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Dames i Vells: el humor al borde de la querella

Un concejal que quiso denunciar a Dames i Vells, dibujos vetados y quejas de la Iglesia. Así han sufrido los humoristas tarraconenses a los ofendidos

Raúl Cosano

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Una representación reciente de Dames i Vells, en las fiestas de Santa Tecla.  Foto: Pere Ferré

Una representación reciente de Dames i Vells, en las fiestas de Santa Tecla. Foto: Pere Ferré

Si existe un espectáculo genuinamente tarraconense y especialmente corrosivo es Dames i Vells, el imprescindible ‘ball parlat’ de Santa Tecla. La fórmula es conocida: carácter satírico, lenguaje cómico, alusiones eróticas, gestos obscenos, palabras malsonantes y la crítica mordaz al poder.

Andan estos días los actores y guionistas cerrando los ‘versots’ de las representaciones, bajo una premisa muy concreta, como indica su director, Oriol Grau: «Estamos haciendo la revisión de los textos y precisamente vamos muy alerta con la autocensura. Con el panorama actual, es muy sencillo que el inconsciente ceda y evitemos poner algo que en realidad sí creemos conveniente. No podemos perder la identidad». 

Siempre se esfuerza Dames i Vells en explorar los límites del humor, en clave local y en un ambiente muy acotado: «Cada humorista tiene su límite del humor. El nuestro es el nuestro. Hay que tener claro que actuamos en un contexto de festa major, estamos en la calle, con una cierta tradición, donde la gente ya tiene una expectativa. Hicimos Dames i Vells en Barcelona y el efecto no era lo mismo». Oriol Grau critica el chiste de Rober Bodegas sobre el colectivo gitano: «Me pareció desacertado, una temática antigua, desfasada. Fue un error garrafal y no le defiendo». 

El poder teme a la risa
El cantante y actor tarraconense expone algunas de las ideas que deben vehicular su expresión del humor: «Yo tengo mis límites, pero son propios. Por un lado es bueno que haya actualmente más sensibilidad hacia colectivos, por ejemplo, que están en riesgo de marginación. Nosotros siempre nos reímos de alguien igual que nosotros o de más arriba, no de los inferiores. El poder siempre ha tenido miedo del humor, siempre lo ha intentado reprimir». 

Es ahí, bajo esa filosofía más o menos extrema, donde Dames i Vells pone el dedo en la llaga, convirtiéndose año tras año en el azote de los políticos locales, incomodando al poder, otro de esos cometidos que tiene el humor. Así lo cree también el cómico y cantante Paco Enlaluna: «El humor también es una ayuda para asumir una realidad que a veces no es positiva. Es una herramienta que te pone las cosas delante». 
Aun así, Dames i Vells se las ha tenido que ver con algún susto que no fue a mayores. «Recuerdo que tuvimos una amenaza de querella criminal por un ‘versot’ sobre un concejal del ayuntamiento de Tarragona. Afortunadamente, se quedó en eso y no fue a más. Supongo que alguien le aconsejaría al político que no era buena idea o quizás recapacitaría y cambió al final de opinión». 

Grau menciona también, en todo este universo, el 'animus iocandi', una herramienta jurídica que sirve para definir la intención jocosa del humorista en un determinado chiste o sketch: «Es una figura que nos protege. En cualquier caso, el límite del humor también lo marca ese campo. Si alguien considera que el cómico se ha pasado, puede ir a la justicia». 

Grau recuerda un episodio sobre esta cuestión que vivió cuando dirigía la serie 'Plats bruts', en TV-3. «Me llamaron al despacho y me dijeron que el Arquebisbat de Barcelona se había quejado por una escena en la que un personaje, Emma, que en su vida no tenía ningún referente, por Navidad defiende que Jesús era como Superman, como una especie de superhéroe. Aquello ofendió y nos dieron un toque de atención». 

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