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Crecen un 64% los casos que los juzgados derivan a la mediación

El proceso sigue siendo desconocido a pesar de su rapidez: la mayoría de los conflictos se resuelve en tres sesiones

Norian Muñoz

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Estela Martín, presidenta de la Comissió de Mediació del ICAT y Anna Alcaraz, Cap de Gestió Econòmica del Departament de Justícia. FOTO: Lluís Milián

Estela Martín, presidenta de la Comissió de Mediació del ICAT y Anna Alcaraz, Cap de Gestió Econòmica del Departament de Justícia. FOTO: Lluís Milián

«Las sentencias judiciales dan la razón a una parte u otra, pero no solucionan el conflicto», explica Estela Martín, presidenta de la Comissió de Mediació del Il·lustre Col·legi d’Advocats de Tarragona (ICAT) para hablar del valor de mediación. Pone el ejemplo de una comunidad de vecinos donde hay problemas con una propietaria que hace ruido. Si el problema se lleva a los tribunales es probable que acabe en una sanción hacia la vecina «pero el conflicto seguirá allí, enquistado, porque los vecinos seguirán encontrándose cada día», explica.

No obstante, la cultura de acudir a la mediación para resolver los conflictos es aún escasa. Anna Alcaraz, cap del Servei de Gestió Económica, Personal i Obres del Departament de Justícia, da otro ejemplo: «Todavía escuchamos, tratándose de un juicio de familia donde hay menores, la expresión: ‘he ganado el juicio’ y sabemos que son casos en los que nadie gana...

Tenemos casos en que ha habido juicios por la custodia desde que los niños tenían 2 años, y hoy tienen 15. Desde luego que había que buscar una vía alternativa a la judicial», dice.

Y esa vía es la mediación, un proceso voluntario y que debe ser dirigido por un profesional acreditado (abogados, psicólogos, trabajadores sociales... Son algunos de los profesionales que pueden formarse en este ámbito particular). Lo que se busca es que las partes recuperen el diálogo y que sean ellas mismas, con la ayuda del mediador, las que lleguen a una solución. Los acuerdos a los que lleguen tienen validez legal.

Aumenta la conciencia

Con todo, la conciencia comienza a crecer paulatinamente, y, en el caso de los juzgados de Tarragona, aunque la cifra es muy modesta –59 casos derivados a mediación el año pasado– representa un incremento del 64% respecto al año anterior.
En total en el ICAT realizaron el año pasado 155 sesiones informativas tanto para quienes acudieron derivados por un juez como para los que acudieron por propia iniciativa. En estas sesiones se les explicó cómo funcionaba la mediación y 97 –el 63%– decidieron recurrir a ella. El año anterior sólo había hecho el 40%. 

Una de las cosas que valoran quienes acuden a este servicio es la rapidez con que puede obtenerse una solución. El máximo de sesiones está establecido en seis, pero el año pasado más del 80% de los casos mediados por el servicio del ICAT se solucionaron en una, dos o tres sesiones.

Además, puede ser un proceso significativamente menos costoso que uno por la vía judicial. En el caso de que el mediador sea un abogado, las personas que, por su nivel de ingresos, tienen derecho a un abogado de oficio, también pueden solicitar un mediador de oficio. Y si ese no fuera el caso, las sesiones tienen un coste regulado de 40 euros por sesión.

Pero ambas destacan, sobre todo, el gran valor es que quienes adoptan las decisiones son las mismas partes, que son las que conocen sus propias circunstancias y pueden hacer un «traje a medida». Es algo especialmente valioso, por ejemplo, en los casos de custodia de menores. «Las resoluciones que se adoptan por mediación se cumplen tres veces más que las que dicta un juez», explica Martín. 

La mediación, no obstante, no sólo abarca el ámbito de la familia. También se puede emplear en conflictos laborales, en problemas entre vecinos, o entre propietarios y arrendatarios, por ejemplo.

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