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Cuando los ciclistas se apoderan de la urbe

Bicicletada Popular. Casi 3.000 personas participaron en la 29 edición de la fiesta de los pedales, que recorrió desde el mar hasta Bonavista

Àngel Juanpere

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Momento de la salida en la avenida Ramón y Cajl de los centenares de participantes del circuito popular.  FOTO: Pere Ferré

Momento de la salida en la avenida Ramón y Cajl de los centenares de participantes del circuito popular. FOTO: Pere Ferré

Si los domingos las calles de Tarragona suelen ser para los peatones, para pasear, ayer, al menos por unas horas, los ciclistas fueron los protagonistas de la jornada dominical. La 29 edición de la Bicicletada Popular –que este año venía marcada por cambios y novedades– se benefició realmente de un día primaveral –casi de los meses de verano– y los tarraconenses respondieron masivamente a esta convocatoria, que en la presente edición llegó casi a los 3.000 inscritos. 

La cifra de los participantes fue «óptima», aseguraba al Diari un miembro de la organización. Sin embargo, añadía que podrían haber sido muchos más porque, según comentó, muchas personas se habían excusado aduciendo que este mismo domingo había numerosos actos en la zona de Tarragona, desde Tàrraco Viva hasta Fun Run de PortAventura. Y ello rebajó la afluencia. Sin embargo, desde la organización se apuntaba que la cifra máxima que pueden asumir de participantes son 3.500.
Desde mucho antes de las diez de la mañana, hora prevista para la salida, los tarraconenses se comenzaron a congregar en el punto de partida, que este año estaba en la avenida Ramón y Cajal. Gente de todas las edades, la mayoría en bicicleta –de todo tipo– dispuestos a afrontar uno de los dos circuitos de la bicicletada. Algunos prefirieron calzarse los patines en línea y otros, sus patinetes. Todo servía para participar en una fiesta que se ha convertido en popular. 

En la salida del circuito infantil, los más pequeños necesitaron un empujón ya que estaban en plena subida. FOTO: Pere Ferré

A las diez en punto, el alcalde Josep Fèlix Ballesteros –este año no abría la carrera a bordo de un descapotable– daba el pistoletazo de salida. Era el momento para que los centenares de ciclistas enfilaran hacia el Polígon Francolí rumbo a Bonavista. Alguno, a  última hora, tuvo que retrasar su salida por problemas técnicos y echar mano del inflador de ruedas para subsanar el problema. 

La salida de los participantes –alguno con cámara incorporada al casco para tener un recuerdo de este día–  se prolongó durante más de siete minutos. Sin embargo después, mientras ya se preparaba el circuito infantil, todavía había algunos que se habían despertado tarde y que intentaban alcanzar al grupo 17 minutos después de darse la salida. 

Arranque con falta de fuerza

El arranque del circuito infantil fue más complicado para algunos de los pequeños participantes, que tuvieron que recibir la ayuda de sus padres e incluso del propio Ballesteros para coger algo de carrerilla para aguantarse en la bicicleta. Y es que la salida estaba en plena subida desde el lateral de la avenida Vidal i Barraquer hacia Ramón y Cajal.

Para participar en la bicicletada se aceptadas toda clase de vehículos a pedales o sobre patines. FOTO: Pere Ferré

No habían pasado ni veinte minutos de la salida cuando los participantes del circuito infantil ya entraban con mucha fuerza en el Parc de la Ciutat, que este año se ha convertido en el punto de llegada de los ciclistas. La entrada a este parque se hacía entre gritos de ánimo: «Molt bé, carinyo (....) Molt bé a tots, ja arribeu».

Una vez en el centro se les indicaba que desmontaran de la bicicleta y pasaran a recoger su bolsa de avituallamiento, algunas de las cuales –40– llevaban un premio incorporado. En esta edición, todo los participantes recibían un bidón de ciclista.
A los hinchables

Después de reponer algo de fuerzas, los más pequeños se lanzaban directamente a la zona de hinchables, otra de las novedades de la presente edición, que incorporaba la Festa de la Bicicleta, un espacio de ocio y también de servicios. Los participantes, además de poder dejar sus bicicletas en un párking o de arreglarlas en un taller, también podrían disfrutar de un circuito montado por la Guàrdia Urbana, de un Scalextric que funcionaba si había alguien pedaleando o art bike. Tiendas especializadas en temas ciclistas también estaban presentes con sus estands, al igual que los clubs ciclistas. 

Algunos de los participantes a su paso por la plaza de la Unesco. FOTO: Pere Ferré

Desde la organización se valoraban positivamente los cambios, como el incremento de 1.700 metros del circuito popular hasta alcanzar los 17 kilómetros. «Los participantes estaban satisfechos porque es una ruta llana», donde destacaba la subida por el Passeig Torroja. Asimismo, el hecho de que ambos circuitos tuvieran confluencia permitió que algunos que querían hacer el largo y no se veían con fuerzas, se pasaran al pequeño.

Por otra parte, también se hacía un balance positivo de la llegada al Parc de la Ciutat, que evitó los tapones que se formaban habitualmente los otros años en la línea de llegada. La organización sí cambiará el próximo año la salida del circuito infantil. La pondrá un poco más abajo, en una zona llana, para que puedan ganar velocidad para encarrilar la subida hacia Ramón y Cajal. Y el próximo año, la Festa de la Bicicleta contará con muchas más cosas.

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