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De Torreforta a Bonavista: "Parecía el apocalipsis", "Pasamos mucho miedo", "El cielo se puso naranja"...

La explosión atemorizó a los vecinos de los barrios de Ponent de Tarragona, que volvieron a echarse a la calle con miedo y confusión

JUANFRAN MORENO / RAÚL COSANO/
JAVIER DÍAZ / CARLA POMEROL

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Vecinos de Bonavista, con la llamarada de fondo. FOTO: cedida

Vecinos de Bonavista, con la llamarada de fondo. FOTO: cedida

Los barrios de Ponent volvieron a sumergirse en un caos absoluto. El fuerte estruendo de la explosión sorprendió a los vecinos de Bonavista, Campclar, Torreforta o La Granja, que se echaron a la calle a pie o en coche para alejarse lo máximo posible del foco de la llamarada y del fuerte olor a gas que se respiraba. Se repitió una situación similar a la vivida el pasado mes de julio tras el incendio en la empresa Miasa.

«El ruido ha sido fortísimo, mucho más que el de verano. Ha sido horrible. Parecía un terremoto», comentaba la dueña de un establecimiento de La Granja, que cerró una hora antes ante la confusión por lo que estaba pasando. «Los cristales de la tienda han empezado a vibrar y el escaparate se ha venido abajo», añadía mientras terminaba de recolocar los objetos caídos en el suelo.

Bonavista también sufrió los daños colaterales de la onda expansiva. Parte del techo de una tienda de muebles y electrodomésticos, situada a 400 metros del lugar del suceso, se vino abajo. «Hay una puerta fija de aluminio que ha reventado», explicaba su propietaria, Carmen Alcalà, que aseguraba que ya ha vivido cinco explosiones. «Hemos pasado mucho miedo, teníamos el fuego muy cerca. La fábrica estaba en llamas y estamos en la primera casa, en primera línea».

A Miguel Ángel la explosión le cogió trabajando en su taller de aluminio en la calle nueve de Bonavista. «Eran las seis y media cuando oí una explosión impresionante. Se escuchó ‘¡boom!’ y se iluminó todo el cielo de naranja. Se produjo como un chispazo en el taller. Vibró todo, parecía un terremoto. Me asusté muchísimo», relataba, aún con miedo, a duras penas reponiéndose del susto. «Pensaba que se había estampado un coche ahí al lado, salí a la calle y vi a todo el mundo corriendo desesperadamente, mirando las llamaradas que había al fondo y a todo el mundo muy preocupado», reconocía. También él asistió a una situación de desorden y desconcierto: «En esos primeros momentos había mucho tráfico de coches, mucha circulación y atascos». Miguel Ángel dejó de trabajar y se fue para casa.

En Campclar, una vecina, compungida, temía que «el suelo de mi casa se iba a abrir y se me iban a caer las paredes encima. Han temblado todas las ventanas. He pasado mucho miedo». «Estaba en el sofá de mi casa y la fuerza de la onda me ha levantado. He bajado a la calle para ver qué pasaba y parecía el apocalipsis: gente corriendo y gritando», apuntó otro joven.

Nada más producirse la explosión las entradas y salidas de Campclar presentaban un tráfico mucho más denso de lo habitual. La Rambla de Ponent era un reguero de coches. Conducir por el barrio se convertía en una tarea mucho más espesa de lo habitual. Los pitidos, los giros bruscos y los acelerones eran un elemento común entre los coches.

Confusión en las calles

Mientras las aceras se llenaron de gente asustada, expectante o que buscaba un sitio cercano para confinarse, ya fuera su casa o algún establecimiento. Otros corrían confusos ante las noticias que circulaban por las redes de que las partículas derivadas de la explosión podían ser tóxicas –luego se confirmó que no lo eran–. «Olía muy fuerte a gas, me picaba la garganta y me costaba respirar», decía un vecino que buscaba refugio, asustado. Las calles eran un mar de dudas y nervios, con la mirada puesta en la cortina de humo que se dibujaba a lo lejos dirección Bonavista.

«Ha sido horrible, hemos escuchado como si fuera un terremoto», explicaba una vecina en La Granja. Cada ciudadano de los barrios de Ponent tenía un testimonio. «Estábamos en casa y se han escuchado dos explosiones muy fuertes. Pensé en ese momento que no podía ser un petardo, que tenía que ser una explosión», cuenta Antonio, un vecino de Torreforta. «Me asomé a la terraza y vi todo el resplandor, y luego una gran columna de humo negro». «Estaba en casa y de repente he sentido cómo todo se movía, los cristales y los muebles, todo vibraba», decía otro vecino de Torreforta.

Molestos con la desinformación

Los vecinos lamentaban que vivimos en «un polvorín, cualquier día pasará algo más grave aún» y se quejaban de que, una vez más, las sirenas del Plaseqcat no habían sonado. «¿Para qué sirven las sirenas si no suenan, para tocarnos los huevos?», espetaba un hombre muy indignado que permanecía junto a su familia en la calle. «¿Hay que confinarse o no? Nadie nos informa».

También denunciaba la falta de información otra vecina de Bonavista: «Mucho rato después, ha pasado un agente de la Guàrdia Urbana, y con un megáfono, nos informaba de que nos metiéramos en casa por si acaso la nube era tóxica».

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