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Creu Roja atiende a 28.165 personas en sus programas contra la pobreza

Por primera vez desde el 2010 el número baja ligeramente, pero las familias necesitadas requieren una ayuda cada vez más intensa
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Un voluntario trabaja  en el almacen de alimentos de la entidad. Creu Roja tiene 2.667 voluntarios y 147 técnicos en la demarcación. Foto: Lluís Milián

Un voluntario trabaja en el almacen de alimentos de la entidad. Creu Roja tiene 2.667 voluntarios y 147 técnicos en la demarcación. Foto: Lluís Milián

 

norián muñoz 
«La crisis ha sido como un tsunami, las labores de reconstrucción serán duras y llevarán años». Así ilustraba Anna Sabaté, coordinadora de Creu Roja en la Provincia de Tarragona, la situación de las familias a las que atiende la entidad en sus programas contra la pobreza. 
De hecho, el año pasado fue el primero desde el inicio de la crisis en el que el número de personas atendidas bajó ligeramente (un 5,3% menos que en 2013), pero la cifra sigue siendo «demasiado elevada», explica Sabaté. En total atendieron por pobreza  a 28.165 personas en la demarcación, una cifra muy lejana de los 8.000 que llegaban buscando ayuda en el año 2008, según los datos de la memoria de la entidad en la provincia.
Aclara que las familias que necesitan apoyo requieren cada vez de más ayudas; ya no basta con solucionar el tema básico de la alimentación, sino que necesitan ayudas para el comedor escolar de sus hijos, la ropa para ir a la escuela o para pagar los servicios... Además, su situación se ha cronificado, es decir, llevan más de cinco años padeciendo los efectos de la crisis.
Un techo, que no un hogar
El perfil de las personas que necesitan ayuda es de lo más variado, pero en general abundan los hogares monoparentales, las familias con niños pequeños e, incluso, los trabajadores pobres,  esos que trabajan unas pocas horas al mes y con sus menguados ingresos no pueden hacer frente a los gastos de sus hogares. Calculan que un 60% de las familias que buscan ayuda son autóctonas y un 40% son extranjeras.
Otro dato llamativo es que a la tradicional atención a las personas sin techo se ha venido a sumar la que dar a las personas que viven bajo un techo pero no cuentan con los servicios mínimos y acuden a la entidad a ducharse o a poner la lavadora.
Uno de los empeños de la entidad es preservar la dignidad de las personas atendidas, muy en particular la de los niños, por lo que ofrecen, por ejemplo, tarjetas prepago para material escolar y ropa deportiva (724 el año pasado) con las que pueden acudir a las tiendas como cualquier otra familia a comprar lo que necesitan. El año pasado también cubrieron las becas comedor y ayudas de alimentación de 95  niños y 30 alumnos de la ESO y atendieron a 114 estudiantes en programas de refuerzo escolar.
Además de las ayudas directas, la entidad también tiene un programa de ocupación en el cual participaron el año pasado 1.276 personas. De ellas, el 41% encontró un trabajo.
Otro colectivo prioritario para la entidad son las personas mayores. De hecho, antes del comienzo de la crisis era el grupo más numeroso entre los destinatarios de sus ayudas.
El año pasado 3.283 personas eran usuarias del servicio de teleasistencia domiciliaria y 1.694 recibieron los kits y ayudas de urgencia para mayores. 
La solidaridad crece
Pero más allá de la  pobreza, que ha centrado la atención de la entidad en los últimos años,  la ONG atiende a distintos colectivos. De hecho, el año pasado 80.124 personas se beneficiaron de alguno de sus servicios en la demarcación, es decir, cerca del 10% del total de la población.
Tal como explica Xavier Ribera, secretario general de la entidad en Tarragona, la ONG contó el año pasado con unos ingresos de 9 millones de euros. El 46,22% proviene de la prestación de servicios, como los de playas o teleasistencia domiciliaria; el 35,97%, de ingresos propios, como las cuotas de los socios, y el 17,81% , por subvenciones, en particular del IRPF.
En este punto el  director provincial de Creu Roja, Ramon Grau, quiso hacer especial énfasis en las aportaciones de los socios.  Su número no sólo subió el año pasado hasta llegar a las 18.316 personas, sino que también aumentó el importe de sus cuotas, que pasó de ser de 68,87 euros de media a 81,5 euros. Pero si de algo está particularmente satisfecha la entidad, aseguró, es del número de voluntarios, que el año pasado eran 2.667 personas.

