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¿Cuál es el secreto para llegar a los 100 años?

Las personas centenarias se duplican en tan solo una década en Tarragona. Ahora ya son 239. Un 70% de catalanes no se ha planteado nunca la posibilidad de alcanzar el siglo de vida

Xavier Fernández José

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Modesta, en su casa. Tiene 3 hijas, 9 nietos y 9 bisnietos. Foto: Fabián Acidres

Modesta, en su casa. Tiene 3 hijas, 9 nietos y 9 bisnietos. Foto: Fabián Acidres

Whatsappear con tu smartphone. Ver tu serie favorita en una televisión ‘inteligente’. Sacar un refresco o una cerveza helada de la nevera. Colocar la ropa en la lavadora y luego en la secadora. O planificar tus vacaciones soñadas vía Internet en el ordenador de casa. Son acciones tan habituales que parece que han existido desde el principio de los tiempos. Pero no. Personas como Modesta han asistido atónitas al nacimiento de inventos tan básicos como la tele, la nevera, la lavadora, el lavaplatos o incluso la fregona.

Modesta Osorio acaba de sumarse hace apenas una semana a la nómina de centenarios de Tarragona. Nació el 29 de mayo de 1919 en Arquide, una pequeña aldea de Lugo. Llegó a Tarragona 25 años después, en 1944, cuando a su esposo, Rogelio, le trasladaron a Tarragona. Rogelio pertenecía a los Carabineros, un cuerpo armado español creado en 1829, pero que en 1940 tras la Guerra Civil fue integrado en la Guardia Civil.

Como Modesta hay otros dos centenares de personas con más de un siglo de vida. Según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), a 1 de enero de este mismo año había en Tarragona 239 personas (194 mujeres y 45 hombres) de más de cien años de edad.

Hace cinco años, en 2014, eran 184. Y en 2009, 121. Es decir, que en un quinquenio las personas centenarias han aumentado un 29,89% y en una década casi se han duplicado. Hace veinte años, ‘solo’ eran 63, es decir, un 73,64% menos. El aumento se debe a las mejores condiciones de vida y los avances sanitarios que favorecen la esperanza de vida. 

Modesta apenas oye, pero fue capaz de vencer un cáncer de colon hace quince años y superó con paciencia la rotura de un fémur en 2013 y la de una cadera hace cuatro años. Ahora «no le falta su cortadito a las 7 de la mañana, luego desayuna un bocadillo, un zumo y un tazón de leche y come de todo... Me ayuda a pelar las patatas, a cortar las judías verdes, a doblar la ropa... lo que puede», explica con orgullo su hija, Tere.

Tres hijas, nueve nietos y nueve bisnietos son la descendencia de Modesta y Rogelio. El último en llegar a la familia, Adrià, nació hace un mes. Un regalo perfecto para celebrar el siglo de vida de Modesta. Rogelio falleció en 1971. Modesta ha vivido todos estos años con su hija Tere.

Cuando Modesta llegó a Tarragona, se fue a vivir a la Part Alta. Aún recuerda como iba al río Francolí a lavar la ropa. Ya tenía ‘experiencia’ en su Galicia natal. Recorría el largo trecho desde la zona de la catedral al río con el hatillo de ropa sobre la cabeza. Eran tiempos en que el Francolí no solo llevaba más agua sino que también estaba limpio. Pero el camino era agotador. De ahí que uno de sus inventos preferidos sea la lavadora, pero aún lo es más la fregona. Hasta 1964, había que fregar el suelo de rodillas. 

La vida de Modesta fue dura, pero al menos no sufrió las secuelas de la Guerra Civil. La aldea en la que vivía queda aislada entre montañas, aparte de que Galicia cayó en manos de los sublevados por lo que no fue zona de combate. Eso sí, Modesta recuerda que «las mujeres teníamos que ir al campo y al volver a casa, hacer las tareas domésticas».

En la memoria de Modesta, aún está fresco el día en que vio como un Zeppelin sobrevolaba el pueblo. El Zeppelin es un dirigible que estuvo de moda especialmente en la década de los años 30, hasta el incendio del Hindenburg, en el que murieron 36 personas.

También recuerda la primera vez que votó. Fue en plena dictadura, el 6 de julio de 1947. Franco sometió a referéndum la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, que convertía a España en un Reino y establecía que el dictador escogería a dedo al Rey. Así sucedió con Juan Carlos I.

El envejecimiento es uno de los grandes retos de la sociedad. Según el Idescat, en la actualidad la población de entre 65 y 79 años de edad es el 12,7% del total de Catalunya y la de 80 o más, el 6,1%. En el año 2030, los porcentajes aumentarán al 15,2% y 7,1% respectivamente. 

En Tarragona, la población con más de 65 años, alcanzará el 23,33% del total en 2030, pero con importantes diferencias por comarcas. La que tendrá menos mayores será el Tarragonès, con un 20,7%, y la que más, la Terra Alta, con un 32%. 

La diferencia se explica, por un lado, por la inmigración, que paliará aunque sea mínimamente el envejecimiento en las zonas más dinámicas económicamente. Y, por otro lado, por la despoblación. Los jóvenes se van de las comarcas con economías más precarias, que se quedan con los habitantes de mayor edad.

Según el estudio ‘Perfiles y estilos de vida ante la jubilación’, promovido por Caser, una empresa de seguros, el 70% de los catalanes nunca ha pensado en que puede llegar a vivir 100 años. La cifra crece ligeramente al 72% si se trata de la media estatal y cae al 67% en otros lugares como, por ejemplo, Madrid.

Si alguien se lo ha planteado o empieza a planteárselo, ¿cuál es el secreto para superar el siglo de vida? Modesta lo tiene claro. Es «tomarte la vida como venga». 

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