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"Cuando hablo de esto una punzada me debilita"

"El tiempo no lo cura todo. Está grabado. Yo tenía 21 años cuando mataron a mi padre", explica Roser Anguera hija de un asesinado por ETA

Raúl Cosano

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Roser es hija de Arturo Anguera, comandante de Tortosa asesinado en 1992. Ella tenía 21 años. Foto: DT

Roser es hija de Arturo Anguera, comandante de Tortosa asesinado en 1992. Ella tenía 21 años. Foto: DT

Viene de: Las víctimas de ETA en Tarragona: "El desarme debería haberse producido hace mucho tiempo"

La tortosina Roser Anguera tenía 21 años cuando su padre, el comandante Arturo Anguera Vallés, fue asesinado por ETA. Él, natural de Tortosa, de 50 años y padre de tres hijos, fue la primera víctima de 1992. Fue el 8 de enero. Dos individuos tirotearon el vehículo militar en el que iba Artur cuando circulaba por el barrio barcelonés del Poble Sec.

Arturo era el máximo responsable del sector militar aéreo del aeropuerto de Barcelona. Con él viajaban el teniente Luis Javier Bellota, alcanzado en las piernas por los proyectiles, y el soldado Jaime Amposta, conductor del vehículo, herido de gravedad en el tórax y el abdomen.

En este tiempo Roser no ha podido olvidar, y cada noticia sobre la banda terrorista en los medios, algo habitual estos días, le asalta y le hace un nudo:«Cada vez que escucho alguna noticia relacionada con terrorismo, alrededor del mundo, siempre se me encoge el corazón. De pronto noto una punzada que me debilita unas décimas de segundo. Con anuncios de este tipo la sensación es la misma».

‘Una buena noticia’

Roser cree que el anuncio de la entrega de armas «es una muy buena noticia», aunque para ella llega tarde:«Debería haberse producido ya hace mucho tiempo». También hay algo de paz o confort en esa mezcla rara de sensaciones, que a veces se juntan con la rabia y la impotencia: «De entrada siento una cierta tranquilidad y pienso que ya era hora de que se dieran cuenta de que esta vía de asesinar personas de manera cobarde por la espalda, de poner coches bomba y de sembrar el terror ni va a ningún sitio ni les permitirá conseguir el fin político que quieren».

Roser matiza, porque cree que para los terroristas a estas alturas era la única solución viable: «También pienso que han entrado en una vía muerta, que estan solos, que están desorganizados y que no han encontro ninguna salida más que el desarme». Roser, como muchas otras víctimas, prefiere no hacer memoria. «Es imposible borrar lo pasó, simplemente... no quiero recordar. Se tiene que continuar viviendo cada día». La herida, en parte, sigue abierta, aunque hayan pasado 25 años, aunque Roser, por entonces una adolescente, haya crecido y se haya hecho una mujer: «El tiempo no me ha cambiado la percepción de los hechos. Está grabado. Yo tenía 21 años cuando mi padre fue asesinado y eso me marcó un antes y un después en mi vida. El tiempo no lo cura todo. Simplemente aprendes a vivir con este hecho, porque hay que seguir viviendo».

Funeral multitudinario

Artur estaba casado con Roser Blanch y tenía tres hijas. Roser Anguera era la mayor. Blanca (18) y Eliana (16) acababan de configurar una familia desde entonces rota por el dolor que ha sabido, no quedaba otra, seguir adelante a pesar de su ausencia. Anguera fue la víctima mortal número 43 de las más de 50 asesinadas por ETA en Catalunya.

A su funeral en la catedral de Tortosa asistieron más de tres mil personas. Fue enterrado en la misma capital del Baix Ebre, donde una calle lleva su nombre.

Por el asesinato del comandante Anguera fueron juzgados y condenados los etarras Fernando Díez Torres, en 1995, y Urrusolo Sistiaga, en 2002.

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