«La crisis ha sido como un tsunami, las labores de reconstrucción serán duras y llevarán años». Así ilustraba Anna Sabaté, coordinadora de Creu Roja en la Provincia de Tarragona, la situación de las familias a las que atiende la entidad en sus programas contra la pobreza.

De hecho, el año pasado fue el primero desde el inicio de la crisis en el que el número de personas atendidas bajó ligeramente (un 5,3% menos que en 2013), pero la cifra sigue siendo «demasiado elevada», explica Sabaté. En total atendieron por pobreza a 28.165 personas en la demarcación, una cifra muy lejana de los 8.000 que llegaban buscando ayuda en el año 2008, según los datos de la memoria de la entidad en la provincia.

Aclara que las familias que necesitan apoyo requieren cada vez de más ayudas; ya no basta con solucionar el tema básico de la alimentación, sino que necesitan ayudas para el comedor escolar de sus hijos, la ropa para ir a la escuela o para pagar los servicios... Además, su situación se ha cronificado, es decir, llevan más de cinco años padeciendo los efectos de la crisis.

Un techo, que no un hogar

El perfil de las personas que necesitan ayuda es de lo más variado, pero en general abundan los hogares monoparentales, las familias con niños pequeños e, incluso, los trabajadores pobres, esos que trabajan unas pocas horas al mes y con sus menguados ingresos no pueden hacer frente a los gastos de sus hogares. Calculan que un 60% de las familias que buscan ayuda son autóctonas y un 40% son extranjeras.

Otro dato llamativo es que a la tradicional atención a las personas sin techo se ha venido a sumar la que dar a las personas que viven bajo un techo pero no cuentan con los servicios mínimos y acuden a la entidad a ducharse o a poner la lavadora.

Uno de los empeños de la entidad es preservar la dignidad de las personas atendidas, muy en particular la de los niños, por lo que ofrecen, por ejemplo, tarjetas prepago para material escolar y ropa deportiva (724 el año pasado) con las que pueden acudir a las tiendas como cualquier otra familia a comprar lo que necesitan. El año pasado también cubrieron las becas comedor y ayudas de alimentación de 95 niños y 30 alumnos de la ESO y atendieron a 114 estudiantes en programas de refuerzo escolar.

Además de las ayudas directas, la entidad también tiene un programa de ocupación en el cual participaron el año pasado 1.276 personas. De ellas, el 41% encontró un trabajo.

Otro colectivo prioritario para la entidad son las personas mayores. De hecho, antes del comienzo de la crisis era el grupo más numeroso entre los destinatarios de sus ayudas.

El año pasado 3.283 personas eran usuarias del servicio de teleasistencia domiciliaria y 1.694 recibieron los kits y ayudas de urgencia para mayores.

La solidaridad crece

Pero más allá de la pobreza, que ha centrado la atención de la entidad en los últimos años, la ONG atiende a distintos colectivos. De hecho, el año pasado 80.124 personas se beneficiaron de alguno de sus servicios en la demarcación, es decir, cerca del 10% del total de la población.

Tal como explica Xavier Ribera, secretario general de la entidad en Tarragona, la ONG contó el año pasado con unos ingresos de 9 millones de euros. El 46,22% proviene de la prestación de servicios, como los de playas o teleasistencia domiciliaria; el 35,97%, de ingresos propios, como las cuotas de los socios, y el 17,81% , por subvenciones, en particular del IRPF.

En este punto el director provincial de Creu Roja, Ramon Grau, quiso hacer especial énfasis en las aportaciones de los socios. Su número no sólo subió el año pasado hasta llegar a las 18.316 personas, sino que también aumentó el importe de sus cuotas, que pasó de ser de 68,87 euros de media a 81,5 euros. Pero si de algo está particularmente satisfecha la entidad, aseguró, es del número de voluntarios, que el año pasado eran 2.667 personas.

 

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