Cuanto más jóvenes, menos luces

La iluminación navideña causa una grieta generacional: los adultos prefieren seguir la tradición mientras los jóvenes optan por el ahorro

VICTOR VALLE LAVADO

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La mayoría de encuestados apuestan por encender las luces pocos días antes de Navidad. FOTO: P. FERRÉ

La mayoría de encuestados apuestan por encender las luces pocos días antes de Navidad. FOTO: P. FERRÉ

Afalta de un mes escaso para las fiestas navideñas, ya pueden oírse ecos del futuro próximo: los supermercados venden turrón y polvorones desde hace ya días, en el trabajo se nos insta a participar en la compra de lotería, apelando al miedo irracional de ser el único en la oficina que no se ha llevado un pellizco, las luces de Navidad ya están encendidas... y se oyen ya las acaloradas discusiones de sobremesa, tan típicas de estas fechas.

A la lista de temas de debate habituales se han sumado, recientemente, unos cuantos más. La vacuna de la Covid-19 sigue siendo uno de los más populares y, como novedad de este año, se introduce con fuerza la crisis energética. Una subida del coste eléctrico y amenazas de apagones generalizados en el horizonte deberían haber unificado las posturas de padres, hijos y cuñados en contra de las eléctricas y gobiernos de turno. Sin embargo, inesperadamente, han servido para polarizar las opiniones de jóvenes y no tan jóvenes en torno a una pregunta: ¿Son necesarias las luces de Navidad con la que está cayendo?

En una encuesta realizada por el Diari de Tarragona nos hemos propuesto averiguar precisamente eso, y las respuestas de los ciudadanos y ciudadanas tarraconenses lo deja claro: pese a que una amplia mayoría de los encuestados se muestra preocupada por la escasez energética y las subidas de precios, los jóvenes son los únicos que prefieren prescindir del alumbrado navideño como forma de mitigar el derroche de energía. «Estoy de prácticas, y un compañero me ha dicho que me compre una linterna, que él ya tiene la suya», nos dice Adrià al preguntarle por los rumores de apagones generalizados. «Las luces de Navidad quedan bonitas, pero no hace falta». Sarah lo expresaba con un poco más de dureza: «Es un gasto innecesario», nos dice. «España tiene un umbral de pobreza bastante preocupante, y sería más útil que ese dinero se invirtiese en ayudas sociales. Las costumbres, si tienen un impacto negativo, deben cambiarse».

Los adultos, más tradicionales

En los adultos, sin embargo, encontramos la opinión contraria. Si bien la preocupación por la subida de las facturas se mantiene, las personas de mediana edad ven con mejores ojos la presencia de las luces en la ciudad y relativizan el impacto negativo de las mismas. «Es bonito, y sobre todo despues de la Covid hace falta», opina Sonia, empleada en la cafetería de la estació de autobuses. «Que las enciendan, si tiene que haber un apagón lo habrá igualmente». Vanesa, mientras trabaja en una juguetería de Rambla Nova, comenta algo parecido: «Que ahorren por otro lado».

El debate, pese a haber vuelto a entrar en vigencia este año, ya causó polémica en 2019, año en el que pudimos ver un aumento de la inversión en alumbrado, especialmente llamativo en el caso de Vigo, que destinó cerca de un millón de euros (casi lo mismo que Barcelona) a alumbrar las calles de su ciudad. Con ello se pretendía estimular el turismo y las compras navideñas, cosa que se consiguió, aseguraba el alcalde. No obstante, los comerciantes de Tarragona consultados no se muestran de acuerdo. «No se nota mucho», comenta Vanesa. «Además, coincide con el Black Friday, y una no sabe a cuál de las dos cosas agradecerle». Desde su tienda de ropa de deporte, Jordi ofrece una lectura parecida: «Me preocupa más el Black Friday, y la gente sale igual. Yo ni las pondría». También comenta que en la calle de su establecimiento han puesto solamente un adorno luminoso en cada punto, y eso tampoco atrae a demasiados clientes.

En el mercadillo de plaza Corsini también mencionan las diferencias entre las zonas con más puntos de luz y las que tienen menos. «Se lo llevan todo los de la Rambla», se queja Manuel, platero propietario de un puesto junto al mercado, y nos dice que la única ventaja que ve en el alumbrado es la propia iluminación, más que por su función decorativa. «Si tengo la luz encima la gente puede venir hasta más tarde, pero no mucho más», comenta.

El asunto de las luces navideñas sí tiene un aspecto que hace coincidir a todos los encuestados, y es el de las fechas y franjas horarias en el que deberían estar encendidas. Todas las personas a preguntadas se muestran de acuerdo en hallar un término medio y reducir el tiempo que las luces pasan encendidas: mencionan la posibilidad de encender la decoración unos días antes de Navidad en lugar de a finales de noviembre, y apagarlas cada día después de medianoche, cuando los comercios ya están cerrados y hay poca gente en la calle para disfrutar de la estampa navideña. Quizás así podremos tener una cena de Navidad tranquila.

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