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Cuando Tarragona es Berlín o Nepal

La ciudad se transforma en otras localidades o países para la grabación de anuncios publicitarios, películas o videoclips. A veces da el pego y otras tira de atrezo

Javier Díaz

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El auditorio del Palau  de Congresos simula uno berlinés en ‘Sonata para Violonchelo’.

El auditorio del Palau de Congresos simula uno berlinés en ‘Sonata para Violonchelo’.

La televisión engaña (a veces). Lo que parece un destartalado aeropuerto de Nepal es en realidad el comedor del Complex Educatiu  (antigua Laboral) de Tarragona. Un poco de atrezo y listo. La prueba se puede ver en un anuncio publicitario de la marca británica de chocolates Cadbury.

Este centro educativo, por cierto, también se hace pasar en otras producciones por un edificio del Berlín Este o una base militar. «Es la magia del audiovisual», dice Txell Roig, responsable de la Tarragona Film Office, ente que facilita localizaciones para rodajes en la ciudad.

Tarragona no siempre es Tarragona. Va a demanda del productor de turno. Si tiene que convertirse en Nueva York, lo hace aunque no tenga grandes avenidas. La ciudad fue candidata a simular una calle neoyorquina Rambla Nova, a la altura de la tienda de ropa Cortefiel, para una fotografía publicitaria de la firma automovilística Mini.

Los rincones con aire italiano son de los más pedidos. El casco antiguo bien podría ser el de una ciudad transalpina. Dolce & Gabbana eligió el anfiteatro para transportar al espectador a Roma en una de sus millonarias campañas para anunciar una fragancia.

Anuncio de Kia en la calle Granada para promocionar la Eurocopa de fútbol de 2016.
 

El Balcó del Mediterrani, tan tarraconense, cuela como lugar de París. Igual que la calle Pau Casals con el imponente edificio de la Cambra de Comerç de fondo: ese fue el sitio escogido por Mercedes Benz para fotografiar uno de sus coches.

La compañía francesa de telefonía móvil Bouygues Telecom hasta ‘incendió’ la antigua comisaría de la Guardia Civil  en una secuencia de un anuncio. Se decantó por ese edificio por la arquitectura de su fachada.

La Tarragona Film Office suele tratar con productoras españolas, la mayoría con sede en Barcelona, que hacen de puente con las compañías extranjeras que encargan los proyectos.

«Nos suelen pasar fotografías de otras ciudades o países para que busquemos en Tarragona lugares que se asemejen o, a veces, simplemente nos describen lo que quieren y tenemos que echarle imaginación», dice Roig, cuyo conocimiento de la ciudad es prácticamente exhaustivo.

«Hay ocasiones en las que podemos encontrar similitudes entre nuestros escenarios y la demanda que nos hacen, pero otras veces es muy complicado o hasta imposible».

A simple vista, comenta, «la Baixada de la Misericòrdia pasa perfectamente por Lisboa». Simular una ciudad de Europa del Este es más difícil.

Videoclip de la cantante británica Shura rodado en el Complex Educatiu.

Eso es lo que la marca automovilística Kia planteó para promocionar la Eurocopa de fútbol de 2016, de la que era patrocinador. El spot se grabó en la Part Alta, en la calle Granada, donde unos niños juegan con un balón con ropa tendida en los balcones de las casas como atrezo.

Calas australianas

Tarragona también es Berlín en la película Sonata para violonchelo, de la directora tarraconense Anna Bofarull. Hay escenas en el auditorio del Palau Firal i de Congressos, cuyo estilo arquitectónico encaja, y en el Hotel SB Ciutat de Tarragona, donde las vistas desde la ventana de una habitación se utilizan como si fueran de la capital alemana. 

Más exóticos son los casos en los que el litoral ha pasado por calas australianas o playas californianas. En un instituto estadounidense está localizado el videoclip de la cantante británica Shura, filmado en el Complex Educatiu.

Estos ejemplos son una parte del book de Tarragona, que en 2017 protagonizó 115 producciones audiovisuales. Es la cuarta localidad catalana en este ranking, superada solo por Barcelona, L’Hospitalet de Llobregat y el Prat de Llobregat. Y eso que juega con desventaja, ya que los rodajes en poblaciones a más de 45 minutos de Barcelona (donde se concentra el grueso del sector) son «más caros por el coste del transporte, las dietas y el alojamiento de los profesionales», dice el gerente del Patronat Municipal de Turisme, Ángel Arenas.

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