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De Tomás fulmina la justicia

Tres goles del delantero del Rayo Vallecano acaban con un CF Reus excelente, que es  mejor y debe ganar el partido en el segundo tiempo. El 2-1 de los locales nace de una falta inexistente

Marc Libiano

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De Tomás celebra uno de sus tres goles ante el CF Reus.

De Tomás celebra uno de sus tres goles ante el CF Reus.

Paseas por Vallecas y resulta imposible no acordate del “que te pego leche” de Ruiz Mateos, en tiempos del ‘Día Después’ en abierto, cuando el fútbol se consideraba más un arte romántico que   un simple producto de entertainment recaudatorio. En el estadio del Rayo nadie desea abandonar los orígenes, la fe del barrio, el arraigo familiar que mantiene o por lo menos intenta mantener el club. Es especial pisar Vallecas porque todavía recuerda al fútbol de domingo por la tarde, el de pipas, pacharán y carrusel en la radio. Se ha abandonado lo genuino por el postureo, por el exceso de gomina y la celebración prefabricada. En Vallecas huyen de lo artificial. En los bares todavía se bebe cerveza, con la camiseta y la bufanda a cuestas y ese orgullo de desafiar al sistema establecido. Ir contra las leyes del mercantilismo.

Por ese entrañable lugar, donde retumba la música de los SKA-P, asomó el Reus amenazado por espiral de un rival poderoso, lanzado hacia Primera, con un ramillete de méritos incuestionable. También con una nómina de futbolistas poderosa. Existe en el Rayo exceso de talento. No necesita demasiado para ganar los partidos, aunque en su ideario de comportamiento reluce la pasión por el ataque. Somete a los rivales sin piedad.

Conocía el Reus el trasfondo del partido, lo que se iba a encontrar en Vallecas. Fue muy prudente en la salida. Prefirió la atención al descaro, aunque el Rayo le exigió con asombro. Le fue a buscar en la salida del balón y le impidió progresar. Por lo menos en el suspiro inicial. En el refugio, el Reus se armó de paciencia. Creció con el consumo del tiempo. Fue maduro, cuerdo. Halló grietas para respirar en las piernas de Yoda y Miramón, los jefes de la banda derecha. Conquistaban a menudo tierra prometida pero no finalizaban sus aventuras con tino.

Tampoco Badia precisó de sus milagros para sujetar al Rayo. El juego era una partida de ajedrez, sólo hasta que una pérdida de Lekic alteró el clima.

Alternativas y goles

El serbio ofreció su cuerpo para el oxígeno en largo del Reus, guardó el balón y lo cedió atrás. Confundió a Olmo y Gus y la pelota cayó en los pies de De Tomás, un depredador que penaliza sin desmayo cada error. Ante Badia definió como un especialista del oficio. Primero levantó la frente, luego analizó y finalmente ejecutó. Ajustado al poste izquierdo, a la media hora de tarde.

De Tomás ha relanzado su carrera en Vallecas. Parece que juega al trote, que no se esfuerza, pero sus genes eligieron el gol como forma de vida. Lleva un puñado ya con el Rayo. Si recibe y chocas con él, andas perdido. En posición de remate huele cada rincón de la portería. Es preciso, concreto, le da igual intervenir poco. 

El Reus tardó un segundo en responder la efectividad de De Tomás. Cazó un tesoro de una estrategia. Sirvió Gus, prolongaron Yoda y Lekic y Olmo la acarició a la red en el segundo palo. Los hinchas todavía no habían terminado de celebrar el acierto de De Tomás. El Kaiser silenció Madrid con su olfato de delantero, imprevisto y sorprendente. 

En realidad, el partido se había desbocado. Soltaron las cadenas el Rayo y el Reus, que decidieron secuestrar la valentía. Compareció de nuevo Raúl De Tomás para inventarse una falta ya al borde del tentempié. El aroma de café en la cantina se desprendía. También la inquietud para acudir a las necesidades fisiológicas. Antes, el pequeño genio del Rayo engañó al colegiado. Fingió contacto con Juan Domínguez en una disputa y pidió auxilio. El juez le ayudó. Falta para relamerse, cerca de la cal. De Tomás la sirvió con una maestría deslumbrante. Le pegó a lo Folha Seca. La curva tomó dirección del cielo al infierno. Imposible para Supermán. Ahí murió un primer parcial fascinante. Con el Reus a regañadientes con el colegiado pero dispuesto a retomar el desafío.

Garai tomó determinaciones sin pestañear. Ingresó Campins por Menéndez. Miramón se acostó al carril izquierdo. No fue un problema para él. El aragonés dio una exhibición de cómo trabajar esa posición. El enésimo capítulo del curso. Sorprende su capacidad natural para elegir los momentos. Entiende el juego y cuándo debe incorporarse. Ahora mismo es un volcán. No solamente aparece, resulta definitivo en cada una de sus llegadas. El cambio de perfil no modificó su apetito. Se lo reforzó.

Jorge igualó el partido en una maniobra majestuosa. Yoda cabalgaba por la derecha y vio como su socio le levantaba el brazo para pedírsela en la otra orilla. Allí viajó la pelota puntual. Miramón controló y despegó, con esa tren inferior abrumador. Amagó hasta el infinito para perfilarse de diestra, a la misma vez que sorteaba rivales. Impactó la pelota con el alma, ya en la frontal. La puso en el ángulo. El 2-2 consolidaba el partido del Reus. Su propuesta. Hacía inmenso a Jorge Miramón.

El impulso del Reus le llevó a gobernar con autoridad el partido, pero su ternura le condenó. Dos remates demostraron la jerarquía rojinegra. Los dos en boca de gol. No acertaron ni Juan Domínguez ni Lekic y el desenlace se abrazó a Raúl De Tomás. El delantero no entiende de leyes ni normas. Empujó una pelota muerta tras disparo con veneno de Unai y fulminó la justicia y la resistencia del Reus.

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