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'De Masterchef a Sálvame'

Crónica. Los concejales vivieron ayer en el pleno debates intensos, sobretodo aquellos relacionados, de una manera u otra, con la política catalana

Carla Pomerol

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La de ayer fue la última sesión plenaria antes de la celebración de los Juegos Mediterráneos. FOTO: Pere Ferré

La de ayer fue la última sesión plenaria antes de la celebración de los Juegos Mediterráneos. FOTO: Pere Ferré

Todo apuntaba que el pleno de ayer sería tranquilo. La mayoría de mociones presentadas por los grupos municipales hablaban de Tarragona, cosa rara en los últimos meses, cuando la compleja situación política en Catalunya  ha marcado el ritmo de los plenos. Solamente había opción a dos debates ideológicos. El primero, propuesto por la CUP, sobre la violencia e impunidad policial y, el segundo, impulsado por Ciutadans, sobre la neutralidad institucional. Fueron suficientes para convertir el salón de plenos en el set de rodaje del programa televisivo Sálvame. La discusión, subida de tono, estaba servida.

El pleno aprobó declarar de interés municipal los usos de espacio público que la productora Shine Iberia SL utilizó para grabar un capítulo de Masterchef Celebrity, un concurso televisivo de cocina de máxima audiencia, que se emite por Televisión Española.  En resumidas cuentas, aprobar este punto del orden del día implicaba que ni esta productora, ni ninguna otra, deberá pagar por enregistrar imágenes en la playa de Tamarit y el Amfiteatre Romà. El equipo de gobierno (PSC y PP), con el apoyo de Cs y ERC, secundaron la propuesta, mientras que la CUP e ICV-EUiA votaron en contra y el PDeCAT se abstuvo. 

El alcalde de la ciudad, Josep Fèlix Ballesteros, aseguró el impacto «brutal» que supone una promoción de estas características para la ciudad, mientras que la concejal de Turisme, Inma Rodríguez, cifraba entre «190 y 270 mil euros, lo que costaría a Tarragona salir 60 segundos en prime time en una televisión pública». No convencieron ni a la CUP ni a ICV-EUiA, a quienes les pareció extraño que se hiciera esta propuesta después de grabar el capítulo. 

Prats vs Floria

El ambiente se empezó a caldear con el debate de la moción que presentó Josep Maria Prats, de Units per Avançar (UpA), cuando defendió redactar un plan director del modernismo en la ciudad. «Comparto plenamente lo que propone, señor Prats. Seguramente cuando usted era concejal no tuvo tiempo de iniciar el expediente», respondió la actual concejal de Cultura, Begoña Floria. Y es que cabe recordar que Prats formaba parte del equipo de gobierno y se encargaba de esta área hasta el 1 de octubre, cuando dimitió. «Desde el mes de diciembre hasta ahora se han activado muchas cosas, como la remodelación del Teatre Metropol, las Jornades Jujolianes, entre otras», aseguró Floria. 

Y aquí empezó el debate sobre quién de los dos concejales ha hecho más. «Nosotros también nos dedicamos al modernismo. Dejamos presupuestadas las actuaciones del Metropol, y también el plan de bibliotecas, que espero que algún día se ejecute». Floria le respondió: «No sé qué le he hecho yo a usted, para que diga que desde que no está, no se ha hecho nada», y le recriminó que «usted dejó muchas cosas encaradas, pero pocos expedientes en marcha». Según la portavoz del gobierno, Prats no deja de presentar mociones que dejan entrever que no se está trabajando, y pide al concejal democristiano que «deje de bombardear la actual concejalía de Cultura». Por cierto, la moción no prosperó.

No hubo tregua. Pocos minutos después, la CUP presentaba una moción para condenar las agresiones violentas. «Ustedes solamente condenan una parte», aseguraba el portavoz de Cs, Rubén Viñuales, quien añadía que «nosotros también hemos sido víctimas de la violencia y nos han atacado las sedes. Es justamente por esto que nuestra sede en Tarragona está en un piso y no tenemos ningún cartel». Empezó entonces una batería de argumentos entre las diferentes formaciones para ver quién ha recibido más violencia. El momento más tenso llegó cuando la portavoz de la CUP, Laia Estrada, acusó de «pirómanos» a Ciutadans. Ballesteros pidió a Estrada que retirara el mote, pero la líder cupaire aseguró que «es una metáfora». La moción tampoco prosperó.

Lazos sí, lazos no

Ciutadan se encargó de poner la guinda al pastel. Cuando ya parecía llegar la calma, la formación naranja presentó una moción sobre «el respeto y la neutralidad institucional en los edificios públicos, en los espacios públicos y en el mobiliario urbano». Los concejales de Ciutadans mostraron imágenes sobre pintadas de lazos amarillos en espacios públicos, mientras su portavoz pedía retirar cualquier pancarta o símbolo partidista de los edificios públicos, como por ejemplo, la estelada que cuelga en el balcón del despacho municipal de la CUP.

Arga Sentís, portavoz de ICV-EUiA, defendió que «las plazas son de todos y todos nos podemos expresar. Esto caracteriza la democracia». Dídac Nadal, portavoz del PDeCAT, participó en la discusión, asegurando que «se me hace duro defender la libertad de expresión en el año 2018». La última en intervenir fue la concejal de ERC, Mònica Alabart, quien plantó un lazo amarillo en el salón de plenos y protagonizó una fuerte discusión con el líder de la formación naranja. 

El alcalde Ballesteros interrumpió el sentido del pleno, se propuso poner punto y final a la discusión y tomó la palabra. «Se han estado a punto de abuchear», avisaba el alcalde, quien aconsejó «no ejercer el principio de acción, reacción, ya que nos puede conducir a consecuencias no reparables». Ballesteros aseguró que «los 27 concejales debemos ser los primeros en dar ejemplo de tolerancia y respeto. Debemos entender las diferencias». De esta manera, las discusiones, más propias del programa Sálvame que de un pleno, llegaron a su fin.

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