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'Cruising' en Cala Romana: «No nos molesta el sexo, sino que ensucien el bosque»

Los vecinos de Cala Romana y los bañistas de la playa de Els Capellans denuncian la práctica de ‘cruising’ en el entorno, porque se acumulan pañuelos sucios y preservativos usados

Carla Pomerol

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La presencia de preservativos usados es muy habitual en el lugar. Foto: Pere Ferré

La presencia de preservativos usados es muy habitual en el lugar. Foto: Pere Ferré

Preservativos Durex y pañuelos Kleenex. Esto es lo que uno se encuentra si decide dar un paseo por el bosque que envuelve la playa de Els Capellans, entre la Savinosa y la Llarga. Es el resultado de la práctica conocida como cruising, encuentros fortuitos entre homosexuales que mayoritariamente no se conocen.

Los vecinos de Cala Romana, la urbanización más próxima al lugar, y bañistas de la playa de Els Capellans coinciden en asegurar que el bosque está sucio y que es imposible pasear por allí. «Queremos dejar claro que nosotros no tenemos nada en contra del colectivo gay. Solo defendemos que el espacio público debe ser para el disfrute de todos, no solamente de una minoría», explica Pau Brull, quien estuvo durante muchos años al frente de la Associació de Veïns de Cala Romana.

Luis y su mujer acudían ayer por primera vez a la playa de Els Capellans. Antes de plantar la sombrilla, dieron una vuelta por el bosque. «No entiendo qué está pasando. ¿Por qué esta todo lleno de pañuelos y de preservativos? ¿Pero esto no lo limpia nadie? ¿Y dónde están los que ensucian?». Eran algunas de las preguntas de Luis, quien perplejo por la situación decidió cambiar de playa e irse a la Llarga.

El cruising se practica desde hace muchos años. Por norma general, los hombres se concentran en el lugar a partir de la tarde y noche, ocupando la mayor parte de los aparcamientos de la playa. Desde hace unos años, la Guàrdia Urbana vigila la zona y, como mucho, interrumpe a las parejas. Los agentes no pueden sancionar porque ninguna ley prohibe mantener relaciones sexuales en los espacios públicos.

Prohibido aparcar

Hace unos años, y tras largos episodios de reivindicación vecinal, el Ayuntamiento optó por instalar un cartel en la zona de aparcamiento que prohibía estacionar el vehículo de ocho de la tarde a ocho de la mañana. «Pero la Guàrdia Urbana no lo sabía y nunca se llegó a multar a nadie», explica Brull, quien explica que ésta podría haber sido una buena manera de erradicar el cruising.

Los vecinos son contrarios a esta práctica porque aseguran que el bosque se llena de suciedad. «No es agradable ir andando y que tu hijo de nueve años tenga que esquivar preservativos usados», explica Anna Marín, una vecina de Boscos de Tarragona, quien añade que «si los encuentros sexuales fueran entre hombres y mujeres, opinaría exactamente lo mismo».

Imagen de uno de los rincones más solicitados para los encuentros fortuitos entre hombres. Foto: Pere Ferré

«Nos sentimos perseguidos»

Toni, de 34 años, practica cruising en el bosque de la playa de Els Capellans desde hace seis años. «Es un sitio de encuentro con amistades y, a veces, practicamos sexo. No siempre. Nosotros hacemos nuestra vida y no molestamos a nadie», asegura Toni, quien reclama alguna papelera por la zona «y así no ensuciaremos tanto el bosque».

Por su parte, el Ayuntamiento de Tarragona explica que limpia la zona de manera puntual. Toni denuncia la persecución que recibe el colectivo por parte de la Guàrdia Urbana.

Miguel Ángel, bañista de la playa, asegura que «a mí no me molesta que practiquen sexo, lo que no me gusta es que ensucien el espacio público, que todos tenemos derecho a disfrutar. No solamente ellos».

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