor».

Es el caso, por ejemplo, de Albert Font, una de las incorporaciones de este curso. Graduado en Ingeniería Técnica Industrial y con un Máster en Energías Renovables, consiguió un trabajo en Inglaterra en el grupo energético alemán E-ON. Tras un programa de formación de 21 meses, logró un trabajo fijo.

Según explica Albert, «sentía que estaba viviendo un sueño: tenía un buen trabajo, una vida profesional prometedora, una vida social muy activa y muy buenos amigos... Aun así, decidí dejarlo todo y entrar en el seminario».

‘Soy muy competitivo’

Albert no da el perfil típico de un aspirante a cura: «Soy un gran aficionado a los documentales. ¡Me pasaría el día absorbiendo documentales de todo tipo, pero sobre todo de temas relacionados con la ciencia! La ciencia es una de mis grandes pasiones, y en concreto todo lo relativo a la energía», relata, antes de ‘confesar’ que «soy una persona muy competitiva y me encantan los juegos de estrategia, como el ajedrez, o algunos juegos de PC».

Para Miracle, sí que puede haber influido la buena imagen del nuevo Papa: «La figura de Francisco es un buen ejemplo para muchos jóvenes. Estoy convencido de que sus palabras y su forma de ser nos ayudan a entender mejor cómo ser sacerdote hoy en nuestro país».

En el Seminario Mayor Interdiocesano, con sede en Barcelona, hay actualmente 25 jóvenes estudiando, procedentes de las siete diócesis catalanas: Vic, Girona, Urgell, Lleida, Solsona, Tortosa y Tarragona.

Su formación dura como mínimo seis años. Cursan materias filosóficas, Sagrada Escritura, teología, historia de la Iglesia, liturgia, pastoral, derecho canónico… complementadas con temas específicos de formación sacerdotal. Para poder ingresar hay que tener aprobados los estudios secundarios y se requiere que el obispo de cada diócesis acepte al candidato que pide ingresar.

En el conjunto del Estado, en cifras absolutas, actualmente hay 1.357 seminaristas, la cifra más alta desde el curso 2011-2012, en que había 1.278. En el curso 2012-2013 el número de seminaristas fue de 1.307, y en el de 2013-2014 ascendió a 1.321. En cuanto al número de aspirantes al sacerdocio, se ha consolidado la tendencia al alza que comenzó en el curso 2011-2012 con 277 nuevos seminaristas, mantenida también en el 2012-2013, con 295 nuevas incorporaciones, y en el 2013-2014, con 299.

Recientemente, el cardenal-arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, se dirigió a sus feligreses para decirles: «Me complace haceros partícipes de esta buena noticia, esta alegría», tras comunicarles que durante este curso habían entrado en el Seminario Mayor 11 jóvenes aspirantes (entre ellos, los cuatro de Tarragona y Tortosa).

Sistach, sin embargo, pide prudencia ante este «avivamiento» en el número de incorporaciones al considerar que esperar que continúe este aumento de las cifras sería «prematuro».

El arzobispo de Urgell, Joan Enric Vives, por su parte, remarca la importancia de la oración, sin la cual no se darían «vocaciones, formación ni discernimiento evangélico».

El obispo de Girona, Francesc Pardo, añade su convicción acerca del ministerio ordenado, un factor «fundamental en la Iglesia. Se puede hablar de las formas, condiciones, requisitos del ministerio o servicio presbiteral, pero hace falta disponer de los capellanes necesarios para ejercer la misión que les toca en el Pueblo de Dios».

Pese a este aumento de vocaciones, la Iglesia aún percibe la recesión vivida durante los años anteriores a 2011, ya que durante este 2014-2015 sólo ha habido en España 117 ordenaciones sacerdotales, 14 menos que en 2013-2014, según los mismos datos.

Otro de los nuevos seminaristas es Adrià Fernández. Natural de El Milà, explica que «al terminar los estudios obligatorios en el instituto de Alcover tomé la decisión de ingresar en el Seminario Menor de Tarragona, como tiempo de discernimiento de la vocación. Una vez terminados los estudios de bachillerato en el Col·legi Sant Pau Apòstol y la correspondiente selectividad, di el paso de querer seguir con la formación para ser sacerdote, ingresando como seminarista mayor del Arzobispado de Tarragona».

Aunque nacido en Terrassa, Santi Martínez ingresó en el Seminario procedente de la Diócesis de Tortosa. Cuenta que «mis padres siempre han tenido como prioridad transmitirnos el mensaje de Jesús. Me encanta la naturaleza. Si no hubiese sido sacerdote tengo clarísimo que me hubiera dedicado al campo».

En todo caso, la crisis económica –sostiene Miracle– provoca que muchas personas se replanteen el sentido de sus vidas: «La crisis económica y la crisis social tan profunda que viven nuestras sociedades europeas seguramente están haciendo pensar a muchas personas que el sistema económico y social de nuestro mundo capitalista no es justo y no resuelve las grandes desigualdades de nuestra sociedad».

¿Qué consecuencia tiene esta situación? «Es frecuente ver que muchos jóvenes, creyentes y no creyentes, se comprometen con organizaciones de ayuda a los demás. Ser sacerdote, en cambio, pide una consagración total para toda la vida, no sólo por unas horas o un período de tiempo. Por tanto, sólo se puede llegar a ella desde la fe en Jesucristo», concluye Miracle.

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